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    Carta de un treintañero a las Spice Girls

    Una misiva abierta a las heroínas de mi adolescencia

    Carta de un treintañero a las Spice Girls

    Las Spice Girls en 1999 / RJ Capak/WireImage

    Hola, Geri. Cuánto tiempo, Emma. Hey, Mel C. ¿Cómo te trata la vida, Mel B? A ti ya veo que te va bien, Victoria. Quizá no me recordáis, ha pasado mucho tiempo. Yo, en cambio, todavía os recuerdo con más detalle del que podría ser considerado normal sin requerir una evaluación psicológica integral.

    Qué queréis, llegásteis a mi vida como un vendaval que puso a prueba todos y cada uno de mis cimientos emocionales. Entrando como un elefante en una cacharrería, pero una cacharrería regentada por miles de hormonas chocando entre sí con un poderío que ríete tú del gran colisionador de hadrones. Mis protones y mis neutrones, siempre en vuestro equipo.

    Ya no es que fuera yo un adolescente, plagado de miedos e inseguridades pero ojiplático ante toda esa paleta de nuevas sensaciones que acontecían en lo más profundo de mi ser, que también, es que eran tiempos diferentes. Por aquel entonces, el concepto de girl band estaba en pañales. Las bandas de muchachos, en cambio, estaban en su máximo apogeo. New Kids on the Block primero y Take That después luchaban por copar las carpetas de jovenzuelas de todos los rincones del planeta.

    Eran capaces de provocar un ratio inimaginable de gritos por segundo, aderezados con lanzamientos de ropa interior que ríete tú del fenómeno Jesulín (aunque fuera más nuestro), estampidas por llegar a primera fila tras acampadas frente a los recintos de los conciertos que se postergaban durante varios días de penuria. Que de bocadillos no se puede vivir una semana que se tiraban ahí esas pobres muchachas. Pero de ilusión ya os digo yo que sí. Que se lo digan sino a las protagonistas de este vídeo que ha pasado a la historia por méritos propios.

    ¿Y un grupo de chicas que rompieran moldes? ¿Era tan descabellado? Esa misma fue la pregunta que rondó por la cabeza de un par de productores, los hermanos Herbert, que se pusieron manos a la obra a diseñar con mucho celo un producto que reventara las listas de éxitos. Y a pulirlo convenientemente a base de coreografías sin freno. No les salió mal del todo, si nos ponemos a contrastar datos. 145 millones de discos vendidos, y el grupo de chicas que más ha vendido en toda la historia. Se veía venir, añado yo, pese a que en un primer movimiento no os llamábais Spice Girls, sino Touch. Y que tuvierais que relevar a la pobre Michelle Stephenson e incluir a Emma poco después para seguir siendo cinco.

    No caigo en la fecha de mi primer avistamiento de Girl Power, pero recuerdo la hora con una certeza fascinante. Pocos minutos después de mediodía, un sábado no especialmente caluroso pero sí soleado. Del 40 al 1 en la tele. Fernandisco dió paso a la entrada de la semana. De repente, cinco chicas correteaban por las escaleras de algo que parecía un casino. Se oía una risita de fondo y luego la cosa arrancaba con lo que identifiqué como un clarísimo “yooooo...achero guaraguón, guara rili rili guón”. No recuerdo haber respirado en los casi cuatro minutos que duraba la canción.

    -Sólo un inciso. Recuerdo que el vídeo comenzaba ya en la parte de las hojas flotando y la entrada triunfal en la escalinata porque el vídeo radio edit se cargaba esa primera parte donde denigráis con gracejo a una familia británica de alto copete y les cantais a capella un trocito de la canción. Fin del inciso-

    En ese preciso momento llegásteis a mi vida. Qué incautas. A partir de ahí, la obsesión no hizo más que refrendarse en compras compulsivas de revistas que hasta entonces me habían parecido “de chicas”, pensado con todo el cariño desde mi perspectiva adolescente de barrio obrero azotado por la desidia donde jugar al balón entre jeringas era el pan de cada día. Posters en páginas centrales, averigua a cuál de ellas te pareces más con este sencillo test y hoy los Tauro tendréis un día super Emma Bunton.

    Lo de los roles que cada una de vosotras teníais pre establecidos no cuajó demasiado en mí. Os diferenciaba por tonalidades de cabello y/o piel, lo cual servía para cuatro de vosotras. Y luego estaba la deportista, en tiempos donde los chándales dejaban de un lado el táctel y tenían corchetes para ser abiertos por los laterales. Qué fantasía. Lo de que fuerais más o menos pijas, dulces o ardientes no entraba dentro de mis precoces consideraciones. El caso es que me obsesioné. Como solo alguien que se enamora por primera vez puede hacerlo. Tampoco os diré quién me gustaba más de las cinco, eso solo lo sabe un diario que a estas alturas debe estar haciendo compost en alguna planta química de Valdemingómez.

    Sé que luego la fama interplanetaria os sentó regular. Que os empujaron a hacer películas- bazofia y que forzaron la máquina para rentabilizar el fenómeno. Y claro, empezaron a haber dimes y diretes, quítame allá esas pajas y todas esas expresiones divertidas que indican confrontación y hastío. También que casi todas realizasteis el intento de probar suerte en solitario. Y que a casi ninguna os ha ido como la seda precisamente.

    Volvisteis. Y revolvisteis. Y ahora parece que volvéis de nuevo. Y que la polémica o el morbo están dictando las normas de vuestro regreso. Que si Mel B se lió con Geri, que si tenía buenas tetas. No sé, chicas.

    Yo he cambiado, ¿sabéis? Ya estoy bastante lejos de aquella adolescencia incontrolable y los parámetros que rigen mi vida no tienen mucho que ver con el desatino hormonal y el encumbrar a artistas así porque sí. Así que no contéis mucho conmigo para esta nueva aventura. Eso sí os digo, si cierro los ojos todavía soy capaz de recordar plano a plano el vídeo entero de Say you´ll be there. Con su consiguiente coreografía. Y eso no nos lo quitará nadie jamás. Spice up your life.


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