Si eres un amante de los tatuajes es imposible que no hayas oído hablar de Keith McCurdy, el creador de Bang Bang, un estudio de Nueva York por el que han pasado muchos famosos de todo el mundo.

Ya tiene su propio libro en el que recoge su más de una década dedicado a hacer tatuajes. Uno de los primeros fue a su amiga de adolescencia, Rihanna. Quería una frase en sánscrito en la pierna pero él la convenció de que quedaría mejor en la cadera. Fue el primero de varios.

Y es que si los famosos confían en él, además de por su talento, es porque sabe guiarlos y decidir cómo y dónde quedarán mejor sus obras. Le importa que queden bien, no lo que vayan a pagarle por él (aunque claro, eso lo dice ahora que debe de estar forrado).

Entre sus locuras está la de tatuar a Justin Bieber a bordo de un avión privado. Ir a República Dominicana para aumentar la colección en tinta de su amiga Rihanna. Tatuar a Cara Delevingne en un tejado de Nueva York o a Katy Perry nada más terminar su actuación en la Super Bowl.

Y si destaca por su amplia lista de clientes famosos, también debe ser el que más tatuajes se ha dejado hacer por esos mismos famosos que tienen talento para lo suyo pero son novatos en esto de tatuar.

No ha dudado en ceder la aguja a amigos como Adele, Tom Holland, Miley Cyrus o Kylie Jenner, entre muchos otros, que han ido llenando su cuerpo de curiosas creaciones que sí que pueden considerarse únicas.

Pero que conste que no todo en su arte es definitivo, también le van los tatuajes temporales. El espectacular colorido que lució Cara Delevingne en la MET gala fue obra suya.


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