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    Javier Calvo: “Los adolescentes son unos descerebrados a los que no hay que hacer ningún tipo de caso”

    Y que conste que no lo dice el que estás pensando

    Javier Calvo: “Los adolescentes son unos descerebrados a los que no hay que hacer ningún tipo de caso”

    @fakeleathervolumes / Instagram

    Si te hablo de Javier Calvo seguramente pienses primero en el actor y director que junto a su compañero Javier Ambrossi, ha hecho de Los Javis una marca reconocida en los últimos tiempos casi como icono cultural millenial. Pero no, me refiero a otro. Hay un Javier Calvo más adulto que se dedica a traducir a autores tan reconocidos como David Foster Wallace o J.M. Coetzee y a publicar novelas como autor propio.

    Él es consciente de la confusión. “Es muy gracioso, él a veces escribe sobre mí, ‘ah, el chico que se llama como yo ha publicado un libro, compradlo’. Tenemos una conciencia de llamarnos igual que está muy guay”, reconoce. Pero sus mundos son totalmente opuestos.

    Su último trabajo, el de Javier Calvo escritor, se llama Piel de plata y nos sumerge en la búsqueda iniciática de un joven de 14 años que padece una enfermedad mental, está totalmente desubicado y, entre sus obsesiones está un autor de literatura fantástica y un grupo que muchos asocian al nazismo.

    A sus 46 años, Calvo ha retrocedido a una de las etapas más controvertidas de la vida, la adolescencia, aunque reconoce que “no me interesan mucho las historias de adolescentes, no las leo, no es lo que me ha movido, no estoy embarcado en una reivindicación de la adolescencia”.

    Eso sí, ya de entrada advierte que no le gusta que digan que su novela es un nuevo El guardián entre el centeno, que siempre ha servido de referente de esta etapa.

    Su novela tiene obsesiones adolescentes, tiene música y tiene literatura y de eso hemos charlado un rato.

    ¿Qué tal escribir sobre la adolescencia?

    Nunca había escrito sobre adolescentes, es muy raro, no sabía muy bien exactamente cómo plantearlo. En cierta manera me he nutrido un poco del recuerdo que todos tenemos de cómo ser un joven extremadamente pedante y que considera que todo es horrible excepto lo que le gusta a él. Me gusta mucho ese tipo de pasión, esa capacidad para fascinarse con las cosas. Me venía bien para la historia. Tenía que ser una historia sobre un pobre adolescente ingenuo y torpe pero con esa capacidad para buscar la trascendencia por el arte y dije ¿por qué no?...un adolescente.

    Yo he debido tener una vida muy insulsa porque no recuerdo haber vivido una adolescencia con tanta intensidad como la que se suele reflejar en mucha literatura. A veces pienso que, como el amor, en muchas ocasiones está idealizada, ¿me corriges?

    En general creo que todos estamos de acuerdo en que la adolescencia es una etapa terrorífica, para el propio adolescente y sobre todo para los que le tienen que aguantar. Estamos de acuerdo en que los adolescentes son unos descerebrados a los que no hay que hacer ningún tipo de caso. En el caso del libro, hay lo contrario, una romantización absoluta de la adolescencia, una especie de visión muy romántica de la adolescencia como espacio de libertad mental, como espacio de búsqueda y como espacio previo a toda contaminación mental de la vida adulta, de que te metan en vereda y te enseñen cómo se hacen las cosas.

    ¿Tú recuerdas la tuya, tu adolescencia, con tanta desubicación como la de tu personaje?

    No. Yo creo que si hubiera un adolescente como el de la novela, saldría en las noticias, es una exageración absoluta. Sí que recuerdo sensaciones y un panorama mental parecido a pesar de que yo no viví una desconexión absoluta del resto de mis contemporáneos. Tenía amigos y una vida más o menos normal pero sí recuerdo el hecho de haber intentado ser distinto, una especie de dinámica de no me gusta lo que os gusta a vosotros, me gusta lo que me gusta a mí.

    ¿Intentabas ser distinto o lo eras?

    No lo sé, en cierta manera soy así, no me he curado. El hecho de ser raro a veces es indistinguible del hecho de intentar ser raro. Hoy todavía intento no ser como los demás, a veces demasiado, a veces hasta cierto punto grotesco. Pero no intentaba escribir sobre mí sino sobre esa búsqueda de la inspiración y de una realidad distinta que te distinga de los demás.

    Hay tres obsesiones en la vida de tu personaje. Uno de ellos es Death in June, un grupo que muchos asocian a las ideología nazi aunque en realidad su pensamiento sea más cercano a la izquierda, ¿era un intento de provocar?

    No había una intención de provocar, más bien había cierto miedo de decir, si pongo en una novela a Death in June aunque es el grupo que quiero poner porque representa esa especie de límite extremo de confrontación, a lo mejor, puede ser problemático, me parecía una apuesta difícil. Quería que el libro girara en torno a tres artistas: Michael Marcook, Cirlot y Death in June. Cada uno tenía una etapa en el proceso de búsqueda de iluminación por parte del protagonista. Marcook era una especie de emblema del aislamiento del artista. Cirlot era un patrón del hermetismo y Death in June lleva la bandera de la confrontación, del enfrentamiento con todo el mundo, de ir en contra de tu época, de enfadar a todo el mundo. Más que una intención de provocar era una intención de utilizar esa especie de extremismo.

    En la música estamos acostumbrados a ver fanáticos que se desviven por sus ídolos pero en la literatura me cuesta más verlo… ¿tanto puede influir un autor en un adolescente?

    Sí. Salvando la distancia que implica que la literatura ahora mismo es una fórmula de consumo más minoritaria que la música. ¿Fanáticos de los escritores? Sí, en ciertos mundos más que en otros. En la literatura fantástica es más obvio. No conozco mucho de literatura fantástica actual pero me han contado historias de escritores que iban a dar charlas, en cualquier sitio, Barcelona, Nueva York…y había casi disturbios, colas kilométricas, gente que se quedaba durmiendo la noche antes. Sí, creo que sí existe a pesar del hecho de que reconozco que la literatura cada vez es más marginal en ese sentido. Yo creo que me ha pasado a mí, sin llegar a ser fan de camiseta y colas de dos días.

    Tu novela es un intento de revisitar una obra de Cirlot, ¿de qué manera ha influido en tu vida este autor?

    Era un escritor de Barcelona como yo que retrataba una Barcelona totalmente distinta a la que yo había conocido. Una Barcelona nocturna, misteriosa y extraña. Él era una figura muy raro, muy solitario y con un mundo personal que cuando conocí no lo entendía y me dio las ganas de entenderlo. Quise explorar ese mundo de misticismo, de poesía rarísima, su foto con su colección de espadas, su obsesión por los castillos, las películas extrañas, en algún sentido fue un ídolo.

    Este libro recoge muchas obsesiones, supongo que muchas tuyas. ¿Has mantenido alguna de tus obsesiones de adolescente en la vida adulta?

    Un montón. No he salido de muchas cosas de mi adolescencia…mentira, sí he salido. Hay un momento en el que te conviertes en autor o en traductor y te metes en un mundo de cultura seria y pasé unos años en el que leía más cosas de las que se publicaban, cosas que leía movido por las expectativas para adquirir cierta respetabilidad y para ser la persona que se esperaba de mí pero a medida que me hacía mayor, dije, bah, a mí lo que me gusta es lo que me ha gustado siempre.

    ¿Tu novela es cultura seria?

    Completamente seria (risas) quiero que conste en la entrevista.

    Marcook es un autor de literatura fantástica que también escribió letras para un grupo llamado Hawkwind, con una larga trayectoria, ¿con cuál de sus canciones te quedarías?

    Tampoco es una banda que me guste mucho. Me produjo cierta curiosidad que este hombre tan de moda en aquel tiempo hubiera escrito letras para esta banda. Tenía discos que estaban bien pero luego se pusieron a hacer rock progresivo un poco feo. No me interesa particularmente más allá del hecho de que es divertido que una banda cogiera como letrista a un escritor de novelas de fantasía y empezara a hacer discos conceptuales sobre sus personajes de fantasía. Me parece una curiosidad pero más allá de conocerlo, que Dios me perdone, no lo recomendaría.

    Pol mantiene uno de los rituales adolescentes de todos los tiempos, colgar poster o fotos de tus obsesiones en la pared de tu habitación, ¿recuerdas cuáles pusiste en la tuya?

    Este tipo de construcción de altares me parece maravilloso y lo sigo teniendo. Tengo una pared de mi casa toda con fotografías de mis ídolos que es casi vergonzoso. Mi familia se ríe de mí porque es lo que haría una persona de 14 años, tengo 46 y todavía lo hago.

    Si seguimos hablando de música, el grupo favorito de su hermana es Die Antwoord, un grupo que también lleva a la reflexión y que, a priori, no casa mucho con esa imagen más frívola de Olivia, ¿no?

    Yo creo que la hermana nació con Die Antwoord, directamente. Me interesaba mucho cómo definir un personaje a partir de una banda. Esta idea de que si pones, por ejemplo, que no digo que esté más o menos conseguido… pones a un hermano y una hermana y a uno le pones a Death in June, sabes que será un inadaptado que vive en la oscuridad. Y si a la hermana le pones Die Antwoord, sabes que será una persona super gangsta, a la que no le importa nada lo que le digan. Esta era la idea, poner a los dos hermanos, cada uno caracterizado con su banda.

    ¿Qué escuchas tú?

    Miles de cosas. Música indigna de mi edad, me gusta mucho el metal, el black metal, el rock industrial, lo gótico. No he evolucionado mucho.

    Si seguimos hablando de pilares, está esa oda a la creación artística, que en esta ocasión está muy asociada a las drogas, la violencia… ¿son necesarios esos ingredientes?

    No, pero sí quería explorar un poco el extremo de esa visión. Si tienes que inmolarte un poco en esa especie del fanatismo, de búsqueda de esa iluminación por medio del arte, el protagonista está dispuesto a hacer lo que sea. Si le dan anfetaminas, las tomará, si sus amigos son nazis, ser hará medio nazi, no porque sea una persona influenciable sino porque es una persona increíblemente seria en sus pretensiones. Es demasiado joven para saber hasta dónde puede llegar y saber si quiere estar ahí. Se pega la gran ostia y después vive una vida normal, pero al menos se la pega y eso ya le dignifica.

    ¿Volverías a vivir una adolescencia?

    No, si me dan una máquina del tiempo, no volvería ni a ayer. Qué horror tener que pasar por las mismas metidas de pata de nuevo, no, no, no…


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