Jöel Dicker: “El amor nos da la inspiración y la fuerza para escribir el libro más vendido de la década”

El autor de ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ publica nueva novela

Jöel Dicker

Jöel Dicker lanza 'El enigma de la habitación 622'. / Cristina Arias/Cover/Getty Images

Jöel Dicker ha vendido más de 9 millones de ejemplares de sus novelas que han llegado a más de 42 países. Se ha convertido en un referente del género policíaco y el punto de inflexión fue La verdad sobre el caso Harry Quebert que acabó convertida en una serie de televisión.

Este suizo de 34 años al que muchos consideran un prodigio de las letras y al que tratan de quitarle la etiqueta de autor de best seller, aunque lo sea, lanza nueva novela: El enigma de la habitación 622. Un entramado de enredos en la sede de un banco suizo que termina con un asesinato que es el que investiga el escritor que va a convertir el caso en una novela.

Es un thriller, pero también una novela de amor y sus más de 600 páginas harán las delicias de muchos lectores que ya han convertido su obra en una especie de religión en la que nada es lo que parece. Su forma de enganchar con el misterio es adictiva y es difícil resistirse.

Sobre su nueva historia, la música que escucha cuando escribe, la cuarentena, el racismo o el amor, nos ha desvelado varios destalles vía zoom.

Te describen como joven prodigio, el principito de la literatura negra… ¿qué te generan este tipo de calificativos?

No hay que creer tanto lo que dicen los periódicos. Cuando oigo eso, me gusta, evidentemente, porque prefiero oír eso que lo contrario, pero soy consciente de que soy un autor joven que tengo mucho todavía que aprender. Tengo la suerte de tener un público que me sigue y me lee y estoy agradecido, pero todavía tengo mucho trabajo que hacer y eso me ilusiona y me emociona.

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Cuando uno publica un éxito como La verdad sobre el caso Harry Quebert, ¿su objetivo es superarla o con acercarse vale?

Superarlo o ir más allá… no necesariamente. El éxito de Harry Quebert fue muy particular, fue el encuentro con el público. Ese encuentro con los lectores ocurrió de repente. El libro salió y tuvo un éxito brutal, en España y en todas partes. Es como un flechazo, que te quedas maravillado con ese encuentro con alguien que no conocías. Ocurre lo mismo con un libro, te maravilla, y de repente aprendes a descubrir al autor. Sé que los lectores a los que les gustó Harry Quebert y que preferían leer a ver la televisión, que se leyeron 600 páginas en dos o tres días, cuando llega algo nuevo, se preparan para tener ese mismo sentimiento, tienen esa expectativa y no existe ese enamoramiento de la primera vez, pero hay otro tipo de relación más sólida que va evolucionando y se va consolidando.

He leído que escribes con música, ¿es eso cierto?

Sí es cierto, escribo con música y no sé si es música que me inspira, pero que utilizo para crear esa burbuja y encerrarme en mi mundo, en el mundo de la literatura y de la creación, es el jazz. Escucho mucho jazz porque no hay palabras en general y es muy eficaz para encerrarse en uno mismo.

¿Y también es cierto que te levantas a las 4 de la mañana para escribir?

Cuando escribo, sí. Cuando estoy en la fase de escritura de un libro me levanto muy pronto. Ahora que estoy de promoción y no estoy en ese estado mental creativo me levanto a la misma hora que cualquier otra persona. Me gusta meterme en el libro tan pronto.

En El enigma de la habitación 622 te conviertes en protagonista, ¿qué te acerca al Jöel Dicker de la novela?

En la novela hay un escritor que se llama Jöel, que escribe en Ginebra y que lleva a cabo la investigación, pero no soy yo necesariamente. Hay una parte de mí, supongo, pero no más en este Jöel que en otros. El lector es el que decide quién es quién.

En tus escenas, prima la relación con tu editor, Bernard de Fallois, ¿era tan fascinante como lo describes o lo has idealizado?

Todo el homenaje que yo rindo, es cierto, cada vez que hablo de él no es ficticio, es totalmente verdadero. Es una parte real de mi vida y los encuentros con él son reales. Es la única parte real. Cuando empecé a escribir este libro lo primero que hice fue relatar esta parte de la historia de Bernard después de que él muriera. Empecé a anotar todo lo que recordaba para no olvidarlo, todos los recuerdos. Luego pensé, ¿por qué no hago una novela y lo incluyo para rendirle homenaje, para que haya una novela alrededor de él? Me apetecía hacer eso.

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Él estuvo detrás de la serie que se hizo con La verdad sobre el caso Harry Quebert y dijo: “La serie es el nuevo cine”, ¿lo secundas?

Es cierto. El cine hace 15 años era superior a las series. Las hacían los actores que no habían logrado llegar al cine o actores de cine que ya habían dejado de ser demandados. Pero hoy no es así. Las series se han convertido en algo muy noble, se han convertido en un cine extraordinario porque son medios de cine, directores y actores de cine y la gente en su casa tiene pantallas y sistemas de sonido de gran calidad. Las series de televisión son como cine que dura muchas horas o temporadas. Es un cine de mayor envergadura que el cine convencional.

Para escribir una novela, dices que es fundamental hacerse preguntas, ¿cuál te hiciste tú para empezar con esta?

La primera pregunta era, ¿cómo puede rendir homenaje a Bernard?, ¿cómo puedo hablar de él y presentárselo a mis lectores para que lo conozcan?, ¿lo convierto en un personaje novelesco, hago un relato de quién era? Son las tres cuestiones que me planteaba y una parte es un relato verídico, mi relación con él y, a partir de ahí, creo una novela porque para mí era importante escribir una novela alrededor de él porque es la novela lo que nos ha permitido conocernos.

En la novela, Jöel se va para superar una ruptura. En la vida real muchos músicos dicen que el desamor es muy inspirador, ¿es tu caso o esa parte es ficción?

No, no necesito eso. Es complicado cuál es el mecanismo de la imaginación, lo que estimula la creatividad, la inspiración.

Muestras a un escritor muy obsesivo y solitario en el desempeño de su labor, ¿eres así?

Obsesivo sí, soy muy obsesivo. ¿Solitario? No me queda más remedio porque cuando uno escribe lo hace solo. Se trata de estar en un mundo que solamente nosotros podamos visitar, comprender, conocer y vivir.

Pero hay gente que esa soledad de escribir la va compartiendo a medida que va escribiendo, pero tengo entendido que tú hasta que no acabas no le enseñas a nadie tu historia.

No lo comparto porque me parece muy difícil explicar lo que estoy haciendo porque no sé muy bien hacia dónde bien y cuando hablo de ello, lo explico mal y la persona a la que se lo cuento me dice que no me entiende. Entonces, es difícil, tengo que tener el libro terminado para comprender qué es lo que he hecho.

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Macaire, uno de tus protagonistas, anhela dos cosas: Ser presidente del banco familiar y tener a Anastasia, su amor. Si tú tuvieras que elegir, ¿el amor o el libro más vendido de la década?

El amor, evidentemente. Es el amor lo que nos da la inspiración, el que nos da la fuerza para escribir el libro más vendido de la década.

En un momento de la novela dice que solo se quiere de verdad una vez en la vida, ¿realmente lo cree?

Es un sentimiento que puede repetirse, pero al repetirse lo modifica la experiencia anterior. Cuando uno ama con toda su fuerza, una vez, cuando está ciego de amor, está dispuesto a hacer todo tipo de concesiones, una entrega total… incluso siendo con la misma persona, hay una evolución y quizás eso acabe con esa persona y aparezca otra, pero la experiencia anterior está ahí y no digo que vaya a ser algo malo, pero sí diferente. Cuando es diferente y no se puede repetir, la primera vez hace que tenga algo único.

Creo que es la primera vez que sitúas la trama en tu ciudad, en Ginebra, ¿por qué?

Ginebra es donde vivo, donde he nacido y forma parte de mi identidad y es una novela que trata sobre la identidad y, por eso, quería hablar de Ginebra, de Bernard, porque forman parte de mi identidad.

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El sistema financiero suizo siempre ha creado mucha leyenda, ¿es para tanto?

No, no creo que sea para tanto, ni que sea tan alucinante. Hay una historia más misteriosa de lo que se corresponde con la realidad. Es una industria importante, un sector económico como cualquier otro que, en Suiza, es muy importante para su economía, pero, en realidad, es más divertido imaginárselo con intriga de lo que es, le da más encanto. No creo que sea tan interesante. En la novela es el decorado de la intriga.

También mencionas Madrid, ¿qué te genera nuestra ciudad?

Es una ciudad que me gusta en particular. Fui acogido por los lectores con mucho cariño. Me encanta ir a Madrid y me da mucha pena no estar ahora ahí para hablar de mi novela y no haber podido ir a la feria del libro de Madrid.

Creo que nunca he contado un chiste, no es algo que vaya conmigo, pero el de Picasso hasta podría contarlo en alguna ocasión, ¿recuerdas quién te lo contó?

No recuerdo.

¿Pero te gusta contar chistes?

Sí, sí me gusta, pero cuando oigo un chiste, se me olvida. Un chiste en la literatura es complicado porque cuando uno lo cuenta inmediatamente sabe si ha funcionado o no por la reacción de la gente, sonríe o pone cara de póker. Pero en una novela es muy diferente, uno lo escribe, te ríes tú solito, y al día siguiente, cuando lo relees, ya conoces el chiste y entonces, pierde la gracia. Cuando más lo lees, menos gracia porque ya lo conoces. Es difícil saber si tiene gracia o no.

Si esta novela la hubieras escrito ahora, ¿hubieras introducido mascarillas y distancia social?

No, pero es una pregunta interesante. Saber si el distanciamiento social y las mascarillas que tenemos ahora, van a durar dos o tres meses y luego nos olvidaremos de ello y seguiremos con nuestras vidas o, quizás, va a perdurar varios años. Esto es lo que hay que preguntarse. Si son dos o tres meses, si lo mencionas en un libro, se va a saber que estás hablando de este período específico, pero si va a durar varios años, si no hablamos de ello, nuestra novela va a estar desvinculada de la realidad. No tengo ni idea, pero evidentemente, esto va a desempeñar un papel importante en la creación.

¿Va a influir en el lenguaje literario, esta nueva normalidad?

No lo sé porque el ser humano es muy resistente y se le ve después de catástrofes terribles y dramáticas, atentados… retomar su vida y eso es muy bonito, forma parte de la naturaleza humana, que es maravilloso y somos capaces de recuperarnos y seguir con nuestras vidas como si nada. Eso es lo que nos permite seguir avanzando y no dejarnos aplastar por todos los miedos y angustias y cosas malas que ocurren.

No sé si en Suiza se ha vivido de una manera similar a España, pero, ¿cómo lo has llevado tú?

Ha sido una cuarentena menos difícil que en otros lugares porque hemos estado confinados voluntariamente pero el sufrimiento ha sido el mismo que en cualquier otro lugar. Sufrimiento de los comerciantes que han tenido que cerrar sus tiendas y que van tener que sufrir las consecuencias. Sufrimiento de la gente que ha tenido que estar encerrada en pequeños apartamentos, quizás con violencia de género, eso es muy inquietante. Niños que no han podido ir al colegio y quizás no tengan padres que puedan ayudarles en casa y que han perdido totalmente el año escolar. En términos globales, en la sociedad, ha habido mucho sufrimiento y espero que lleguemos a superarlo.

Además de la pandemia, en estos últimos días, el otro tema de actualidad ha sido el de las protestas antirracistas en Estados Unidos, ¿cómo lo ha visto?

Estoy horrorizado y aterrado por las imágenes que vienen de Estados Unidos, al mismo tiempo tampoco me sorprende porque no es algo nuevo. Desafortunadamente es una situación que existe en Estados Unidos desde hace tiempo, forma parte de su historia de violencia. La forma en la que el presidente de Estados Unidos trata a la prensa está poniendo en cuestión determinadas libertades y es muy inquietante. No hay que olvidar que una de las cosas más importantes que tenemos es el voto. Si vemos eso, tenemos que ser muy conscientes y responsables a la hora de votar.

En la novela dices que, “la vida tiene que ser una aventura”, ¿la tuya lo es o estás en ello?

Yo la vivo como una aventura. Quiere decir que es una vida que no es muy conformista, que no responde necesariamente a criterios de lo que es razonable o no, lo que está bien o mal, sino que es una vida que responde más a ese deseo de disfrutar de la existencia, no en el sentido de no hacer nada, sino de disfrutar de la suerte de estar vivo. Y de plantearse la cuestión de cómo podemos vivir la vida de forma diferente y no dogmática y no repetir una y otra vez porque así son las cosas. Pensar si podríamos hacer las cosas de otra manera y tratar de hacerlo. Vivir la vida como una aventura es tratar de hacer las cosas de otra forma.


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