Juan Pablo Cuevas: “Los millennial hemos nacido con el encanto de los que lo dan todo por perdido”

En ‘Jódete y crece’ se convierte en la voz de una generación

Juan Pablo Cuevas

Juan Pablo Cuevas, la voz de una generación. / Miguel Zaragoza (imagen cedida por Planeta)

Juan Pablo Cuevas no ha cumplido los 30 pero tiene esa sabiduría de los que llevan toda una vida reflexionando sobre los temas vitales que condicionan al ser humano. Y es que iba para filósofo aunque acabó estudiando sociología. Tiene algo bueno, y es que le gusta preguntarse y es consciente de que las respuestas no son lo importante.

Eso es lo que recoge Jódete y crece, una obra que primero fue teatral (lleva tres años recorriendo Madrid con éxito) y ahora es novela. Un compendio de comportamientos, reacciones, sentimientos de unos personajes que representan a una generación: la millennial.

Esta novela, escrita con mucho sentido del humor (casi negro a veces), nos acerca a los miedos, expectativas y sueños truncados de ‘la generación mejor preparada de la historia’ (eso dice su contraportada). En definitiva, es un relato que nos acerca a las relaciones, tanto de amistad como de sexo de la mano de Javier, Andrés y Emma.

Del sentimiento de una generación, de redes sociales, de sexo, de derechos LGTB, de Greta Thunberg, de Vox o de la música que produce sentimientos, hablamos con un autor que engancha no solo con aquellos con los que comparte generación, sino también con los que vienen detrás y han encontrado en él un referente.

La generación más preparada de la historia y, después de leer tu libro, yo añadiría que la generación que más rabia acumula, ¿no?

Sí, una generación rabiosa, un poco resentida.

¿Y de ese resentimiento nace tu obra teatral y tu novela?

Sí. El resentimiento en sí no me parece un mal sentimiento, algo negativo… es cómo consigues transformarlo en algo sanador.

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Tu novela refleja ese lado negativo de tu generación pero, ¿qué ha tenido de bueno?

Nos ha tocado una generación con muchos problemas, con grandes conflictos y eso me parece muy interesante. El no tener la posibilidad de estar acomodados nos va a hacer tener una vida más difícil pero más interesante y animada.

En tu caso, despierta creatividades…

Despierta pasiones, y despierta movilizaciones, y despierta crítica hacia el sistema, y despierta también movimiento. Despierta vida.

¿Te hubiera gustado pertenecer a otra generación?

No, siempre digo que soy un hijo de mi tiempo. Esta gente que dice ‘me gusta esta época’…no… soy cero nostálgico de otras épocas, como no las he conocido… me gusta haber nacido en esta generación y haber nacido con la gente alrededor de la que he nacido. Referentes muy guays, muy empoderados, que a veces es un cuadro, pero que despierta en mí mucha necesidad de crecer y de saber más y de estar despierto.

¿En quién estás pensando?

Directores de cine, como Xavier Dolan, que sale varias veces en mi libro, yo creo que es un muy buen ejemplo. Es un visionario, capaz de llegar muy lejos y eso me gusta mucho. Y más cercano, o más patrio, pienso en gente como King Jedet o Soy una pringada. Parece que es un mundo muy superficial hasta que luego entras a valorar que es gente que pone en crítica muchas cosas heredadas y que ese es un valor que hay que dar.

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Tu novela llega avalada por el éxito que ha tenido en teatro. En estos tres años que tu obra ha estado recorriendo Madrid, ¿qué tipo de público se ha acercado a conocer tu historia?

Un público de todas las edades y clases pero me ha sorprendido mucho que había gente mucho más joven que yo, gente de 10 años menos que yo, gente de 16 años. Teníamos unos chicos que vinieron todas las funciones, venían con la camiseta de Jódete y crece. Era espectacular. Uno de ellos tenía problemas de alimentación, era anoréxico, y nos dijo que lo había superado gracias a Jódete, que estaba mejor con su familia gracias a Jódete… gente que nos ha dicho que ha salido del armario con su familia gracias a Jódete

Qué responsabilidad…

Llega un punto que dices ‘madre mía, digo cualquier cosa y qué horror’. Gente muy joven y muy influenciable. Nos decían cómo les había ayudado a pasar de lo que los demás opinaban de ellos, a intentar ser felices ellos mismos y esos valores no están textuales en la obra pero aparecen por ahí y es guay que ellos hayan recibido esto.

La novela es un compendio de reflexiones sobre preguntas vitales que muchos nos hacemos a lo largo de los años, ¿has encontrado respuestas?

A muchas sí, y a otras, no. Lo que se plantea en la novela, el momento en el que el personaje se queda huérfano y le hace preguntarse muchas cosas sobre su legado y qué legado les deja a los demás. Hay varias preguntas sobre cómo conseguir quererse en la diferencia y no tener que ser iguales para querernos, sobre todo con los padres, que sí, creo que he conseguido, no resolverlas porque no creo que se resuelva nada nunca, pero sí allanar mucho el camino.

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Tu personaje, Javier, se hacía de pequeño una pregunta sobre si nacemos o nos hacemos, ¿es tan vital saber la respuesta?

Siempre digo que nunca son importantes las respuestas sino que son importantes las preguntas, por eso estudié sociología porque creo que estaba lleno de preguntas.

¿Y por qué tu personaje estudia filosofía?

Porque es lo que quise estudiar y no me atreví por no tener salidas. Y dije, a ti sí, a ti te doy permiso. El mero hecho de preguntarte una cosa ya es más guay que tener una respuesta. Una pregunta genera movimiento, posibilidades, nuevos lugares.

¿Pero tú crees que tu generación se hace preguntas?... porque os han acusado de ser muy pasivos.

Lo de los ninis, soy un fiel luchador contra esta palabra. En el ambiente en el que yo me he movido todos son sisis, estudian, trabajan, se hacen sus masters, saben idiomas… ¿qué generación tiene más conocimientos en idiomas? Nos han vendido una historia de ninis que vivían de las subvenciones, que es una forma de ridiculizarnos, de quitarnos valor e intentar dejarnos en evidencia. Es un poco lo que hacen con Greta Thunberg, en cuanto despuntas hay que ridiculizarte, infantilizarte… la precariedad es un método de control social.

¿Y tú ahora qué eres: joven o adulto?

Yo soy muy joven y una de las cosas guays de ser joven y estar en el proceso de ser adulto es que todavía no tengo una certeza y posiblemente mañana escriba otro libro negando este. Eso me parece muy interesante.

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¿En qué momento uno es adulto?

Uno empieza a ser adulto cuando deja de quejarse y empieza a hacer. Yo estoy en el proceso. Cuando uno empieza a poner la mirada en lo demás y no en uno. Volver los ojos hacia fuera es ser adulto.

En ese proceso, dos pilares fundamentales, como refleja tu novela, son la familia y los amigos, ¿con qué prioridad?

Yo creo que la familia entendida como antes, como algo nuclear se ha perdido. Ahora socializamos más por otros medios, la escuela de los amigos. Creo que muchas veces los amigos hacen de familia. La amistad es una buena forma de ponerse peldaños y cuando te caes y te das la ostia, estás ahí para seguir construyendo.

En el caso de Javier y Emma raya la dependencia tóxica, ¿no?

De eso trata Jódete, muchas veces no somos capaces de no reproducir ciertos comportamientos y cuando te han amado de una forma, amas de esa forma y desprenderse de eso es muy complicado. Aquí está el punto de Jódete que es criticar eso. Hay una frase en la novela: “que todas las generaciones intentan superar a las anteriores”, y creo que lo que me mola de mi generación es que no hemos nacido con el encanto de los vencidos, hemos nacido con otro encanto y eso me gusta.

¿Cuál?

El encanto de los que lo dan todo por perdido.

Qué derrotista…

No, estas películas en las que ha llegado al final, el héroe está moribundo, el malo va a ganar y en este momento cuando lo has perdido todo te das cuenta de que, no, es esto lo que quería. Habernos despojado de todo, de un futuro estable, de redes, de muchas cosas, nos ha hecho valorar lo importante, valorar el mundo que tenemos, los amigos que tenemos, valorar cómo cuidarnos, no explotarnos a nosotros mismos…eso es guay.

La generación Z es la que menos se droga, la que menos sale, la que más conciencia tiene del planeta, la que menos sale, es una versión mejorada de la nuestra

En ese concepto de que cada generación ha de superar a la anterior, tú que has estado en contacto con esos adolescentes… ¿les ves capaces de superar a vuestra generación?

Sí, porque además, con las nuevas tecnologías nacen más aprendidos. Estos bebés que pasan los libros como si fueran iPads. La generación Z es la que menos se droga, la que menos sale, la que más conciencia tiene del planeta, la que menos sale, es una versión mejorada de la nuestra. Creo que la movida a la que más tienen que enfrentarse es a la contrarrevolución, es un temazo que está ahí y, sobre todo, es contra las mujeres. El tema del feminismo es muy complicado, por eso me interesa tanto, es irresoluble y creo que plantea muchos debates morales que les va a tocar responder a ellos. Hemos allanado el terreno de la no discriminación, de la intersección, de muchas cosas pero normalizado el asunto, ahora, lo interesante, es darle una explicación a esto. Ya sabemos que no se puede discriminar a los transexuales pero ahora hay que ver cómo incluimos esto dentro de la teoría de género, de la teoría queer y eso les toca a ellos.

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Hablas de esa normalización pero Javier es un homosexual no aceptado… ¿todavía no está tan normalizado, entonces?

Todo el mundo me dice eso, ‘a vosotros os ha tocado todo lo bueno’. Pero no, para nada, a mucha gente le sigue pasando. Es una idealización decir que ser gay es una cosa aceptada. En España hay mucho trabajo que hacer. Por mucho que hagamos este camino de normalizar hay un tema muy jodido y es que el capitalismo quiere una reproducción, quiere un sistema en el que las mujeres cuiden del hogar, está muy bien montado. Como tú eres incapaz de reproducirte por tus propios medios, no eres válido y este trauma que todas las personas LGTB sufren, hay que resolverlo. Siempre está el dilema de la diferencia. Es un trauma necesario.

El sexo todo lo cura, eso sí que es muy de la juventud, ¿no?

Sí, el sexo todo lo cura y es una buena forma de decir cosas que no te atreves a decir con palabras.

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¿Y el amor es el que crea las inseguridades o esas vienen de serie?

No, vienen de serie. Creo que el amor hace posible vivir con ellas.

Otra de las reflexiones que recoge tu novela es esa necesidad de tener un objetivo en la vida, ¿cuál es el tuyo?

Creo que seguir creando y hacer el mundo menos hostil.

El bullying marca pero, ¿te hace crecer con más fuerza?

Es un temazo. Hubo un tiempo en la que Asier Etxeandía compartió una foto en la que decía que el bullying le había hecho más fuerte y hubo mucho debate en torno a esto y yo lo critiqué mucho porque le veo un punto de sado. A lo mejor es una invitación a sufrir que no hay por qué hacerla. Pero creo que el bullying es una oportunidad para que tú no hagas bullying a los demás.

Hablas de selfies y stories como una obligación millennial pero yo os veo muy cómodos en esta obligación, ¿no?

Sí, es un ambiente en el que nos movemos, es una herramienta que es un brazo mío pero sí es cierto que, a veces, parece que está ahí la necesidad y crea ansiedad no hacerlo y sales de un sitio y dices ‘no he hecho ninguna foto’ y crea un trauma y creo que hay veces en las que hay que olvidarse un poco de las redes. El esperado comportamiento social media, hay que olvidarse un poco de él.

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Dices que os han vendido unas expectativas muy altas que no se han cumplido pero las redes van un poco por ahí, ¿no?

Sí, una de las cosas que yo critico a mi generación es que nos hemos creído el relato. Hemos construido un relato paralelo que es el mismo. El relato era estudia, aprenderás, crecerás, trabajarás, serás mejor, la vida es una carrera. Y en lugar de decir, no, la vida no es una carrera, vamos a intentar entender esto, lo que hemos hecho es hacer ese discurso nuestro y convertir la vida en una carrera, ¿dónde?, en las redes. Nos hemos comido el relato y los hemos reproducido en otros lugares. Somos a veces nuestro peor enemigo.

De hecho, tú recoges la idea de que las miserias son las que nos hacen conectar pero, sin embargo, compartimos en redes nuestra mejor cara, no esas miserias, ¿no?

Creo que quererse en el éxito es muy fácil y lo interesantes es ser humilde. Yo he escrito Jódete y crece, he hecho una novela y la obra de teatro pero yo todos los días voy a un trabajo alimenticio, de cara al público, para sobrevivir y no me da vergüenza, no me da vergüenza decir que he trabajado de camarero, porque son cosas de mí y que me hacen ser yo. No soy ese tipo de actor creador que dice que siempre está creando porque es mentira y no ayuda en nada. Critico a muchos actores que cuando hacen una película y les preguntan cómo has llegado hasta aquí y dicen ‘estaba en el colegio, en un recreo, y vino la directora de casting más famosas de España y me vio comiendo una manzana y me dijo, es él’… ¿por qué mientes? Llevas toda la vida haciendo castings, has sufrido muchísimo, cuéntalo, es interesante para los demás. Es difícil, se sufre, se lucha y eso es algo bueno, y mola.

Encontramos referentes como La residencia de estudiantes o Xavier Dolan, junto a otros como Carlos Sobera o Embrujadas… eso dice mucho de los pocos prejuicios que tienes, ¿no?

Sí, yo creo que esto de la alta cultura y la baja cultura, ya no funciona. Un día voy a ver la película de Hanna Arendt y después, como es el día del espectador, me pongo a ver Generación Z, de zombies, comiendo palomitas y sintiéndome super guay. Creo que no hay por qué separar, es como Hannah Montana y Miley Cyrus.

Hablas del actor que se ponía canciones buscando emociones, ¿te ocurre?

Sí, muchísimo.

Háblame de tres canciones asociadas a tres emociones.

En la obra aparece Turnedo, de Iván Ferreiro y creo que el sentimiento es despedirse que es muy complejo, ese largo adiós constante que tenemos en la vida, despedirnos de ser un niño, un adolescente, un estudiante…ese trauma constante de despedidas.

También sale Hell to the liars, que es una canción que para mi generación es muy guay porque habla un poco del mundo adulto que se siente en reuniones corporativistas y decide cómo va a ser nuestro futuro, y ese sentimiento es la rabia.

Y sale Pop de La oreja de Van Gogh que es una crítica al postureo máximo y ahí, el sentimiento es la risa, la comedia y la crítica, mamarracha total.

Mencionas a Iván Ferreiro que en la novela aseguras que es la voz más bonita de España, ¿le has hecho llegar ese piropazo?

No, pero me estoy acercando mucho. El otro día en la radio, había estado él la semana anterior, tenemos que enviarle el libro.

En la novela hay mucha música: London Grammar, Joe Crepúsculo, La casa azul, The Drums, Carolina Durante... un abanico poco mainstream, ¿es lo que se acerca a tus gustos?

Crecí escuchando grupos que la gente no solía escuchar como The Strokes o Arctic Monkeys. Luego me di cuenta de que había mucha gente que lo escuchaba pero no en mi entorno.

¿Dónde descubrías esa música?

Mucha en películas, recomendaciones de hermanas mayores y Spotify que es una maravilla.

Luego compartes ese consejo de que cuando no te sabes una canción dices 24, 25 haciendo playback y das el pego, ¿eso te funciona?

Es buenísimo, es real. Me lo dijo una travesti de Chueca, una mítica, no sé si Nacha La Macha o alguna de estas, que me dijo, cuando no te sepas una canción, coges el ritmito de la música y dices 24,25,24,25 abriendo mucho la boca y te funciona con todas las canciones, yo lo he hecho muchísimas veces. He ido a muchos conciertos acompañando a alguien y no me he escuchado el disco y dices ‘a ver qué pasa’, todos ahí cantando y tú no y dices ‘¿yo no? Yo el que más’.

¿Eres más optimista o pesimista?

Aunque la gente que lea la novela piense lo contrario, me considero más optimista. Creo que vamos a acabar con Vox, Trump es un error en el camino y, a partir de ahí, todo lo demás. Somos uno de los países de Europa que más posibilidades tiene de avanzar.

¿Doble final, porque no podías elegir, para que lo haga la gente o porque el final feliz es relativo?

El final feliz es relativo y, sobre todo, que uno puede elegir intentar escapar de eso pero la realidad al final siempre te encuentro y dudo que haya un lector que se quede en el primer final.

¿Qué mensaje le lanzarías a tu generación?

Mensaje de ser críticos, no dar nada por sentado y siempre hay una oportunidad de cambiar y mejorar.


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