Pedro Alonso, Berlín en ‘La casa de papel’: “En otra época, por este libro, me habrían quemado en la hoguera”

El actor nos desvela su lado más íntimo

Pedro Alonso

Pedro Alonso publica su nada convencional autobiografía. / Carlos Alvarez/Getty Images

Pedro Alonso se ha convertido en uno de esos actores que ha visto cómo su vida cambiaba con el éxito inesperado de La casa papel, una producción que se inició con vocación nacional y que ha trascendido fronteras y que ha marcado un antes y un después en todos los que han participado en ella.

Su personaje, Berlín, es uno de los más inquietantes y enigmáticos y para él, interpretarlo es como estar en un parque recreativo. Si el hermano del profesor está rodeado continuamente de un gran misterio, la vida del actor no se queda atrás. Pero ahora ha escrito su propia autobiografía. Eso sí, no de su vida presente. Esa la tiene también escrita pero no se ve con el valor de publicarla.

La que sí ha sacado a la luz, sin embargo, es la que recoge sus experiencias en una vida pasada durante el Imperio romano. Entonces era un soldado llamado Filipo que comienza un viaje de autodescubrimiento cuando conoce a Yilak, un revolucionario de la época.

Muchos pensarán que la historia es muy similar a la de Jesucristo y es inevitable con la educación que hemos recibido, pero El libro de Filipo no es una recopilación de dogmas de fe, ni la reivindicación de una religión. Es el viaje iniciático de una persona, que podríamos ser cualquiera, que necesita conocerse y salir del sistema para hacerlo con su propia perspectiva.

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Y Pedro Alonso presenta esta historia como no ficción, porque es su vida, una vida pasada, pero suya. Y la conoció gracias a una regresión que le propuso su chica, una hipnoterapeuta que conoció casualmente en París: Tatiana Djordjevic. Ella firma el prólogo y las pinturas hechas entre los dos.

Sin duda, con este libro Pedro Alonso descubre una parcela de su vida muy íntima que no todo el mundo va a entender. Pero está dispuesto a ser honesto y contar su verdad para abrir nuevas vías de comunicación que no son las más convencionales. Eso sí, sin tratar de convencer ni de justificarse.

Jaime Lorente, compañero de La casa de papel, estuvo acompañándote en la presentación de tu libro. Después de ver esa charla me imaginaba descansos de rodaje con charlas de mucha intensidad entre los dos, ¿era así?

Hay una fauna bastante explosiva en La casa de papel, hay corazones ricos e intenso, orígenes muy diferentes. Hay gente que merece la pena y una buena conversación siempre mola. Nos pasaron cosas muy intensas.

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No sé ni por dónde empezar… tal vez para contextualizar, ¿crees en la reencarnación?

Fíjate, qué pregunta… por mi trabajo personal, que se abre más y más a lo invisible, te diría que la meditación es aprender a respirar, básicamente, a respirar de una manera que te hace sentir la vida y lo que hay dentro y lo que hay fuera, de una manera más integral. Si te adentras en esa vía pueden aparecer otras disciplinas, en esa vía, yo metería también la pintura que tiene que ver con el conocimiento intuitivo, con la escucha, con algo que no es puramente mundano, al menos en mi casa. Yo he ido probando cosas a lo largo de mi vida y en un momento dado, me llegan las regresiones con Tatiana que yo viví de manera natural, aunque entiendo que ahora alguien puede llegar y decir ‘ahora te dedicas a hacer regresiones’. No me parecía una cosa muy extraña, sí muy particular. Antes de hacer las regresiones, no tenía una opinión formada a propósito de las reencarnaciones y creo que aún no la tengo.

Pero hiciste una regresión y conociste a Filipo…

Yo fui Filipo en cuatro regresiones y en el libro he hecho un ejercicio de transcripción y también de construcción. No me he inventado, técnicamente, nada. Lo que sí siento es que hay mucho más allá de lo que vemos. Estaba antes, estaba después y hay una inteligencia ahí fuera. La vida se renueva constantemente a cada paso. Algo me dice que esto no es el principio ni el final, pero poner palabras más allá muchas veces es un atrevimiento porque entra en el territorio de lo íntimo. Siento cada vez más que puede tener sentido, que hayamos vivido más de una vida, sí que puedo sentirlo, pero no lo puedo afirmar categóricamente y tampoco me interesa dar respuestas sagradas a lo espiritual.

Entonces Filipo eres tú en otra vida, ¿te reconociste físicamente cuando hiciste la regresión?

La regresión tiene un protocolo que viene a ser una especie de relajación que te pone en una frecuencia mental muy fronteriza entre la vigilia y el sueño, pero tú te acuerdas. Lo que luego haces es escribirlo o grabarlo para no olvidarte, como si fuera una borrachera, de la que vas olvidando los detalles. Pero tú lo vives o recuerdas, o por lo menos en mi caso, como lo haces en los sueños. La memoria no es la memoria ordinaria. Yo era Filipo y miraba como Filipo, pero no tengo presente cuál era mi cara. Ni siquiera tengo presentes muchas de las caras de los personajes que aparecían en las regresiones. Pero sí tuve diálogos enteros y tramos de acontecimientos en los que iban sucediendo las cosas y eso lo volcaba en los audios que me ayudaron de referencia para el trabajo. Más que lo concreto, te llega lo vibratorio.

¿Todo el mundo podemos someternos a una regresión?

Yo no soy experto en regresiones, pero entiendo que el único hándicap para hacer una regresión es que estés tan metido en tu cabeza que no sean capaz de soltar el control. Dicho esto, entiendo que es una vía meditativa y no agresiva o que te implique el consumo de algún tipo de sustancia que pudiera tener alguna influencia si tuvieras algún tipo de problema neurológico. Yo diría que es algo que podría hacer cualquiera, pero yo siempre digo que, si alguien va a hacer este tipo de viajes, viajes chamánicos con plantas, con sustancias, viajes meditativos, yo siempre aclaro dos cosas. Una está en el libro: Realmente aclárate cuáles son tus intenciones. Si son únicamente recreativas, no lo hagas. Si tienes una inquietud real pide y encuentra con quién hacerlo, tiene que darte confianza, que lo haga con respeto porque a veces se mueven cosas y eso conlleva controversia emocional y la persona que te acompaña es clave.

Les mandaba WhatsApp diabólicos a algunos amigos que se cachondeaban de mí.

Cuentas que fue tu pareja, hipnoterapeuta, la que te propone hacer la primera regresión al poco de conoceros, ¿tu fin era el de escribir un libro?

No, no, no, no, no… nada más alejado de mis intenciones. Sí que estaba escribiendo muy en marcha, empecé a escribir en los términos en los que estamos hablando ahora, hace seis años. Había hecho otros intentos en varios momentos de mi vida, pero lo hacía mal. Demasiado saturado de intenciones. Recuerdo que escribí mucha poesía en una época. Escribía cosas, pero desistí, me parece de los trabajos más complicado. Cuando lees algo que está bien escrito, todo es diferente, te lo digo desde mi experiencia como actor. Hace seis años empecé a escribir en el whatsapp de mi teléfono. Les mandaba whatsapp diabólicos a algunos amigos que se cachondeaban de mí y porque decían ‘tus whatsapp son una cosa de locos’. Y me di cuenta de que en whatsapp escribía sin filtros, de una forma muy alineada con lo que tenía en la cabeza. Abrí un archivo en mi teléfono. A propósito de mi vida, en clave de no ficción. Aquello creció y creció y aprecié que, por primera vez en mi vida, aparecía una voz claramente narrativa y escribí un libro que no he publicado porque no tengo el valor para hacerlo porque es muy expuesto, no solo para mí, sino para la gente que me conoce, que se llama Potro noruego.

Y entonces llegó El viaje de Filipo.

Se había habilitado una vía de comunicación increíble. Yo estaba en un momento de descomprensión absoluto, venía de hacer tres series seguidas, un año y medio grabando semana sí, semana también, en televisión puede ser muy intenso y, de pronto, algo me dijo que tenía que hacerlo con aquella persona y el libro vino después. Tuve un impacto muy fuerte según viví la regresión, Tatiana, también, porque nos parece una historia hermosísima. Yo pensé que podría ser un cuento, pero luego Tatiana me dijo, ‘¿sabes que podemos hacer más regresiones?’. ‘¿A la vida del mismo Filippo?’. ‘Sí’. ‘¿A voluntad, a un momento determinado?’. ‘No, tú no elijes el momento, pero puedes intentar volver a la misma vida’. Y lo hicimos cuatro veces y ahí dije, tengo lo que necesito y empecé a remar, a remar y a remar porque me di cuenta de que estaba escribiendo un libro, pero no era mi intención en un principio.

Decías que habías escrito una biografía que no has publicado. Aquí nos encontramos con otra biografía, de una vida pasada, pero biografía, al fin y al cabo, ¿en esta ocasión no te has sentido expuesto?

Muy expuesto. El potro noruego tiene nombres y apellidos reales de gente que conozco y quiero y eso lo cambia todo. Pero este libro también tiene un margen de exposición grande. Uno, por el tema, me meto en un tema sobre el que todos tenemos muchos prejuicios a favor y en contra y mi afán es neutralizarlos.

¿Has notado esos prejuicios con el lanzamiento del libro?

Pues fíjate, por ahora, no ha pasado casi nada de lo que yo esperaba que alguna voz podía poner en órbita. Dale tiempo. Yo creo que esto tendrá episodios. Hay gente muy susceptible. En otro momento, por el material del libro me hubiese metido en muchos problemas, en otro momento de mi historia. Pero yo no dejo de meterme a hablar de hipnosis regresivas, disciplinas que rozan lo esotérico, viajes íntimos de orden espiritual… al margen de que sea una historia que es de época, que tiene drama, thriller, western, es un libro iniciático y hablar en estos términos hace que mucha gente diga… Intento ser salvajemente honesto con el material que tengo entre manos.

Lo esotérico es casi materia kitsch y de zocos de bartillo. Igual que las drogas.

Todo lo místico y esotérico, en nuestro mundo de hoy en día, va, en muchas ocasiones, asociado a un desprestigio por la utilización que se ha hecho de este mundo espiritual, ¿crees que con razón?

Lo espiritual ha sido secuestrado por las religiones muy mezquinamente muchas veces. Lo esotérico es casi materia kitsch y de zocos de baratillo. Igual que las drogas. Estoy preparando un documental que, si sigue adelante, me permitirá viajar por diferentes países latinoamericanos y algún otro. A mí la cultura chamánica me ha interesado siempre como discurso y en ella, como en las culturas antiguas, se ha utilizado cierto tipo de sustancias para celebrar cierto tipo de ceremonias de limpieza y acceso a la conciencia y… fíjate lo que las drogas significan ahora mismo… han estado estigmatizadas. Casi todo este tipo de vías de acceso han sido muy mal defendidas, claramente estigmatizadas y sobre las que hay mucho desconocimiento y, sí, es verdad, sobre las que también ha habido muy mala praxis y mucho charlatán, y gurú de pacotilla, y loco y alucinado. Pero en el mundo actual también lo hay.

Muchos dirán que ahora tú eres ese gurú y charlatán.

Por eso va de la mano de un principio de honestidad con el que yo procuro ser muy implacable y, en esa línea, está lo que puede hacer que este libro te llegue profundamente o que sea una farsa. A alguna gente le va a dar igual, si está en el sistema racional. Pero, estamos viendo todos los días lo que implica estar muy encajonado en el sistema racional. La gente sufre, la sociedad contemporánea sufre, está muy congestionada y hay gente que está dispuesta a seguir aullando y reafirmándose hasta el final.

Pero, tú que has probado esas vías alternativas que te ayudan a evadirte y disminuir ese ruido que nos rodea, ¿has conseguido ser más feliz?

Quiero aclarar este término porque podría entenderse como que yo lo que quiero es alucinar o irme lejos, no pensar, no sentir… mucha de la medicina occidental, lo que pretende es eso. A ti te pasa algo y tú lo tapas. Mi intención es la contraria, descorrer el velo de lo íntimo con el afán de ver más ampliamente. Cuando uno se encuentra gente con una percepción muy sutil se da cuenta de que es algo que se entrena con mucha humildad, no es gente flipada, que diga ‘veo visiones del más allá’, que los habrá, sino que es una cuestión de percepción, de antena. Yo estoy intentando limpiar mis circuitos para sentirme más y estar donde siento que estoy y que me haga sentir de una manera mejor. Si lo haces, es curioso porque también es beneficioso para lo que te rodea y la gente que está contigo. Es una revolución. si quieres ponerte más fantástica, hay cosas que me han pasado que puedo contarte, pero creo que hay que ser muy discreto porque es muy fácil ponerse a contar grandes películas.

Yo no quiero crear una religión, yo no quiero crear un séquito de acólitos que se dediquen a hacer las cosas que yo hago.

¿Cuál es la experiencia más asombrosa que has vivido en este sentido?

Hay que tener cuidado a la hora de dosificar la información. Yo mismo en el epílogo del Libro de Filipo, hablaba de mis viajes latinoamericanos asociados al chamanismo y lo edité porque pensé que puede ser que un chico de 16 años lea esto y quiera hacer alguna de las cosas que yo estoy haciendo sin saber muy bien dónde se mete. Entonces, voy a hacer un documental para contar en primera persona, como un ejercicio de no ficción, un viaje por cierto tipo de lugares, entorno a ciertos tipos de vías meditativas que yo vengo practicando para que tú sepas lo que puede ser positivo en ese territorio, lo que puede ser negativo y problemático y para compartir mis herramientas y que tú busques las tuyas. Yo no quiero crear una religión, yo no quiero crear un séquito de acólitos que se dediquen a hacer las cosas que yo hago, no es mi interés.

Los que se han educado en una cultura cristiana (en nuestro país una gran mayoría) encontrarán paralelismo entre la historia de Yilak y la de Jesucristo, ¿coincidencia, fruto de tu educación en este sentido…?

Este es uno de los momentos en los que tengo que hilar finísimo. Cuando entré en la regresión era Filipo y me habían encargado una misión, alguien, todavía no sabía que era Yilak, que era maestro, un rebelde. Yo mismo entré en la historia hasta un punto en el que dije, ‘¿esta historia’ ¿conozco algo de esta historia?’. Lo que me pareció fascinante es que cuando me di cuenta de que esta historia podía tener otros ecos, yo ya estaba dentro y Filipo era un ser humano y Yilak era un ser humano. No era la voz de un sistema religioso que dice frases perfectas a toro pasado. No, era un ser humano, estaba en unas circunstancias de muchísima tensión, obrando, trabajando, moviéndose de una manera y dije, este es el regalo de este viaje, descubrir desde dentro lo que otros nos cuentan de una manera rígida que traiciona el corazón de lo que yo estoy sintiendo. Quería que a la gente le pasase lo mismo que a mí, que cuando ya esté dentro me digan, ‘ah, estoy en esta historia’ y sea cual sea su confesión, que tenga una visión propia y que, a partir de ahí, decidan lo que quieren. No quiero crear una religión ni decirle a nadie, esto es lo que tiene que ser.

En otros tiempos te habrían llamado hereje.

En otra época, por este libro, me habrían quemado en la hoguera, literalmente, en Europa, seguro. Y es flipante. Hace 300, 400 años me hubieran matado…uau…, pero, aunque sea fuerte decirlo, sigue habiendo represiones en el mundo en el que vivimos, sigue habiendo censura extrema de esa tesitura tan terrible en muchos lugares del mundo. Yo creo que si algo nos ofrece este momento tan delicado y tan sensible es una oportunidad para que cada uno se reajuste y eso es un ejercicio responsable porque hay mucha gente que está haciendo cosas muy duras, terribles, muy poco empáticas, muy poco respetuosas con el mundo en el que vivimos. La cosa es seria.

Es difícil competir fuerte con el sistema, pero claramente hacen falta voces que articulen un espacio diferente.

Yilak es un revolucionario que entiende las cosas de manera diferente a como se ven en el mundo en el que vive, en el tiempo presente, ¿hay cabida para un revolucionario así?

Creo que hacen falta, pero una cosa es decir ‘oh, qué persona más admirable era Nelson Mandela’ y otra cosa era tener a Nelson Mandela enfrente. A mucha gente se le llena la boca hablando de Nelson Mandela porque no les tocó en su país. Fue un tipo que, después de estar en la cárcel encerrado un tercio de su vida, después de haber visto cómo la sociedad dominante de Sudáfrica se había cargado a muchos de sus iguales, sale y se pone a dialogar con ellos para buscar un paradigma nuevo. ‘Mandela es paradigma de la paz’, ‘Mandela es un tipo maravilloso’... mete a Nelson Mandela en el congreso de los diputados diciendo lo mismo y Mandela sería un diablo, un traidor a la patria, un traidor a tu familia, un hereje. Se me ocurren muchas cosas que se le podrían decir a Mandela hoy mismo en un congreso occidental… o en el Parlamento catalán… y es Mandela, una figura irreprochable en términos políticos occidentales. Cada vez que alguien sale y dice algo fuerte y serio, la mayoría de la gente que comanda y pilota el sistema occidental, procura ningunearlo y empequeñecer su voz o encontrar un oscuro pasado. Es difícil competir fuerte con el sistema, pero claramente hacen falta voces que articulen un espacio diferente. El mundo en el que estamos viviendo ahora, en términos occidentales, me parece un pollo sin cabeza y la pandemia lo está revelando en cierta medida. Empiezo a detectar cosas que no nos hacen bien, que no quisiera para mi hija.

¿Qué tipo de cosas?

Que durante toda una vida no se vuelva a ver cómo sale y se pone el sol, que a ti y a mí ya nos está pasando. ¿Has visto salir el sol hoy? Que no estés conectado con el ciclo de la naturaleza es algo muy reciente y lo damos por normal. Abrazarse a un árbol, conocer las plantas que son fundamentales para tu nutrición, cocinar los bienes fundamentales y compartirlos con tu familia cuando los has sacado de la tierra, cosas muy elementales que ahora mismo hemos olvidado. Vivimos en un mundo que está desconectado del mundo, de los procesos de la vida en el mundo. Vives es una verdad adulterada, en un fake que hace que te parezca normal que tengas que producir ciertas horas a la semana, en unas condiciones terroríficas para morirte del asco dentro de no sé cuántos años, sin un apoyo mínimo de tu comunidad porque eres un paria… Hay cosas que han sido difíciles siempre, pero es verdad que hay imperios que han desaparecido y no vamos a ser los primeros ni los últimos. Y no quiero ser catastrofista pero no quiero ser buenista, ni un inocente, quiero ver dónde estoy y qué puedo hacer para cambiarlo.

Tú que eres muy reservado con tu vida privada, en el libro de Filipo recreas de una manera super cinematográfica en primer encuentro con tu chica, Tatiana, ¿te ha costado dar ese paso?

No lo he dado alegremente. Has tocado una paradoja que me va a ocupar muchos en los méritos personales. Soy un tipo con un sentido de la discreción fuerte, ni estoy yendo a veinte mil sitios, ni a veinte mil fiestas… tampoco es que lo esconda, sí que soy discreto con lo íntimo. Pero sí es verdad que todo mi trabajo de expresión personal, íntima, mis escrituras, mis pinturas, son lo contrario, son un ejercicio de exposición descomunal y, si todo va como parece que va a ir, es más a lo loco. Lo que voy a hacer con el documental a mí mismo me da un vértigo que digo, pero ¿yo qué necesidad tengo de meterme en este lío? Es una paradoja porque verás que me expongo mucho en la parcela privada pero también desde un ángulo. No hay un afán mínimamente morboso en mi aproximación, sí crudo a veces, pero no quiere decir necesariamente terrible, pero sí crudo. Pero espero que se entienda la diferencia entre la pornografía mediática de la comunicación presente en tantos medios y la honestidad de la comunicación íntima cuando tiene otro afán, porque es posible hacerlo y creo que lo cambiaría todo.


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