Entrevista con Haifaa Al-Mansour, la primera directora de cine en Arabia Saudí

La cineasta estrena 'La candidata perfecta', una cinta feminista en un país donde hasta hace dos años las mujeres ni siquiera podían conducir

Entrevista con Haifaa Al-Mansour, la primera directora de cine en Arabia Saudí

La cineasta saudí Haifaa al-Mansour acude al estreno de 'La candidata perfecta' en los cines Golem de Madrid, el 4 de marzo de 2020 / Getty Images / Pablo Cuadra

No es solo la primera mujer en dirigir cine en Arabia Saudí, sino la primera persona en estrenar una película en aquella remota monarquía absoluta. Básicamente porque la industria del cine saudí era inexistente hasta que llegó ella: antes de 2018 las salas de cine estaban prohibidas. Por eso el logro de Haifaa Al-Mansour es doble: ha sorteado las barreras del machismo imperante en una sociedad islámica ultraconservadora y ha potenciado la visibilidad del Séptimo Arte en un país donde ciertos sectores aún consideran el arte un pecado mortal.

Al-Mansour está casada con un americano, no lleva velo y es una persona muy cálida y cercana que se desenvuelve perfectamente en inglés. Un espectador occidental podría esperar en ella una mujer radical y militante que enarbole la bandera del feminismo como un arma incendiaria. Pero ella es justo lo opuesto: moderada, pacífica y comprensiva con quien piensa diferente.

Es sosegada, no quiere generar polémicas y prefiere tender puentes a construir muros. ¿Acaso tiene otra manera de conseguir cambios? Ella no cree en los cambios radicales, sino en la apertura progresiva. Porque las sociedades conservadora deben aceptar poco a poco el progreso. Al-Mansour opta por dialogar antes que criticar la misoginia de una sociedad que hasta hace un año no permitía conducir a las mujeres o dejarlas viajar sin la aprobación de su "tutor legal".

Este viernes, a dos días de la manifestación del 8M, se estrena en España La candidata perfecta, la historia de una doctora que trabaja en un hospital y que, ante la falta de medios económicos para construir una carretera hacia el centro (un símbolo de esa mano tendida al diálogo), se presenta a la alcaldía local con el objetivo de mejorar la vida de las personas. Una cinta arriesgada pero para nada radical; feminista pero sin llegar a ser polémica; cómica pero llena de rabia ante la impotencia y la injusticia de ser menos visible por el mero hecho de ser mujer.

Cuando rodaste tu primera película, La bicicleta verde (2015), dijiste que no querías romper radicalmente con tu cultura, sino que tratabas de entablar diálogo. ¿Consideras que tu cine ha generado un cambio de mentalidad en la sociedad saudí? ¿Estás consiguiendo tus objetivos?

Absolutamente. En esta película hay mucho humor, música y corazón. Buscaba que fuese una experiencia cinematográfica integral. Creo que contar una historia debe ser entretenido y a veces, por supuesto, es complicado encontrar tu voz. Es un reto. Pero creo que lo más importante es cómo lanzas tu mensaje, y el humor, para mí, es una de las mejores vías para conseguirlo. No trato de confrontar nada, sino de establecer un diálogo y que entre todos podamos encontrar soluciones para nuestros problemas vitales. Seguro que habrá gente conservadora que no quiera ver una película dirigida por una mujer, pero también creo que hay mucha gente dispuesta a escuchar.

¿Qué dificultades has experimentado para hacer la película?

Las mujeres cineastas tienen que trabajar mucho en cualquier lugar del mundo para poder demostrar que son capaces, pero en Arabia Saudí hay un problema añadido: la logística. No encuentras a mucha gente que esté entrenada para hacer cine. Además, conseguir financiación es complejo porque hay pocos lugares para estrenar tus películas [hasta 2018 los cines estaban prohibidos].

¿Con qué obstáculos te has encontrado por el mero hecho de ser mujer? Amenazas, impedimentos, baches...

Diría que ser una mujer y hacer historias me ha permitido que la gente se sienta atraída por escuchar mis historias, así que eso ha sido una herramienta. Pero también encuentras a gente que dice: “Yo no voy a poner esa película aquí. ¿Por qué debería hacerlo?”. Después, ellos aprenden que yo les respeto y que quiero que también tengan éxito con el estreno, tanto como yo. Quiero que me quieran y que quieran trabajar conmigo. Ganarme su confianza. Porque una mujer cineasta tiene que ganarse la confianza de los hombres. Ellos no te la dan automáticamente. Ahí no existe el beneficio de la duda: hasta que demuestras que eres capaz nadie te cree.

La directora saudí Haifaa Al-Mansour acude al preestreno de 'La candidata perfecta' frente a los cines Golem de Madrid, el 4 de marzo de 2020 / Getty Images / Pablo Cuadra

Pero habrá algunos temas que sepas que no puedes tratar bajo ninguna circunstancia...

Cuando preparé el guion sabía que había una serie de limitaciones. No puedes usar cierto lenguaje ni de desnudos, por ejemplo. Trato de entender de qué puedo hablar y de qué no y sortear esos obstáculos para mostrar el mensaje a través del subtexto. Mucha gente lo aprecia y lo entiende. Soy crítica con la cultura y la situación de la mujer, pero lo hago de tal manera que nadie se sienta ofendido. Ellos tienen sus reservas. Si las mujeres queremos un cambio real creo que debemos ser pacientes y trabajar duro. El cambio que viene de golpe puede tener consecuencias negativas; es mejor construir la sociedad desde abajo a través de la educación, el arte y la filosofía. Lleva mucho más tiempo pero a largo plazo merece la pena.

¿Crees que hay mucha gente que está abierta a los cambios y no lo manifiesta por miedo o realmente hay una mayoría social ultraconservadora? ¿Percibes cambios en los últimos años?

Los cambios están llegando muy rápido. Hace dos años las mujeres empezamos a conducir. Cuando arrancamos el rodaje ella [se refiere a la actriz protagonista] no podía venir a grabar porque necesitaba el permiso de su guardián. Las mujeres no pueden trabajar sin permiso de sus maridos o padres. Eso ha cambiado. Ahora las mujeres pueden hacerlo. El país ha dejado de estar segregado y hay muchos lugares en los que las mujeres pueden sentirse más libres.  Toma tiempo que la sociedad acepte ese cambio como propio y abrace esos valores. Arabia Saudí proviene de una ideología islámica extremadamente conservadora: las mujeres deben cubrirse enteras, no hay arte, no hay música. El cambio debe ser gradual. Y aunque haya cosas repentinas, como que la mujer pueda conducir, no todo es inmediato. Aun se dice eso de  "mi hija no coge el coche porque es noble y limpia y porque conducir es para chicas que quieren salir ahí y hacer cosas”. Ese pensamiento está, pero va cambiando poco a poco.

¿Qué significa para ti la igualdad real?

El equilibrio real. Yo soy una feminista, pero hay una cosa del feminismo contra la que trato de luchar, y es que veamos a los hombres como un mal absoluto que solo trata de oprimir a las mujeres. Yo trato de romper con ese estereotipo: en mis películas no pinto a machos que abofetean a las mujeres y las tratan de controlar sin dejarlas salir. Eso no es verdad. Hay hombres suaves que apoyan a sus hijas y que quieren que triunfen en la vida, que están a gusto cerca de sus seres queridos. Eso no implica que sean menos masculinos.

¿Qué diferencias esenciales encuentras entre la vida de una mujer saudí y una europea? ¿Qué es lo que más te sorprende cuando sales fuera de Arabia Saudí?

Creo que la cultura occidental es muy diferente. Cada cultura tiene sus complejidades. Lo que noto es que las mujeres se enfrentan a los mismos retos allá donde estén. Vemos madres trabajadoras que quieren ayudar a sus hijos, que se preguntan si deben hacer esto o esto otro, que quieren pasar más tiempo con su familia. En fin, esas cosas las encuentras en cualquier lugar. Es increíble ese sentimiento de hermandad femenina que une a diferentes mujeres de distintos países. Somos muy similares en muchas situaciones: nos enamoramos, luchamos por nuestro lugar en el mundo, por nuestra familia. Claro que las mujeres occidentales tienen muchos más derechos, libertades y éxitos políticos; esa es la tarea pendiente de Oriente Medio. Pero a otro nivel hay muchas cosas que compartimos todas en nuestros viajes vitales. Eso debería unirnos y conseguir que nos apoyemos unas a otras.

Tus padres querían que fueras una doctora. ¿Es el personaje principal una especie de alter ego?

No, qué va. Realmente refleja a mi hermana número doce, Myriam, que es doctora y es exactamente igual que el personaje: muy mesurada y esquemática. Y mi hermana número once es una chica muy festiva y jovial, que es su opuesto. Hay una relación de hermandad en la que se inspira la película.

Al final de la obra hay una victoria a medias, un poco amarga. ¿No es quizás un poco complaciente?

La victoria absoluta es muy difícil de conseguir. No es una meta realista. Tenemos una historia colectiva como mujeres, y eso incluye éxitos y fracasos. No debemos tener miedo a los fracasos. Eso no significa necesariamente que por salir ahí fuera y luchar vayamos a ganar. El verdadero éxito y la victoria está en el camino, en el viaje al autodescubrimiento personal que se consigue. Requiere mucho coraje hacer ese camino y comprender que será difícil.


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