Tres teorías para explicar el final de ‘El hoyo’

Las posibles respuestas al complejo puzle de Galder Gaztelu-Urrutia

Antonia San Juan en El Hoyo teorías película explicada

Antonia San Juan en una escena de 'El hoyo' / Netflix España / Imagen promocional

Galder Gaztelu-Urrutia no solo ha conseguido que El hoyo sea la película de Netflix más vista en España y Estados Unidos durante marzo, sino que ha dejado a toda una legión de seguidores con los sesos devanados.

No solo por la macabra y visceral brutalidad que muestra durante hora y media de metraje, donde toda suerte de maquiavélicos personajes tratan de sobrevivir alimentándose desde una plataforma repleta de comida, sino por la complejidad del desenlace (no hace falta advertir que en este artículo habrá SPOILERS).

Al final de la película el personaje interpretado por Ivan Massagué, Goreng, consigue llegar con la ayuda de su nuevo compañero, Baharat (Emilio Buale), a la última planta del hoyo, la 333. Allí, malheridos tras el desafortunado encontronazo con dos hombres unos niveles atrás, encuentran a la niña que Miharu (Alexandra Masangkay) llevaba buscando durante toda la película.

En este momento las teorías comienzan a distanciarse unas de otras.

El descenso como Renacimiento espiritual

La primera teoría, y en la que yo personalmente me apoyo, sostiene que Goreng y Baharat han muerto mucho antes de llegar a la plataforma 333. Ambos quedaron seriamente tocados tras la pelea con los asesinos de Miharu y, según esta hipótesis, ninguno de los dos llegó tan abajo.

Por tanto, la niña sería una suerte de imaginación de un Goreng convaleciente que muestra cómo le habría gustado que terminase la historia: encontrando a la pequeña, dándole la panna cotta y subiéndola en la plataforma. "Lo importante es el mensaje", no para de repetir Baharat durante el descenso.

Según explicó el propio Gaztelu-Urrutia, lo importante no es si Goreng y Baharat consiguen revertir el sistema a través de sus actos, sino la revelación simbólica que su rebeldía significa para ellos mismos a nivel interno. Volverse contra el sistema y tratar de cambiar las cosas transforma el espíritu de Goreng, y ese es el mensaje último de la película: encontrarse a sí mismo, atraverse a plantar cara a la injusticia para cambiar el mundo.

De ahí que se suela comparar El hoyo con una experiencia de transformación espiritual de corte religioso. Esa especie de crucifixión voluntaria –en sentido evidentemente metafórico– por una causa mayor le serviría a Goreng para salir de ese purgatorio de almas perdidas y llegar al cielo, a Dios.

De hecho, otra teoría muy interesante apunta a que El hoyo es el purgatorio en el que las almas deben expiar sus pecados para salvarse o condenarse definitivamente.

Si hacemos una comparación bíblica con el Nuevo Testamento, vemos que Jesús de Nazaret tuvo que ser crucificado y morir para bajar a los infiernos y, posteriormente, renacer como Cristo e ir al cielo. De hecho, hay quien toma en broma a Goreng por un Mesías por querer iniciar ese acto de solidaridad voluntaria.

Goreng hace algo parecido: desciende los niveles en la plataforma para ayudar a los más desfavorecidos, pero en el camino tiene que hacer frente a toda suerte de asesinos despiadados y personas inhumanas transformadas por la avaricia y el egoísmo (y también por necesidad extrema, consecuencia de un sistema de clases injusto).

Finalmente, cuando llega abajo del todo, ya muerto (o en trance), consigue enviar el tan ansiado mensaje a la Organización, que no es otra que Dios: la niña –su alma– asciende en la plataforma hasta llegar arriba.

Esta teoría se apoya en dos pilares esenciales: primero, que al hoyo no entra nadie menor de 16 años, tal y como le explica Imoguiri (Antonia San Juan) a Goreng; y, segundo, que es físicamente imposible que la pequeña hija de Miharu se haya mantenido viva tanto tiempo, sin a duras penas alimentos y en tan buen estado físico.

La interpretación materialista

Según esta otra teoría, todo lo que ocurre en El Hoyo es real, y tanto Baharat como Goreng consiguen llegar al nivel 333 y encontrarse con la niña. Baharat muere desangrado, pero su compañero consigue colocarla en la plataforma y enviar el mensaje. Entonces él perece rodeado de los fantasmas de Imoguiri y Trimagasi (Zorion Eguileor), que no paran de atormentarlo.

Goreng envía el mensaje... ¿Y luego qué? Aquí las interpretaciones también varían: por un lado, hay quien dice que El hoyo quedaría completamente neutralizado después de que la organización del recinto reciba el mensaje. Alguien ha conseguido superar los 333 niveles, ha llegado abajo del todo y ha conseguido revertir el sistema. Es momento de salvarlos a todos.

Esta teoría, honestamente, tiene poco sentido. De hecho, aunque el propio director confesó que habían grabado un final alternativo con la niña llegando arriba, fue desechado porque no encajaba en el montaje final de la película.

La interpretación simbólica

Siguiendo la estela de la interpretación religioso-espiritual, otros espectadores han considerado que la película tiene un mensaje simbólico dedicado a las nuevas generaciones, y que la niña representa el poder de la juventud, la única capaz de cambiar un mundo de avaricia, odio y egoísmo exacerbado.

Todo el proceso de El hoyo es una metáfora sobre la sociedad en la que vivimos, y esa estructura vertical representa precisamente la estratificación de clases: los "ricos" que viven arriba disfrutan de toda suerte de manjares, pero las clases más bajas, los "pobres", no tienen ni para comer y deben comportarse como animales –y hasta comerse unos a otros– para sobrevivir.

Un sistema fútil que además no es estático y que representa la volatilidad del sistema: los ricos pueden volverse pobres si tienen "mala suerte" y los pobres pueden transformarse en esos "ricos" egoístas y glotones. De ahí que sea el egoísmo, intrínseco en la naturaleza humana, lo que mantiene y perpetúa esa construcción social. Una idea parecida a la que planteaba Bong Joon-ho en Parásitos.

Por eso hace falta que alguien, un Mesías, un Cristo moderno, venga a la Tierra a salvarnos de la maldad y pueda enviar un mensaje universal que transforme la sociedad. "Nosotros somos los portadores, ella es el mensaje", llega a decir Baharat, que viene a decir: "nosotros (¿el arte? ¿el cine?) somos solo una herramienta: son las nuevas generaciones quienes deben destruir la injusticia).

Quizás esta interpretación sea algo maniquea y muy extremista en su planteamiento, pero El hoyo es precisamente una película provocadora, violenta, oscura y desagradable que trata de removernos las entrañas y la conciencia. Y al igual que hicieron las palabras de Jesús retratadas por los evangelistas, chocan profundamente con el establishment de la época.

Esta interpretación simbólica guarda una estrecha relación con la espiritual-religiosa del principio. Ambas son complementarias; no se excluyen mutuamente.

Y vosotros... ¿Con cuál de todas os quedáis? ¿Tenéis una propuesta diferente?


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