La increíble historia de cómo la música ‘indie’ asaltó la lista de LOS40 hace justo 20 años

En octubre de 1997, Dover se plantó en el número 1 con ‘Serenade’

La increíble historia de cómo la música ‘indie’ asaltó la lista de LOS40 hace justo 20 años

El 18 de octubre de 1997, precisamente el mismo día en que se inauguraba en Bilbao el Museo Guggenheim, otro importante hito se producía en este caso en la lista de LOS40: Dover llegaba al número uno con Serenade. Era la primera vez que lo lograba un grupo de indie rock español.

Imagina el vuelco: el número uno la semana anterior había sido Alejandro Sanz; hacía dos, The Backstreet Boys.

La conquista del primer puesto de LOS40 por parte de la banda madrileña hace 20 años avaló que algo estaba cambiando en la música española.

“Está mal que yo lo diga, pero mientras lo grabábamos teníamos la sensación de estar haciendo un disco buenísimo”, dice Amparo Llanos, guitarrista de Dover, que tras la disolución del grupo, a finales de 2016, ha formado New Day.

A pesar de ese buen feeling, nada hacía pensar que el segundo disco de Dover fuera a convertirse en un éxito comercial. Para empezar, grababan para una discográfica independiente, y de su primer disco (Sister, 1995) se habían vendido solo 700 copias.

A su alrededor tampoco reinaba el optimismo. “Todo el mundo nos decía a voces continuamente que cantando en inglés, con esos guitarrazos y con esa manera tan salvaje que tiene mi hermana [Cristina Llanos] de cantar, era imposible, jamás íbamos a vender discos”, recuerda Amparo Llanos.

Dover, en una imagen de sus inicios, con Amparo Llanos (con gafas de sol) y su hermana Cristina en primer término. / Carlos Carrión/Subterfuge Records

Serenade nació de una forma curiosa. “Mi hermana Cris tenía unas estrofas de Serenede y yo, una parte del tema Devil came to me”, explica Amparo. “En los ensayos intentamos hacer un híbrido con las dos estrofas, pero vimos que no funcionaba”. Al siguiente ensayo, Cristina Llanos apareció con Serenade terminada. “Cuando escuché el estribillo, me entró una especie de escalofrío”, dice Amparo. “Cuando la ensayamos por primera vez vimos que había quedado un single alucinante”. Al día siguiente, Amparo terminó por su cuenta Devil came to me, que sería otra de las canciones imprescindibles del disco.

Dover militaba por entonces en una compañía independiente, Subterfuge Records. Su director general, Carlos Galán, recuerda que, desde el principio, percibió que este disco tenía “algo especial”.

“Sabíamos que iba a sobrepasar las expectativas —dice—, pero sin duda luego nos sorprendió, como a todos. Fue increíble y muy emocionante”.

Amparo Llanos, durante un concierto de Dover en 2014. / GETTY

Subterfuge, que había nacido en 1989 como un fanzine underground, había publicado discos de bandas como Australian Blonde, Sexy Sadie, The Killer Barbies o Los Fresones Rebeldes; esenciales para entender la escena indie de los noventa, pero que no alcanzaron la notoriedad que lograría Dover en 1997.

Devil came to me (que contenía Serenade, además de otros éxitos como Loli Jackson o el que da título al álbum), poseía ingredientes que, de algún modo, hacían sospechar que podía llegar a un público más amplio.

“Guitarras para los más rockeros, melodías para los poperos y el inglés imperante en la escena independiente del momento”, enumera Carlos Galán. Dover evocaba mucho a Nirvana, que, aunque alternativo, había sido un grupo masivo (su recuerdo seguía fresco: Kurt Cobain se había suicidado en 1994). Además de actitud y compromiso, recuerda el jefe de Subterfuge, Dover “reunían lo que la gente estaba buscando y agarraron por el pescuezo a más de una generación”.

“La gente estaba pidiendo un cambio muy extremo, y no lo sabía nadie, ni la industria, ni los medios… Y de repente lo descubrimos todos de golpe y porrazo”, dice entre risas Amparo Llanos.

La última formación de Dover, en un acto de LOS40 en Madrid, en 2011. / GETTY

Cerca de 700.000 copias se han vendido a día de hoy del disco, según Carlos Galán (“entre ediciones propias, licencias, etc.”). “Aspirábamos a vender 7.000 u 8.000”, reconoce Amparo Llanos. “Jamás, jamás pensamos que llegaría a las cifras que alcanzó. Fue todo tan desproporcionado y brutal que no nos dio tiempo a adaptarnos a nuestro nuevo estatus de estrellas del rock”.

Obtuvo seis discos de platino, algo insólito para una banda de estas características. En los Premios Ondas de aquel año, Dover fue reconocido como Mejor Grupo Revelación.

Y, casi más importante, ayudó a que el rock alternativo dejara de verse como un fenómeno marginal, limitado a fanzines, sellos modestos, revistas especializadas y programas de radio minoritarios, y fuera aceptado como una pujante realidad por todo tipo de audiencias.

 


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