Amor y sexo en tiempos de coronavirus

"En mi 'Gran Hermano' de dos, además de mucho amor, hay roces y discusiones"

Amor y sexo en tiempos de coronavirus

Amor y sexo en tiempos de coronavirus / Getty Images

Este artículo es personal e intransferible

Esto de estar en cuarentena es una faena. La lucha contra el coronavirus nos ha confinado en casa, obligándonos a todos a estar recluidos entre cuatro paredes hasta nuevo aviso. Esto es una faena por muchas razones. En mi caso (como el de otros muchos) no tengo la posibilidad de ir a mi pueblo para ver a mi familia. Tampoco puedo ver a mis amigos, ni si quiera a los que viven a cuatro manzanas. Incluso me han prohibido subirme a la tarima de cualquier discoteca para perrerar "la tusa", lo cual es una lástima.

Pero lo peor de todo es que sin el ritmo frenético de la redacción, las prisas del metro y las cañas del after work, hay más tiempo para usar la cabeza, más tiempo para pensar, y yo llevo unos días dándole muchas vueltas a cómo el bichito COVID-19 nos está trastocando todas nuestras rutinas, incluidas las afectivas.

Yo vivo con mi pareja, somos felices y comemos perdices de vez en cuando. Pero ambos teletrabajamos y, como otros muchos tortolitos, nos vemos las caras muchas más horas de lo que estamos acostumbrados. Intentamos respetar los horarios y el espacio de trabajo de cada uno. Todo para mantener la magia y que no se apague la llama de la pasión. No me está costando porque hacemos un buen equipo, pero hasta en las mejores familias cuecen habas y en mi Gran Hermano de dos, además de mucho amor, hay roces y discusiones.

De estos primeros días de cuarentena (ya van siete) estoy sacando algunas conclusiones. La primera de todas es que hay que armarse de paciencia, sobre todo si, como yo, la calle te pierde. Al igual que estoy recurriendo a la tecnología para echarme unas risas/cañas por videollamada con familiares y amigos y siguiendo en Youtube las rutinas de ejercicio de Patry Jordan (uno ya no tiene 18 años), también estoy intentando ser un poco creativo en lo romántico. Soy besucón por naturaleza, así que  no me cuesta. Pero intentamos seguir manteniendo las costumbres.

Seguimos, por ejemplo, mandándonos Whatsapps de vez en cuando para ver cómo vamos en el curro o para soltarnos alguna guarrada con la que ir allanando el terreno. También hemos montado un huerto en la terraza, por aquello de seguir creando vínculos, y bailamos “la tusa” mientras cocinamos, porque bailar "la tusa" nunca está de más. Bebemos vino. No diré mucho para no parecer que tengo un problema, pero brindamos cada vez que pensamos cualquier plan para este verano. Porque el verano llegará, y todo esto habrá quedado relativamente atrás. Hacemos lo que viene siendo el amor y no la guerra, porque creo que la clave para una relación a tres (mi novio, la crisis del coronavirus y yo) es eso.

No me olvido del sexo (el folleteo para los que son provincianos como yo). También en el frote hay que darle a la imaginación y ponerle más ganas de lo habitual. El kamasutra es variado, una casa tiene muchos rincones y el porno da muchas ideas, pero no diré nada de lo que esconde mi mente calenturienta porque es +18 y quiero seguir pareciendo un periodista serio. Lo que sí diré es que, al final, soy de los que prefieren pensar en un baby boom que en un divorcio (una de las frases más repetidas de la semana), aunque solo llevo una semana en cuarentena y tampoco descarto utilizar próximamente la versión premium y gratuita que ha puesto en marcha Pornhub. Porque el sexo individual sigue siendo igual de importante en pareja o sin pareja y la ducha siempre será un buen lugar en el que refugiarse y quererse uno mismo.

Ojo, que no estoy dando lecciones ni consejos. Son solo las cosas que se me pasan por la cabeza en estos tiempos del coronavirus que me están poniendo más sentimental, intenso y cachondo de lo normal.


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