Ernesto Alterio: “La muerte es un gran impulso, un motor para vivir con más intensidad”

El actor presenta la película 'Un mundo mejor', el retorno de Achero Mañas ('El Bola') a la dirección tras diez años de parón

Ernesto Alterio entrevista Un mundo normal

Ernesto Alterio posa durante la promoción de la obra 'Troyanas' en el Teatro Español de Madrid, el 7 de noviembre de 2017 / Getty Images / Quim Llena

Ernesto Alterio está a punto de cumplir 50 años. Medio siglo que coincide con uno de los mejores momentos de su carrera profesional. Un mundo normal es uno de los cuatro largometrajes que estrena este año. 2020 está siendo la fatídica fecha de la pandemia, pero también uno de los momentos en los que estamos redescubriendo más productos nacionales.

La película que presenta este mes, Un mundo normal, es un homenaje a aquellos que van a contracorriente y se saltan las normas por respeto a sus principios; una carta de amor dirigida a los que viven, sienten y sufren y a los que no se dejan invadir ni eclipsar por la rutina de un sistema artificial en el que la gente parece más preocupada de mirar el Instagram que a los ojos. Una película que revela que el ser humano, en su más pura esencia, no está hecho para obedecer dictámenes que no sean los de su corazón.

La trama de la película es argumentalmente sencilla pero compleja en sus emociones. La interpretación de Alterio, desnuda y auténtica. Es un viaje de autodescubrimiento y aceptación orquestado por almas disidentes. Una tragicomedia divertida y amarga que nos enfrenta a la finitud de la vida, nos recuerda la importancia del amor familiar y el respeto por las tradiciones; una película que nos abre las puertas del alma de un artista frustrado que pierde a su madre y duda sobre si cumplir su último deseo, tirarla al mar, o seguir "la normalidad" y enterrarla como cualquier otro mortal.

Un Mundo Normal trata de un grupo de personas que van a contracorriente y deciden ser auténticas por mucho que eso contradiga lo que la sociedad espera de ellas. ¿Qué es la normalidad y qué es lo que nos hace especiales?

Yo no sé si la normalidad realmente existe porque creo que todos somos profundamente singulares. Cada uno es de su padre y de su madre. Lo que pasa es que la normalidad a la que se alude en la película tiene que ver con lo que la sociedad tiene establecido por normal, esos patrones que el sistema nos encaja. Quizás la película sea más bien un canto a la singularidad, a tomar contacto con aquello que nos hace especiales, y eso tiene que ver con ser valiente y asumir los deseos propios; con mirar adentro y observar lo que uno realmente quiere.

¿Crees que vivimos en un mundo normal?

Yo creo que estamos progresando. Para mí es un gran sueño que podamos vivir todos juntos aceptando nuestras diferencias. A mí siempre me ha interesado la gente peculiar o la gente que ha ido por el margen porque creo que han sido quienes nos han hecho avanzar y nos han señalado nuevos caminos. No sé cuál es el concepto “normal”, porque si miras el mapa sociológico todo ha cambiado. Por ejemplo, el concepto de familia. El mundo también está en una situación de cambio y crecimiento. Además, estamos viviendo una pandemia completamente traumática. Entonces el concepto de normal no lo tengo para nada claro. Que el sol salga por la mañana, si Dios quiere…

La película es muy real, muy verdadera. En todo momento vemos a los personajes emocionalmente desnudos, sintiendo, riendo, llorando. ¿Hace falta más cine que hable sobre las personas corrientes y sus problemas?

A mí eso es lo que me encanta de esta película, justo lo que mencionas, aunque también disfruto de otro tipo de cine. Antes hablábamos de la diversidad. Creo que debe haber de todo. Pero en este caso concreto yo agradezco mucho el tono que tiene la película, que es algo muy buscado por Achero [Mañas]. Él buscó un tono que bailara entre la comedia y el drama, que no se fijara en un punto concreto entre esos dos polos, y eso requería de una verdad y de una interpretación despojada de toda impostura y artificio. Una actuación muy descarnada. También actuaba con la propia hija de Achero [Gala Amyach], que es su primera película, y eso le daba una naturalidad exquisita.

¿Este tipo de papeles tan cercanos a la verdad te suponen un reto interpretativo?

Todo tiene su reto, sus posibilidades y sus peligros. Depende de cada forma de expresión. En este caso concreto creo que el reto consistía en hacer atractivo y empático a un personaje que está en un momento muy complicado de su vida. Él se acaba de separar, su madre ha muerto y es como un fantasma. Es un personaje que puede llegar a ser incómodo por sus convicciones, por ser fiel a uno mismo. El desafío era hacer que el espectador conectara con él. Luego hay cierto vértigo en mostrarse descarnadamente porque supone un ejercicio de sinceridad.

¿Sientes algún tipo de identificación con el personaje? Se llama igual que tú, también se dedica al cine, tiene una hija más o menos de la misma edad, se ha separado hace poco... ¿Es una especie de alter ego?

Yo lo veo más cerca a un alter ego de Achero. Yo nunca hablaría así ni tendría esos conflictos. O al menos eso creo. Aunque sí que hay puntos en común: provengo de una familia de artistas, me dedico al teatro, al arte, tengo una hija, me he separado… Pero la manera de ser y de pensar es muy diferente de la mía.

¿Qué crees que podemos aprender de Ernesto y de su viaje?

Hmmm… Bueno, quizás que uno tiene que apostar por lo que desea, por ser uno mismo, por la importancia de los ritos respecto a la muerte y a despedirnos de un ser querido, por disfrutar de la familia. Yo creo que esas cosas son muy importantes.

Ernesto tiene una pequeña manía con su hija: no soporta verla encadenada a las tecnologías. Le pone enfermo que esté con la pantallita. ¿Crees que esta era de la saturación tecnológica y la sobreinformación nos separa precisamente de los vínculos familiares, del afecto y del cariño?

¡Hasta nos separa de nosotros mismos! No tenemos la medida justa del impacto que está produciendo. Por supuesto que trae cosas buenas: tener acceso a información variada, estar en contacto, etcétera, pero por otro lado hay un montón de cuestiones que te separan de ti mismo y de los demás. El paisaje que ves en el Metro o en algunas comidas familiares es desolador: todos con el móvil y la cabeza agachada. Te separa de la realidad, de mirarse a los ojos, de contarse las cosas a la cara. Es como una especie de burbuja ficticia donde cada uno vende una imagen que no es del todo justa.

¿Dónde ponemos la línea roja?

Habría que planteárselo. Si pasas más de dos horas al móvil seguidas, o si no puedes vivir sin ello, si te quitan una red social y no puedes continuar tu vida con normalidad, entonces ahí hay un enganche fuerte. Hay gente que es adicta. Me preocupa sobre todo en los niños y los adolescentes, que están creciendo con eso y les quita horas de juego, de correr, de relacionarse.

Otro tema que está muy presente en la película es la idea de la finitud de la vida. El enfrentamiento con la muerte y la aceptación de que antes o después nos vamos a ir de aquí. De hecho, hay una frase tremenda que dice, “cuando la vida se apaga la muerte se enciende”. ¿Crees que tenemos miedo a enfrentarnos a este tipo de historias?

¡Claro! Pero en el caso particular de Un mundo normal no toca estos temas de forma muy sesuda, sino que es mucho más ligero. En cuanto al tema de la muerte... Es una de las grandes cuestiones que nos atañe a los humanos. Todos acabaremos pasando por ahí. La muerte es parte de la vida y está bien saberlo. La muerte es un gran impulso, un motor para vivir con más intensidad y aprovechar el presente.

Se dijo que la pandemia iba a acabar sacando nuestro lado bueno, que seríamos mejores personas, y sin embargo vemos una crispación política enorme, movilizaciones de todo tipo de colectivos, ira en las redes sociales…

Yo creo que esto nos ha afectado a todos. Está en nuestra mano arreglarlo; es una oportunidad para crecer. Lo importante es que de aquí vamos a salir todos juntos. No queda otra. Es una oportunidad. También hemos tomado contacto con lo vulnerables que somos, y eso es algo bueno que tiene relación con el concepto de finitud que hablábamos; el mundo se acaba y podemos valorar más la vida, aprovecharla y disfrutarla más.

En los últimos meses te hemos visto en varios proyectos para Netflix, entre ellos Orígenes Secretos y la miniserie Alguien tiene que morir. Tú, que ahora mismo estás viviendo desde dentro este boom de las plataformas… ¿Cómo ves el futuro? ¿Dónde queda ese cine más pequeñito como Un mundo normal?

Es difícil saberlo porque este tipo de películas son algo que cada vez se da más raramente. Alguien tiene ganas de contar una historia y la pone en marcha, como Achero, pero eso son excepciones. Ahora los temas los deciden algoritmos y todo está cortado por el mismo patrón creativo. Yo creo que hay que seguir apostando por este tipo de cine. En mi caso soy un todoterreno y hago varios proyectos diferentes al mismo tiempo. De hecho, también disfruto con trabajar en series y otro tipo de propuestas, pero sí que es cierto que siento que habría que cuidar más del cine de autor.

¿Hay algún tipo de papel que te guste interpretar más que otros? ¿O un género en el que te sientas especialmente cómodo?

Es que cómodo… es algo que no busco. Si es cómodo desconfío.

Entonces motivador, que despierte tu llama.

(Silencio) … La verdad, ¿qué me gustaría hacer? Shakespeare, a lo mejor. El mercader de Venecia. El personaje de Shylock. Lo que pasa es que aún soy un poco joven (risas). Me gusta ese tipo de personajes. Shakespeare me encanta.

Un mundo normal se estrenó en cines el 11 de septiembre de 2020.


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