Si flipaste con ‘Merlí’ (como Clara Lago y Dani Rovira) tienes que conocer a Josep Soler

Autor de ‘Dame reggaetón, Platón’

Si flipaste con ‘Merlí’ (como Clara Lago y Dani Rovira) tienes que conocer a Josep Soler

Muchos de los que hemos visto la serie Merlí hemos añorado no haber tenido en nuestra época de estudiantes un profesor que nos enseñara a pensar por nosotros mismos como lo hace él. De hecho, Clara Lago y Dani Rovira lamentaban lo mismo y lo expresaban en sus redes, no hace mucho, cuando terminaron de verla. Y es que la pasión que pone en su manera de enseñar no es lo habitual en el actual sistema educativo.

De ahí mi sorpresa cuando cayó en mis manos Dame reggaetón, Platón, el libro de Josep Soler, el ‘Merlí’ real que da clases en un instituto de Barcelona. Sí, su libro es de filosofía pero se lee con una facilidad y entusiasmo que genera ganas de hablar con él y eso es lo que hice.

Un profesor que se lleva a sus alumnos de viaje al desierto de Marruecos o a cenar a un restaurante de los sentidos… uno de esos profes enrollados, con vocación y capacidad para contagiar su entusiasmo a través de la enseñanza, irremediablemente, tiene muchas cosas que contar.

Hace nada he visto la serie Merlí y pensaba que era una pena que tener un profesor de filosofía como él fuera ficción pero luego cojo tu libro y veo que también existe en la realidad. ¿Has visto la serie?

Sí, claro. Me gustó como está planteada, las historias que explicaban, la dinámica de la clase… muy acertada. A veces la filosofía, depende de tu experiencia educativa, la puedes percibir como algo aburrido y esa serie enseñó la parte chula que tiene esta asignatura especialmente para los jóvenes.

Lo malo es que vemos esto como una excepción o como ficción, ¿no?

Es la pena de esto porque es una asignatura que permite hacer grandes cosas con los chicos y si lo haces bien, les encanta. Aunque luego no se dediquen a eso, se llevan recuerdos chulos de sus clases de filosofía. Por lo menos esa es mi experiencia como profesor.

Merlí, en profe enrollado, tiene su homónimo en la vida real / @david_solans / Instagram

Eres la prueba de que esta asignatura es atractiva dependiendo de cómo la enseñes.

Sin duda, especialmente esta asignatura que al final es como esa canción que te llega y dices ‘guau, hay algo que me está llegando’, pero alguien me la tiene que descubrir. Los filósofos son personas que han pensado cosas fascinantes y que si las llegas a descubrir te abren los ojos a muchas cosas y son cosas que llegan mucho a chavales de 16, 17 años que se están cuestionando tantas cosas.

Tú haces pensar a tus alumnos, ¿están acostumbrados a eso?

No ellos, todos estamos acostumbrados a vivir y repetir eso que estamos oyendo constantemente. Yo siempre les explico una historia que me gusta mucho de dos peces pequeñitos que están nadando y un pez mayor les pregunta qué tal está el agua y cuando se va se miran entre ellos y se preguntan qué es el agua. Llevan toda la vida viviendo en el agua y no saben lo que es. La filosofía tiene que servir para esto, para darte cuenta del agua en el que te mueves. En general, los jóvenes tienen una mayor capacidad de cuestionarse las cosas y eso se va perdiendo con la edad.

Pocos podrían imaginarse que la filosofía pudiera tener algo que ver con el reggaetón, ¿cómo se te ocurrió la conexión?

El origen viene del Carnaval. Unas alumnas mías que se querían disfrazar de chicas de videoclip de reggaetón y querían que yo me disfrazara de cantante de reggaetón. Me dio cosa pero al final acabé disfrazado con ellas. Colgué una foto en el Facebook y se me ocurrió el nombre: Dame reggaetón, Platón. Era la manera de enviar el mensaje de que la filosofía no era sólo una cosa para especialistas sino que conecta con los jóvenes.

Es una música que invita poco a la reflexión, todo lo contrario que la filo.

Sin duda. La filosofía son pensamientos que golpean tu cabeza como el reggaetón hace con tu cuerpo, te invita a moverte y bailar. La filosofía te da ese golpe inesperado que te lleva a moverte, de otra manera, pero te lleva a moverte también.

Epicuro se compró una casa para filosofar con los colegas. Después de contar eso, ¿cuántos te dijeron que querían ser filósofos?

Ser filósofos, de entrada, hay muchos. La cuestión es que el mundo en el que vivimos no está montado para ser filósofo y ellos tienen otras aspiraciones y lo que está socialmente non son los estudios de filosofía y yo no les invitaría a que lo hicieran, a menos que fuera vocacional. Filosofar es algo que va con los jóvenes, aunque ellos no saben que lo hacen.

Reivindicas que en las aulas se enseñen emociones, ¿por qué no se hace?

Porque el sistema educativo desde su origen ha preparado gente para el trabajo y ha enseñado esas cosas que pensaban que eran más útiles para futuros trabajadores. Hemos educado la parte racional, lógica, matemática de los alumnos y hemos descuidado una parte que implica la parte de las emociones, la creatividad. Pero estamos cambiando porque nos estamos dando cuenta de que eso es lo más valioso.

Supongo que las clases en las que hablas de amor, de por qué te gusta alguien o no, los alumnos se te revolucionan, ¿no?

Podría estar todo el año hablando del tema porque genera mucho debate. Hay muchas visiones en juego y especialmente las chicas es un tema que les encanta. Cuando hablan dan una visión de un tipo de amor que es la misma que planteaba Platón. La idea de la media naranja nace de un discurso de Platón. O cuando hablamos de los celos, eso les encanta. Cuando tienes 15 años, el amor es primordial en tu vida y poder hablar de eso es fundamental.

Tras leer el libro una de las conclusiones que saco (entre muchísimas otras) es que la filosofía es muy instagrameable. ¿Esas frases que quedan tan bien es un modo de marketing del pensamiento?

Seguramente. Al final la filosofía tiene que ocupar su espacio en un mundo en el que todo es cuestión de imagen. Frases como “el corazón tiene razones que la razón no entiende” de Pascal, por ejemplo, son frases que pueden quedar muy bien en IG pero es que son muy buenas. A veces no hace falta leerte un libro de 300 páginas, con una frase que te hace pensar, es bastante.

Cuando hablas de la utopía haces referencia a Imagine de John Lennon. Un tema con muchos seguidores, ¿eso es que en el fondo el mundo está lleno de idealistas y utópicos?

Hay una frase de Lennon que a mí me gusta mucho que dice ‘vive como piensas o acabarás pensando como vives’ y es la idea del idealismo. La persona idealista es la que dirige su vida según la idea que tiene de cómo quiere vivir. Luchar y defender aquello en lo que crees es muy difícil porque cuando empiezas a vivir de otra manera, te acabas adaptando a esa manera. Cuando por ejemplo un chico dice que quiere dedicarse a la música y en su casa le recomiendan que primero haga otra cosa que le aporte más seguridad yo les digo, ‘haz lo que consideres oportuno pero, no te engañes, si haces otra cosa el sueño de la música acabará desapareciendo’ porque tu vida te va a llevar a otro camino.

Eres el enemigo de muchos padres…

(risas) No creas. Ellos lo saben pero piensan que viviendo en contra de sus ideas les van a permitir seguir teniendo sus ideas y eso no es así porque sus ideas van a cambiar, por eso hay que defenderlas. Hay que luchar por ello porque si no la vida se va a llevar por delante tus sueños. Siempre les explico que un profesor en Inglaterra que tenía a la mitad de los Beatles en clase y les decía que iban a fracasar toda su vida porque eran malos en matemáticas. Ese profesor de lo que no fue capaz es de ver que la gente tiene talentos muy diversos.

Estamos ante una generación que reivindica mucha libertad, ¿crees que son conscientes de la responsabilidad que conlleva eso?

Reivindican la libertad pero a la vez no es fácil. En un mundo antiguo en el que todos tenían claro su rol en el mundo ahora no existe. Ahora esa búsqueda de libertad lleva aparejada una búsqueda de identidad y es algo que se van creando ellos, no viene definida y eso es muy estresante. Los jóvenes lo tienen más duro que sus abuelos. Si tu abuelo era carpintero y tu padre, también se daba por hecho que tú también, pero ahora no es así y llega la pregunta de ¿quién quiero ser? Eso es muy complicado.

Hablas del posthumanismo en el que la tecnología se irá haciendo dueña de nuestras vidas pero, no eres muy partidario, ¿no?

Siento que es un poder tan grande el que vamos a tener en las manos que no tengo claro que seamos capaces de valorar el alcance. Cuando nos permiten transformar la humanidad a través de la tecnología es algo que se nos escapa de las manos. La tecnología nos ayuda pero nos cambia. Los móviles nos han cambiado la manera de vivir. No soy pesimista pero tampoco es ‘qué bien, qué bien, qué bien’.

Las redes sociales y la cultura del ‘like’ ¿crees que han hecho más bien o mal?

Para ellos creo que es una presión bestial. Están permanentemente dependiendo de la imagen que quieren proyectar y no descansan nunca. Su imagen está en juego permanentemente en cuestión de si soy más o menos popu(lar). Eso desgasta mucho.

Mencionas varias series, una buena manera de conectar con los jóvenes y una de las que más presencia tiene es Black Mirror, ¿qué piensas cuando ves esos episodios?

A mí me encanta y a ellos también. Es una serie pesimista que lleva nuestro mundo a un lugar más extremo. Les gusta porque es una manera de verse reflejadas en actitudes actuales. Hay un episodio en el que la gente se va puntuando constantemente…

/ iframe de 'Black mirror'

Eso ya es una realidad…

Exactamente. Cuando veían esa competición por acumular ‘likes’ se veían ahí reflejados. Estamos construyendo este mundo en el que permanentemente estamos preocupados por proyectar una imagen que genere éxito social. Eso es agotador y poco auténtico. Si te acabas creyendo ese papel que construyes para los demás, acabas viviendo una vida falsificada.

¿Suspendes a alguno de tus alumnos?

Sí, sí, suspendo a alguno. Tampoco a muchos porque soy de los que piensa que un suspenso es un fracaso del profesor pero, sí, suspendo a alguno.

Y por último, ¿tú crees que la música que escuchamos dice mucho de cómo somos?

Cuando mis alumnos empiezan en el instituto les hago escribir en un papel las cosas que les gustan y cuando acaban unos años después se lo enseño y se dan cuenta de lo mucho que han cambiado. La música que escuchaban con 13 o 14 años no es la misma que escuchan con 18 y tienen mucho que ver las tendencias pero también la identidad que se han ido creando. La música para ellos es una clave identitaria imprescindible, bueno, y para mí.

¿La utilizas en tus clases?

Sí, es un recurso habitual lo de poner un tema al inicio para contextualizar una clase. “Se puede vivir sin música o se puede vivir sin filosofía pero no tan bien”.

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