Pilar Palomero, directora de ‘Las niñas’: “A veces la educación que recibimos nos puede lastrar”

Al ritmo de Héroes del Silencio, OBK y Chimo Bayo, la película hace un retrato generacional en el contexto de la expo de Sevilla y las Olimpiadas del 92

Pilar Palomero directora 'Las niñas'

La actriz Natalia de Molina (i) y la directora Pilar Palomero (d) acuden al cocktail de presentación de la 23 edición del Festival de Málaga, en marzo de 2020, Madrid / Getty Images / Carlos Álvarez

Las niñas habla del puente entre la niñez y la adolescencia en la sociedad del 92. Estamos en Zaragoza, en un contexto de plena efervescencia cultural pero aún con una fuerte presencia de la educación católica. Celia, Brisa y sus amigas son alumnas de un colegio de monjas. Estudian matemáticas y preparan redacciones sobre la preservación de la castidad en el matrimonio. Una cultura tradicional y conservadora que contrasta con los éxitos de Héroes del Silencio, OBK y Chimo Bayo que suenan en la radio. En ellos las niñas escuchan letras que hablan de libertad; en el colegio, la Madre Superiora les prohibe hablar demasiado alto o salir de juerga y deben confesarse ante un cura que fuma como un camionero después de rezar el Padrenuestro. Un choque entre generaciones a las que separa un abismo.

Las niñas es una película que habla sobre las emociones de una "niña en proceso de aprendizaje que ve que su madre no es la persona que ella imaginaba, sino una auténtica luchadora, una mujer fuerte, como lo será ella en el futuro", explica su directora, Pilar Palomero, quien debuta en la dirección de largometrajes con esta hermosa reflexión sobre el traspaso de valores, a veces errados, de generación a generación. La película ya se ha alzado con la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga, concursó en la Berlinale y aún tiene un futuro prometedor por delante. De hecho, no nos extrañaría verla entre las principales candidatas de los premios Goya de 2021.

¿Cuánto hay de ti en esta película? ¿Hasta qué punto Las niñas es un retrato de algo que viviste, de los entornos que conociste, de las emociones que sentiste?

No llega a ser una película totalmente autobiográfica, pero sí tiene mucho de mis recuerdos y vivencias, especialmente de todo aquello que tiene que ver con la época y la sociedad del 92. La historia surge a raíz de encontrar un cuaderno de religión en el que apareció una redacción sobre la sexualidad al servicio del amor, que es la que se lee en voz alta en la película. Fui a hablar con mi familia y amigos y me di cuenta de que compartíamos una serie de recuerdos comunes que me resultaban curiosos por lo contradictorios que eran.

¿Qué papel crees que ejerce la religión en la opresión de la mujer?

Para mí la película plantea el viaje de Celia en un universo concreto, el que vivíamos en el año 92, con esa herencia con la que cargaban todavía nuestros padres y abuelos. No es una película que hable exclusivamente sobre la religión, ni una película centrada tan solo en la vida en un colegio de monjas. No busco criticar ni culpar, sino hacer una reflexión sobre las cargas que pasamos de generación en generación, cómo a veces la educación que recibimos nos puede lastrar y cómo ese lastre lo podemos transmitir a nuestros hijos y nietos sin darnos cuenta.

Pero sí que vemos que la religión, en este caso la católica, ha servido como elemento de represión psicológica y sexual. ¿Crees que las monjas son cómplices o víctimas de ese sistema?

Creo que todo el mundo trata de hacerlo lo mejor que sabe en función de la educación y los estímulos que recibieron cuando eran niños y niñas. Tanto su madre como la abuela de Celia tratan de hacer lo que creen que es correcto. Lo que pasa es que ese “ser correcto” es lo cuestionable.

Pero a Celia básicamente le están diciendo que es fruto del pecado. ¿En qué posición moral crees que quedan las personas que le inyectan esa idea?

Lo que hay que intentar hacer es educar de manera que un niño o una niña, cuando sea adulto, sea crítico y tenga la capacidad de que los mensajes no le influyan negativamente y que sea capaz de diferenciar. Esa es la base de todo. La posición moral de los adultos… En fin, tengo una opinión personal al respecto, pero no quiero que la película vaya por ahí. Prefiero que cada espectador saque su propia conclusión.

Celia es una niña muy callada que tiene una actitud casi búdica. ¿Crees que en cierto sentido es una maestra? ¿Qué nos enseña?

A mí me gustaría que se entendiera como una niña en proceso de aprendizaje que ve que su madre no es esa persona que imaginaba, sino una auténtica luchadora, una persona fuerte, y que ella también lo va a ser de mayor, aunque creo que ni siquiera Celia es consciente de todo eso en este momento. Ella vive y es. Nada más.

¿Crees que la fe es compatible con el feminismo y la idea del empoderamiento de la mujer en la sociedad?

Entendida de manera tradicional, no. Relega a la mujer a un lugar que es muy poco apropiado. Eso sí que está reflejado en la película. La propia redacción que lee Celia; ahí está todo. Sin embargo, creo que las cosas son moldeables y no niego que fe y feminismo puedan ser posibles y compatibles de algún modo. ¿La manera? No lo sé. Yo, desde luego, no la he encontrado.

Las niñas ha ganado la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga y tuvo muy buena acogida en la Berlinale. ¿Qué ha supuesto para ti, a nivel personal y profesional, este reconocimiento?

Una gran alegría, sobre todo porque el 1 de marzo veníamos de Berlín preparados para ir a Málaga, pero se tuvo que posponer por el confinamiento. Esto dio como resultado cuatro meses después de pura incertidumbre sin saber si Las niñas se iba a poder estrenar o no. Un miedo colectivo que hemos vivido todos. Pero tener que presentarla en Málaga... Eso lo vivimos con mucha felicidad. Si además el proyecto ha sido reconocido y el equipo valorado con esta Biznaga, la alegría es inmensa.

Se dice que trabajar con niños es uno de los retos más complicados al que puede aspirar cualquier cineasta. ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con un elenco principalmente compuesto por menores?

Maravilloso. Lo han puesto todo muy fácil. Nos los hemos pasado genial. Ni un solo problema. Ellas han sido muy generosas y disciplinadas y han estado muy comprometidas con el proyecto. Solo puedo decirte cosas positivas, no ha sido nada complicado.

¿Crees que hace falta un cine más reflexivo y social que hable sobre los problemas de nuestra cultura? ¿Tenemos una carencia de este tipo de películas?

No creo que sea una carencia. Las películas están ahí, lo que pasa es que no suelen ser las que más espectadores atraen y a veces encuentran muchas trabas para salir adelante.

¿Por qué esa falta de interés?

Porque existe ese debate que se asocia al cine como puro entretenimiento y no como cultura. Hay un tipo de cine que si no llama la atención, si no se vende como producto de consumo, la gente no sabe de su existencia. Hay una falta de promoción, también por culpa de los presupuestos, que son muy pequeños y no pueden optar siquiera a una buena publicidad, y eso hace que no llegue a muchos espectadores potenciales. Quien quiere ver ese tipo de cine lo puede encontrar hoy en día. Tenemos plataformas como Filmin, que son una maravilla.

Las niñas se estrenó en cines el 4 de septiembre de 2020.


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