La leyenda de que las actrices tenían que acostarse con los grandes productores para conseguir que su carrera despuntara en Hollywood, parece que ha dejado ser un rumor para convertirse en una realidad.

La industria cinematográfica más poderosa del mundo ha estallado tras la denuncia de varias mujeres contra Harvey Weinstein, uno de los hombres más poderosos en Hollywood.

The New York Times llevó a cabo una ardua investigación que destapó que 8 mujeres habían llegado a un acuerdo monetario con Weinstein para que no denunciaran.

Se acusa al productor de llevar 30 años acosando a las mujeres y cuesta entender que en todo este tiempo nadie pusiera fin a estas actuaciones. Ni las mujeres que las sufrieron ni los hombres que lo encubrieron.

The New Yorker publicó después un reportaje en el que tres actrices denunciaban que habían sido violadas por él. Era sólo la punta del iceberg.

Porque saberse, se sabía. De hecho, un chascarrillo en la sitcom 30rock en uno de los diálogos de Tina Fey, llegaba a decir: “Oh, por favor, no le temo a nadie en el mundo del espectáculo. Rechacé tener relaciones con Harvey Weinstein y no menos de tres ocasiones…”.

Miedo y vergüenza son dos de las razones que llevaron al silencio a muchas de estas víctimas.

Ahora Hollywood está conmocionada con el escándalo y parece ser que nadie quiere callarse o, más bien, se ve obligado a posicionarse o justificarse. Aunque cabe preguntarse si no es demasiado tarde, lo cierto es que, no, mejor ahora que nunca. Y esperemos que sirva de ejemplo para que no se silencien estos comportamientos.

De momento, hay abiertas investigaciones en Estados Unidos e Inglaterra, Weinstein está en rehabilitación y su mujer, Georgina Chapman, le ha abandonado. “Se me rompe el corazón por todas las mujeres que han sufrido un dolor tremendo por estas acciones imperdonables. He decidido dejar a mi marido”, decía en un comunicado enviado a la revista People.


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