‘El Faro’: la inquietante transformación de Pattinson y Dafoe en unos fareros desequilibrados

El duelo interpretativo entre ambos actores deslumbra en esta cinta claustrofóbica de ambiente hostil dirigida por Robert Eggers

Willem Dafoe y Robert Pattinson en El Faro

Willem Dafoe (i) y Robert Pattinson (d) en una secuencia de 'El Faro' / Cartel promocional / Universal Pictures

La mente es fuente de creación de toda suerte de demonios y obsesiones. Su traslado a la obra de arte es lo que permite que esos fantasmas de la psique pasen a formar parte del imaginario colectivo. Robert Eggers ha conseguido elaborar en El Faro una atmósfera de pesadilla gracias a unos escenarios degradantes, extremadamente pequeños, que realzan la sensación de opresión y claustrofobia (potenciada también por el formato 1:19:1 en el que está rodada) y un entorno natural hostil, que opera como ente autónomo con vida propia.

El director consigue retratar la influencia de esas sombras espectrales o demonios a través de un maravilloso duelo interpretativo: Willem Dafoe y Robert Pattinson regalan sendas actuaciones magistrales, extremas. Lo más destacable es la capacidad de réplica de Pattinson, a quien siempre hemos vistos en papeles que no requerían demasiada profundidad pero que ahora deslumbra tras demostrar que puede mantener un cara a cara con el experimentado Dafoe. ¿Estamos ante un talento tan prometedor como el de Leonardo DiCaprio en su momento? El tiempo, como con el vino, dirá.

Los actores dan relieve a una historia de terror que huye de los estándares del género y que prefiere centrarse en la psicología: en esencia, en las consecuencias del síndrome de fiebre de la cabaña que padecía Jack Torrance en El Resplandor. Cuando un grupo reducido de personas pasa aislada mucho tiempo en el mismo espacio alguno puede perder la cabeza y acabar a cuchilladas con el resto. De hecho, una de las secuencias clave de la cinta muestra a uno de los dos personajes portando un hacha, cojeando, en lo que es un guiño perfecto al sangriento desenlace de la obra clásica de Stanley Kubrick.

Eggers consigue elaborar una atmósfera opresiva y degradante con tintes pesadillescos donde realidad y ficción se intercalan en un complejo puzle de imágenes espeluznantes que dan lugar a situaciones imposibles, como el coito con una sirena, una gaviota persecutora que responde al joven farero, un calamar gigante que deja caer sus babas entre las rendijas de las escaleras o, incluso, la misteriosa linterna del faro, una suerte de Dios omnipotente en torno a cuya luz, deseada tanto por Winslow como por Thomas Wake –llega a ser objeto erótico, literalmente–, se desarrolla parte de la acción de la película.

Las aves acechantes, el romper de las olas sobre las rocas, las flatulencias del viejo farero o el grave estertor que emite la sirena de niebla: todos son elementos molestos que contribuyen a incomodar tanto al espectador como a los personajes. Estos últimos acaban inmersos en una espiral de alcohol, locura y violencia donde confunden realidad con ficción. Están atrapados, dejados a su suerte en un lugar abandonado, rodeados de niebla y lluvia.

La habilidad del director para combinar leyenda con realidad, superchería con obsesión, da lugar a una película argumentalmente compleja que gira en torno a la influencia de los mitos y la superstición. Además, Eggers hace malabares con las apariencias y nos engaña: ¿Quién está más loco de los dos? ¿El veterano farero al que interpreta Willem Dafoe o el tímido joven al que encarna Robert Pattinson?

Lo cierto es que no se explaya en artificios argumentales que justifiquen los actos de uno u otro, sino que se dedica a encadenar secuencias y delirios donde los personajes optan por comportamientos extravagantes alejados de toda ética, moral o razonamiento lógico. En esa indomable vitalidad sin reglas ni artificios se encuentra la magia de El Faro. Aquí todo es posible, especialmente si es inquietante. Nadie se pregunta si es probable que algo esté ocurriendo o no, porque todos nos sabemos partícipes de una pesadilla inacabable que está predestinada a desencadenar en tragedia. Precisamente en esa ambiguedad reside la grandeza de El faro.

El faro es una producción de Universal dirigida por Robert Eggers (La Bruja) y protagonizada por Willem Dafoe y Robert Pattinson, a quienes acompaña Valeriia Karaman, que aparece brevemente en varias secuencias oníricas como sirena. A partir del 10 de enero está disponible en cines españoles.


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