Elísabet Benavent: “El mercado cultural va a cambiar, a lo mejor hay que reinventarse y esforzarse más”

Hablamos con la autora de ‘Un cuento perfecto’

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent nos da las claves de 'Un cuento perfecto'. / @betacoqueta / Instagram

Si hablamos de literatura contemporánea en nuestro país uno de los nombres claves en estos momentos es el de Elísabet Benavent. Con paciencia y talento ha logrado convertirse en un referente de la literatura romántica con más de dos millones de ejemplares vendidos de sus novelas y, hay que reconocer que, en cifras literarias, eso es una pasada.

Ha logrado una legión de seguidores muy fiel que aumenta con cada una de sus publicaciones. Este 8 de mayo se estrenará la serie de Netflix basada en su primera saga y ya está trabajando en el guion de la adaptación cinematográfica de otras de sus novelas.

Más allá de la literatura ha logrado crear comunidad y es que su revisión de la literatura romántica, alejada de los clichés del género, ha logrado situarla en la cúspide. Y encima, ella es una de esas chicas que resultan un amor y hacen fácil una conversación.

Si leyendo una de sus historias una se siente entre amigas, hablando con ella, también, y eso es todo un lujo del que no he querido privarme.

Un cuento perfecto vuelve a sumergirnos en una historia de amor de esas que nos demuestran que nada es como nos lo contaron y que sobre nuestras vidas decidimos nosotros. El concepto de éxito, las imposiciones sociales o los prejuicios clasistas son algunas de las claves de este nuevo trabajo que ha enganchado ya a miles de lectores.

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Margot es una chica que lo ha tenido todo en la vida al nacer en una familia de buena posición. Tiene un buen trabajo, dinero, y el novio perfecto. Pero todo se descabala y se cruza en su camino David, un chico de clase media, sin recursos ni un futuro estable. Les une el mismo interés por recuperar a sus ex parejas, pero en el camino hacen una serie de descubrimientos que les cambia la vida.

Sacar libro y cambiar la gira de firmas por un encierro en casa ha tenido que ser un shock… ¿qué es lo que echas de menos de la locura en la que se iba a convertir tu vida en estos meses?

Es todo en general. Cuando se moviliza la editorial para una gira de estas hay un montón de personas implicadas y nos hemos quedado con una cara… la verdad es que se nos cayó en diez días toda la programación del año. Se echan mucho de menos los viajes, la experiencia de una firma, tener la oportunidad de presentar Valeria en el Festival de Málaga…ha sido todo juntito.

Tenías un año muy cargado de proyectos…

Pensaba que era el año profesional más importante de mi vida, en plan, este año tengo que esforzarme más, va a ser agotador, prácticamente no voy a tener días, pero va a valer la pena y el año que viene ya descansaré. Pero el cosmos, el mundo, la vida, llámalo como quieras, tiene maneras muy curiosas de enfrentarte a la realidad y darte una bofetada a dos manos.

Pasa esto, nos quedamos en casa y nos da pensar, ¿a qué reflexiones te ha llevado esta situación?

Me ha dado por pensar que no vivimos, que sobrevivimos, vamos sobre la marcha, nos metemos en una especie de espiral en movimiento y no nos hemos parado a pensar si vamos en la dirección en la que queremos. Me da por pensar que, igual todo esto se queda luego en agua de borrajas, pero me da por pensar que voy a intentar al menos cambiar parte de mi vida. Al final te da una bofetada y te da por pensar que estás en un viaje de ida, no hay viaje de vuelta y hay que optar por un carpe diem sano, no a lo salvaje, sino de disfrutar de todo porque muchas veces damos las cosas por hecho. Como estar en una terraza tomándote una cerveza, después de un día agotador, con unos amigos…lo das por hecho y ahora te encuentras aquí encerrado y piensas, la próxima vez que lo haga no pienso sacar el móvil del bolso a no ser para hacer un selfie. Voy a ser la más besucona del mundo.

Eso de meternos en una rueda que no nos deja tiempo para disfrutar y vivir es algo sobre la que ya reflexionabas con Margot, tu protagonista de Un cuento perfecto, ¿no?

Esto me lleva a ratificar la idea sobre la que di vueltas en el libro. Muchas veces estamos muy enfocados a cumplir las expectativas de los demás, pero no nos hemos parado a pensar cuál es nuestra propia idea del éxito. Esto ha venido a reforzarlo, pero Margot ya me había dado una semi lección al menos.

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Aun así, dio tiempo a que tu libro sacara tres ediciones en tan solo 4 días, ¿eso tiene que motivar, no?

Motiva mucho (risas). También te da la sensación de que le está pasando a otra persona, es una sensación de irrealidad. Es algo sobre lo que lucho normalmente. Por un lado, me permite tener los pies en el suelo y por otro lado a veces no disfruto todo lo que debería disfrutar las cosas. Pero la cosa es encontrar el equilibrio entre una cosa y la otra. Cada vez que mi editor me llamaba para decirme que había otra edición yo me lo tomaba a broma.

Tú estás leyendo mucho estos días y supongo que eso estará pasando con mucha gente, ¿esperanza para los autores?

Estamos esperanzados, pero por otro lado sabemos que lo que es la lectura, la acción en sí, ya estaba cambiando mucho. Ya no se consumía de la misma manera y esto creemos que va a reforzar este cambio, aunque no sabemos hacia dónde. El mercado cultural va a cambiar, a lo mejor hay que reinventarse y esforzarse más pero el libro sobrevivirá, sobre todo en tiempos difíciles que es un billete para viajar, te puede llevar a donde tú quieras, y es un billete barato, además.

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¿Estás aprovechando para escribir lo próximo?

Que va, no puedo. Cuando la realidad pide tanta atención es imposible. Para mi escribir es un acto de empatía total porque te tienes que meter en una vida que no es la tuya y tienes que imaginarlo todo, desde los espacios hasta las emociones que pasan por la historia y cuando la realidad te existe tanta atención, me está siendo imposible. No sé si dentro de una semana habré aterrizado un poco más y podré escribir, pero por ahora está complicado. La nueva idea está planteada desde hace un par de meses a la editorial y tengo incluso título, pero por ahora, no sale.

Aunque lo que estamos viviendo parece más el argumento de una novela de ciencia ficción, en este momento surrealista hay mucha historia de amor también, ¿podría inspirar una de tus novelas?

¿Sabes lo que pasa? Creo que lo quiero dejar atrás cuando esto termine. Me lo dice mucha gente por redes sociales, una historia de amor entre vecinos, por los balcones, una historia de amor tal, pero es que creo que lo que más falta nos hace es salir de esto y soñar, por lo menos lo que me pide a mí el cuerpo y tampoco puede forzarlo. Quién sabe si dentro de dos años lo rescato y tiro por ahí, pero por ahora, no.

¿Cuál es el gesto de amor más impactante que has visto en estos días?

Son muchísimos. Yo soy, además, una persona muy llorona y me paso el día llorando. La semana pasada era el cumpleaños de un niño del barrio, que nos vemos todos los días aplaudiendo en los balcones, y su madre avisó, ‘oye, que es su cumpleaños’, y todos los vecinos cantándole cumpleaños feliz. Fue muy emocionante. Mis vecinos de al lado son personas muy mayores y justo el día que se instauró la cuarentena vino a instalarse uno de sus hijos porque él se rompió la cadera hace un mes y necesita a alguien que le ayude a hacer ejercicios. Todos los días escuchamos religiosamente tres veces cómo le ayuda a hacer los ejercicios y me parece un acto de amor tremendo.

Muchos siguen hablando de tus novelas como literatura romántica, pero eso es simplificar mucho, ¿no?

No tengo problemas con la etiqueta romántica. Creo que las etiquetas, en general, sirven más para limitar que para otra cosa. A alguna gente le llama la atención, por ejemplo, la contraportada de un libro, pero si le ponen, imagínate, ciencia ficción, si no es aficionado a la ciencia ficción, no se va a animar. Yo no demasiado amiga de las etiquetas, pero tampoco me molesta que digan que es literatura romántica porque es comedia romántica contemporánea y no pasa nada. La que sí me molesta mucho es la etiqueta de literatura rosa, literatura para mujeres, eso sí que me empieza a molestar más porque creo que tiene una connotación negativa.

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Al final, tus novelas, que tienen mucho de amor, también tienen mucho de otras cosas. Por ejemplo, aquí abordas el concepto de éxito que no es igual para todo el mundo… ¿tú has llegado a una definición clara?

No, pero por lo menos creo que lo que más claro que me ha quedado es que no es inamovible, va cambiando cada día, igual que cambiamos nosotros a medida que vamos viviendo. No podemos agarrarnos a una idea general de éxito porque no la hay y en cada momento de la vida, el éxito es una cosa.

Tu protagonista es una niña rica… así, a priori, no es el tipo de personaje que hubiéramos asociado contigo, ¿te costó encontrarla?

Me costó empatizar con ella y hacerla humana. Hacer que fuera entendible para todas esas personas que no hemos vivido circunstancias como las suyas. Me asustaba que no empatizara la lectora con ella. Es difícil, una niña rica que lo ha tenido absolutamente todo en la vida y se rebela contra eso, puede causar rechazo. Pero mi pelea era rebajar el prejuicio que tenemos todos de las clases sociales y demostrar que debajo de la piel somos todos iguales y que las circunstancias que nos toca vivir no determinan lo que somos de manera inamovible. Era una guerra contra las etiquetas.

Margot y David están en las antípodas… ¿un ejemplo más de que los polos opuestos se atraen?

Fíjate que no creo que los polos opuestos se atraigan, creo que siempre se tiene que tener un espacio común, algo en lo que ambos se sientan un poco en casa. Pero sí es verdad que nos atrae lo desconocido entonces, lo desconocido nos pone a prueba, en situaciones y escenarios en los que no nos habíamos visto y hace que nos conozcamos a nosotros mismos fuera de nuestra zona de confort, y por esa parte sí es posible que lo contrario se atraiga, pero es más bien una atracción a lo que nosotros mismos somos en otras condiciones.

Una de las cosas interesantes es que a diferencia de lo que suele suceder aquí el personaje desvalido no es ella sino él.

Me apetecía jugar un poco con los típicos roles del chick lit, de la comedia romántica donde siempre se suele situar a ella en una situación de me estoy buscando en la vida, no me encuentro, estoy desvalida… y el momento histórico en el que estamos ahora, hay que desvincular a este tipo de situaciones del género. Nos encontramos en las mismas situaciones hombres y mujeres. Todos nos encontramos en algún momento en el que no sabemos hacia dónde vamos, no tenemos ni puñetera idea de quiénes somos ni quién queremos ser ni sabemos cómo resolver nuestros problemas y eso va más allá del género. Me apetecía jugar, me apetecía que una mujer fuerte, quizás a la que han intentado anular de muchas maneras, tiene algo por dentro que sabe que tira por ella.

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Otra idea que sacamos es que no siempre tenemos claro cuál es el amor que más nos conviene y si lo que sentimos realmente es amor o no… Sería más fácil si hubiera una definición más objetiva, ¿no?

Sí, pero creo que concepto del amor es imposible que quepa dentro de una definición objetiva porque no hay cosa más subjetiva que el amor. Cada persona quiere de una manera diferente y en cada momento de nuestra vida necesitamos que nos quieran de determinada manera. Lo que sí es más objetivo y habría que implementar de una manera más categórica es el amor por uno mismo. Mi padre siempre ha dicho que la caridad bien entendida empieza por uno mismo y creo que es la lección que tenemos que ir aprendiendo, que es imposible que queramos bien y nos quieran bien si no hacemos el ejercicio previo de aprenderlo.

También tratas el tema de las imposiciones sociales y las presiones de grupo, ¿por qué nos siguen marcando tanto?

Somos seres sociales y crecemos en sociedad y creo que hay un cierto miedo a salirse del grupo, a llamar la atención de alguna manera, a despuntar por arriba o por abajo porque tenemos miedo a ser señalados. Nos han hecho creer que tenemos que luchar por ser normales cuando nadie es normal y la normalidad no existe. Deberíamos decir lo habitual y lo habitual, qué importancia tiene, lo habitual simplemente es algo que se da más que otra cosa, pero creo que estamos un poco subyugados por esa idea.

Ella está prometida con Filippo que, a priori, parece el hombre perfecto… pero llegas tú para quitarnos la idea del príncipe azul como el final feliz de las perdices.

Es el anti cuento, lo de Un cuento perfecto es bastante irónico porque en realidad se aprende que no hay un cuento perfecto, no hay príncipes azules, nadie va a venir a salvarnos porque yo no conozco a ninguna mujer que quiera ser princesa. Estamos en una lucha diferente y Margot también tiene que aprender ese camino porque ni siquiera Filippo que es muy bueno sobre papel, lo es para otra persona.

Y hablando de príncipes azules, también tenemos madrastras malvadas. Eso es muy Disney.

En este caso ni siquiera es madrastra, es madre. Todas las mujeres sabemos que la relación materno filial es muy intensa y puede ser maravillosa o muy complicada. No utilicé a la madre por la fábula de la madrastra, sino porque quería mostrar un personaje estuviera muy debilitado por esa idea que le había inculcado su madre, pero no por la idea en sí sino porque había sido su madre. A veces las personas que más cerca tenemos son las que más facilidad tienen para hacernos daño. Yo tengo una relación magnífica con mi madre y cuando nos peleamos es porque somos exactamente iguales pero muchas veces vemos que muchos de los prejuicios que desarrollamos en nuestras vidas nos vienen inculcados casi de cuna. La madre de Margot es un personaje vacío, super plano, es una persona que no se va a poner en duda jamás y que está muy orgullosa de estar en la parte de la balanza en la que está. Y Margot se ha hecho preguntas desde niña y se la ha castigado desde niña por hacerse esas preguntas.

Recoge esa educación que se le ha dado a muchas mujeres…

Nos han educado a no hacernos preguntas, cásate pronto, ten hijos pronto, se te va a pasar el arroz, te vas a quedar para besar santos, calladita estás más guapa, todas estas cosas que arrastramos un poco y se nos han inculcado socialmente. En mi casa jamás me han dicho todas estas cosas, me han dicho todo lo contrario: aprende a cambiar una rueda de coche para que no necesites a nadie, aprende a valerte por ti sola, no elijas a nadie porque lo necesites sino porque quieras que comparta tu tiempo o tu vida, pero también estamos educados por una sociedad y arrastramos muchas cosas sin darnos cuenta… vas a ser la loca de los gatos, eso a mí que me gustan mucho los gatos, me duele más.

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Uno de tus fuertes son los personajes secundarios que no son simples adornos, aquí las hermanas también tienen lo suyo…

Me lo pasé muy bien con las hermanas porque, además, están hechas un poco a imagen y semejanza de dos amigas mías que son hermanas. No en lo físico pero esas anécdotas que acumulan, estas son dos tremendas y cuentan muchas anécdotas que superan la ficción y son un poco mi homenaje a mis amigas, Bea y Jasmine y tienen una relación super interesante, super rica, muy dulce, maravillosa. Siempre les quise hacer unos personajes a su imagen y semejanza y Candela y Patricia son un poco ellas, pero no en cuanto a su manera de ser, pero sí en lo divertido.

Aquí le plantas una relación a la hermana mayor con un chico mucho más joven que ella… a eso todavía nos cuesta acostumbrarnos.

Yo creo que se van quitando tabúes, pero somos nosotras mismas las que los tenemos que ir quitando porque a quién le importa… si a ella le va bien, qué más da. Se suele decir, es que las mujeres son más maduras que los hombres pero no soy amiga de generalizar, a cada persona le irá bien con las decisiones que tome siempre y cuando las tome porque las ha querido tomar.

En cuanto a la música de tu novela… ¿elaboras una playlist previa?

Va surgiendo. Siempre escribo con música. Muchas veces utilizo canciones a modo repetitivo para crear una especie de ruido blanco que me ayuda a concentrarme un poquito más y a veces la historia la pide. A lo mejor no es música que estoy escuchando en el momento, pero, por ejemplo, si están en el local donde trabaja David pues me pide que suene el tema de moda… cada personaje tiene como rasgo de su personalidad la música que le gusta. A mí me pegaba muchísimo que David en su juventud y su caos se aferre a los clásicos de los 80, era como una contradicción muy bonita de él. Ese rasgo ya marcó parte de la banda sonora del libro.

Recuperas a The Moffats… eso es muy generacional.

Sí (risas). Surgió en la despedida de soltera de mi amiga Laura que, de repente, dije ‘¿os acordáis de los Moffats?’ y sólo se acordaba una. Nos pusimos a cantar en mitad de la calle y nadie se acordaba de la canción y fue divertido y nos acordamos porque mi hermana decía ‘pero si tienen cara de rata’. Nos gustaron mucho durante un verano, pero luego fuimos más de los Backstreet Boys. Pero creo que hay cosas que han marcado una generación y que te hacen mucha gracia. Cuando tenías 13, 14 o 15 años te crees que te van a marcar toda tu vida. El año pasado, con 34 años, me fui a un concierto de Backstreet Boys con mi mejor amiga y me lo pasé como una niña. Hay que rescatar estas cosas.

Tienes tus apuntes de urban con C. Tangana y Paloma Mami o Rosalía…

Va marcándolo el momento. Cuando escribo quiero que sean lecturas, además de muy verosímiles, que estén ancladas muy en la vida que nos rodea, y no pueden ser ajenas a la música que está sonando a nuestro alrededor. Tiene el hándicap de que se pueden quedar muy obsoletas, pero bueno. Ahora que hay tanta producción cada vez se van quedando atrás antes porque hay mucha novedad y se queda obsoleta pronto la banda sonora pero la ancla a un momento que le da como referencias y color alrededor.

¿Harry Styles es un ‘must’?

Siempre es un ‘must have’, lo tengo incluso en la carcasa del móvil. Yo soy muy fan de Harry Styles. Me regalaron la carcasa unas lectoras en Gran Canaria, que todos los años me regalan una y la voy renovando. Este año voy a tener que aguantar con esta un tiempo más.

¿Te gusto el último disco de Styles?

Me encantó. El primero me había gustado mucho, pero en este segundo creo que ha sido más libre aún y que ha hecho lo que ha querido y por eso quizás, me gusta más.

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Annie B Sweet, Leiva… ¿son regalos que te haces?

Son cositas que me gustan, joyitas que tengo en el corazoncito y me gusta escuchar en mis momentos y no es difícil que traspase el papel y acaben siendo importantes para los personajes.

En Un cuento perfecto le has puesto cara a David, Dylan Rieder… ¿dónde le conociste?

No lo conocía, lo vi en Pinterest. Un día trasteando me encontré con las fotos y dije ‘Dios mío, si es David’, porque me estaba costando muchísimo ponerle cara. Pero luego hay una historia muy triste detrás y es que Dylan murió en 2016 de una enfermedad larga, muy joven, con 28 años, y fue como ‘Dios mío, qué tristeza más grande, tiene que ser David’, fue en plan, voy a hacerle un homenaje.

Y a Filippo, Alexander Sakrsgard…

Me encanta desde True Blood.

¿En serio habría alguien en su sano juicio que le diría no a Alexander Sakrsgard?

(Risas) Yo no. Pero creo que es un poco el más difícil todavía. Si el príncipe azul de este cuento imperfecto, no era absolutamente perfecto, el personaje de Margot lo tenía mucho más fácil. Hay que ponérselo más difícil a Margot porque cuanto más difícil lo tenga más honesta va a ser su respuesta al final.

Alexander Skarsgard, la cara de Filippo en 'Un cuento perfecto'. / Gary Gershoff/Getty Images

¿Y ella quién sería?

No conseguí ponerle cara. Yo creo que todas somos un poco Margot.

Con Un cuento perfecto viajamos a Grecia, ahora que no podemos hacerlo físicamente… es una vía de escape, ¿no?

Yo creo que sí, los libros tienen esa habilidad, esa magia. Te pueden llevar no solo donde quieras y cuando quieras, sino que te pueden hacer viajar incluso en el tiempo sin moverte del sofá de tu casa. Por eso mismo tengo esperanza para el sector del libro después de todo esto porque creo que pueden llegar a ser nuestros mejores aliados.

No sé si con este encierro has paralizado todos tus proyectos o sigues embarcándote en nuevas cosas, tú que no paras.

No he parado, es imposible parar del todo porque hay montón de cosas que siguen en funcionamiento. Tengo proyectos chulos que todavía no se han comunicado, hay cosas que han surgido durante este período, pero parar del todo no es posible y lo agradezco. Si hubiera tenido un parón total me hubiera subido por las paredes.

Has probado con la pintura… pronto vemos a una protagonista artista.

Fíjate, en la siguiente novela el mundo del arte contemporáneo es muy importante y es posible que me haya lanzado por eso. Y hasta aquí puedo leer.


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