Wilma Lorenzo: fotos, música y feminismo

Charlamos con la fotógrafa sobre la industria musical y su trabajo a través de 10 retratos de grandes artistas

Joaquín Sabina

Joaquín Sabina, retratado por Wilma Lorenzo. / Imagen cortesía de Wilma Lorenzo

Wilma Lorenzo es fotógrafa musical y periodista. Una mujer multitarea que ha trabajado para las grandes discográficas (Warner Music, Sony Music, Universal Music) y medios de comunicación como Rolling Stone o Cadena SER, entre otros muchos; ha sido personal manager de Leiva y directora de comunicación del festival Mad Cool (primera edición).

Tiene dos libros publicados: Leiva. Toquemos juntos hasta que la muerte nos joda (Temas de hoy, 2018) y Vidas ajenas, pasiones propias (Lunwerg, 2019); en cuanto pueda, se pondrá con el tercero.

GALERÍA: 10 FOTOS MUSICALES DE WILMA LORENZO

Zahara / Imagen cortesía de Wilma Lorenzo

Charlamos con ella sobre la industria musical, la visibilidad de las mujeres en la misma y su trabajo como fotógrafa a través de 10 de sus retratos de artistas nacionales e internacionales.

Pregunta: ¿Cuándo y cómo empiezas en la fotografía musical?

Respuesta: “Aprendí de forma autodidacta antes de entrar en la universidad; durante la carrera colaboraré con algunos medios y aprovechaba cada entrevista o concierto que cubría para hacer fotos. Estaba acostumbrada a llevar siempre la cámara encima y, por decisión propia, comencé a complementar mis artículos con mis fotos para que el punto de vista y la historia completa fueran míos, tanto texto como imagen”.

P: ¿Cómo es ser mujer y fotógrafa en un mundo mayoritariamente masculino como el del rock?

R: “Supongo que, como en otros entornos, hay que lidiar con situaciones incómodas y con ciertas actitudes que solo se sufren siendo mujer. Es un ambiente en el que antes apenas teníamos presencia profesional y todavía hay quien se sorprende al encontrarnos... A día de hoy, sigue habiendo gente que da por hecho que si estoy viajando con una banda o en un backstage es porque soy la pareja de alguien, antes de plantearse que esté ahí por trabajo. En todo caso, la solución pasa por decir en voz alta lo que nos molesta y hacerse valer. Poco a poco”.

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Brillaba a través de la puerta.

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P: ¿Por qué crees que apenas tienes encargos de mujeres artistas o bandas femeninas?

R: “Salvo excepciones, mi recorrido profesional ha ido siempre de la mano de artistas o bandas masculinas; quizá porque la escena en la que más he trabajado es la alternativa o indie; o quizá simplemente haya sucedido así y no haya que buscarle más explicaciones. En todo caso, es una buena noticia (y estoy muy agradecida) que tantos artistas hayan pensado en mí a la hora de contratar una fotógrafa. Me parece una buena señal”.

P: En general, ¿consideras que ahora hay algo más de visibilidad femenina en la industria musical?

R: “Creo que se está avanzando poco a poco. A nivel artístico, hay géneros en los que la mujer ha tenido menos visibilidad (no sucede lo mismo en el rock o heavy que en el pop) y parece que la balanza se va equilibrando. En todo caso, me parece más preocupante - porque se avanza más lentamente- el entorno técnico de la industria musical y el papel de la mujer instrumentista. Creo que ahí quedan más pasos por dar”.

P: ¿Y en los carteles de festivales? ¿En los medios de comunicación?

R: “También se está avanzando pero lo que vemos es un reflejo de la realidad. Hay más presencia masculina porque sigue habiendo más bandas de hombres. Por eso es fundamental visibilizar el trabajo de la mujer en la música para que las nuevas generaciones vean que es posible y no tiren la toalla. Por poner un ejemplo muy evidente (que se puede trasladar a cualquier profesión musical, desde cantante hasta backliner): si una niña no ve a una mujer desempeñar la profesión de técnico de sonido, será más complicado que se lo plantee como opción”.

Los festivales no dejan de ser un negocio donde se contrata a artistas con los que se van a vender más tickets. Ninguno dice que no a Rosalía o Billie Eilish. El problema es cuántas Rosalías se quedan por el camino; en ese sentido, los festivales pueden ayudar a bandas femeninas que tienen calidad de sobra dándoles una oportunidad para actuar en ellos. Muchas veces se piensa automáticamente en “los de siempre” y no se hace el ejercicio de parar, escuchar y reconocer la calidad de algunas artistas”.

P: ¿Cómo surgió la idea de escribir Leiva. Toquemos juntos hasta que la muerte nos joda (2018)?

R: “Estuve trabajando con Leiva casi dos años, primero en comunicación y luego como personal manager. Como siempre, con la cámara encima y, además, escribiendo un diario personal de todo lo que nos sucedía en carretera. En un momento dado, Leiva me dijo que por qué no hacía algo con todo ese material… y así fue. Es un relato de cómo viví una de las experiencias más increíbles de mi vida”.

P: ¿Y tu último libro, Vidas ajenas, pasiones propias (2019)?

R: “Es el trabajo de toda un vida. Yo siempre he escrito y fotografiado por gusto, más allá de la música. Durante la gira con Leiva, mi editor me propuso hacer algo con todo ese material que no tenía que ver con la música; algo mío, personal. En ese momento, por pudor, lo dejé pasar. Pero el año pasado decidí retomarlo, recopilar los últimos 7 años y convertirlo en un libro. Probablemente sea el trabajo del que más orgullosa estoy. Siempre había publicado textos y fotos sobre otras personas y, hacerlo sobre una misma y recibir mensajes de gente agradecida que se siente identificada conmigo, es una experiencia inexplicable”

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