Malbert: “Escanes, María Pombo o Violeta Mangriñán ceden su imagen pública para que podamos reírnos de ellas”

El youtuber que no deja títere con cabeza ha sacado un libro

Portada 'No insultes, gilipollas'

Portada del primer libro de Malbert. / Foto cedida por Plan B editorial

No insultes, gilipollas. Así de contundente es el título del libro de Malbert en el que cuenta su experiencia personal en el mundo de las redes sociales. En los años que lleva dedicado a ellas ha encontrado en el insulto y las críticas a los personajes públicos, su panacea para ir acumulando seguidores.

Claro que también se han ido multiplicando sus detractores, sobre todo, los que viven con pasión Operación Triunfo y Eurovisión, dos formatos que ha seguido con intensidad y ha criticado sin ningún miramiento.

Ahora cuenta su historia. La de cómo un chico que empezó trabajando como profe de niños acabó en el mundo youtube y vivió los sinsabores de la exhibición pública. Unos comienzos con falta de madurez que le hicieron más fuerte y ganar cada vez más confianza en sí mismo.

Aunque su vocabulario soez es una de sus señas de identidad, reconoce que tras sus críticas hay siempre un mensaje que no todo el mundo está dispuesto a desentrañar. Tiene el descaro y el desparpajo para vivir del show business y la fantasía suficiente para ser todo un entertainment.

Y de todo eso, sin tapujos y con la vulnerabilidad del que cuenta su propia historia, habla en un libro que puede ayudar a entenderle un poco mejor.

No insultes, gilipollas… ya asumiendo la contradicción en el mismo título de tu libro, ¿no?

Exacto, de hecho, es un gag a lo que muchos haters o muchos seguidores que siguen mi trabajo, hacen conmigo. Me acusan de insultar mientras ellos me están insultando. Me dicen, ‘no critiques, hombre, gilipollas de mierda’. A ver, si tú también lo estás haciendo.

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Pero, cuando insultas, se supone que tendrías que estar preparado para recibir insultos y, sin embargo, he notado mucho dolor por esta cuestión en el libro, ¿no?

No deberían dolerme según qué críticas. Creo que hay formas y formas de criticar. Una cosa es hablar con tono sarcástico o irónico y otra cosa son las amenazas de muerte, las filtraciones de direcciones de domicilios… estamos hablando de cosas más graves. Al principio duele, es inevitable, porque, como cuento en el libro, no te lo esperas. Es un reflejo de lo que hay hoy en día.

Después de leer el libro me preguntaba, ¿hay un Malbert virtual y un Malbert físico y son muy diferentes o es el mismo todo el rato?

La esencia es la misma. Sí es cierto que hay una exageración, pero no es consciente. A mí siempre me han gustado las artes escénicas y, en cuanto veo el pilotito de la cámara encendido, me vengo arriba, adrenalina de show. Cuando he tenido un novio, una vez cada tres días, también he sido así de pasional. Tiendo a exagerar mucho las cosas. Sí es verdad que el Malbert a nivel personal es un poco más tranquilo pero la esencia de sarcasmo, ironía, critiqueo, ser una persona de barrio con palabras soeces cada dos por tres, ese Malbert existe y es el personal y el profesional.

En un par de ocasiones aseguras que has aprendido a amar el odio y no sé si ese es un buen objetivo, ¿no sería mejor erradicarlo?

Ya, pero piensa que cuando ves que los números empiezan a subir y estás cómodo creando el contenido, si tuviese que erradicar ese odio debería modificar mi personalidad, mi lenguaje y mi contenido y entramos en el debate de si estoy dispuesto a cambiar mi personalidad simplemente porque la gente tiene la piel muy sensible o se ofende muy rápido y no entiende mi tipo de humor. No, no estoy dispuesto a cambiar mi personalidad porque creo que es lo que me define. Me quedan dos opciones, aguantarlo y echarme a llorar o aprovecharme de ello y este libro es la prueba de que he elegido la segunda opción.

Pero, ¿te sientes responsable de fomentar ese odio en redes?

Detrás de cada crítica, de cada insulto, hay un mensaje. Por muy banal que pueda parecer un comentario, siempre hay algo detrás. Si yo critico a una influencer y la pongo de vuelta y media, me estoy riendo de ella, pero, ¿por qué? Esa es la pregunta que muchas veces la gente no se hace, se quedan con el gag o el sarcasmo, pero, ¿por qué está diciendo esto? A mí tampoco me gusta dejar el mensaje tan masticado. Si no eres capaz de entender lo que hay detrás, no es mi culpa.

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En la presentación te justificas diciendo que lo que tú haces es lo que hacemos todos solo que tú, en público y el resto, en privado. Puede que ahí coincida contigo, pero la diferencia está en los límites, ¿tú los tienes?

Sí que tengo límites. No los tengo a la hora de despotricar sobre personajes porque me da igual que seas el Rey de España o la cantante de Gran Canaria, con eso no tengo límites. Sí tengo principios. Yo siempre voy a defender la causa feminista y voy a ir contra la homofobia. Cuando veo gente que está abusando de su poder para hacer ciertas prácticas, tengo que denunciarlo.

¿Se puede criticar sin insultar?

Sí, totalmente. ¿Me apetecer hacerlo? No. A ver, hay que ser un poquito listos. Yo he estudiado marketing y publicidad. ¿Qué llama más la atención, decir ‘no, es que su tono de voz a mí no me transmite’ o decir, ‘parece que estés atropellando a 50 gatos en medio de una autopista’? Aparte, es que yo a mis amigas les hablo así.

En un momento del libro dices: “Si los viese en persona, obviamente jamás se me ocurriría ir a atacarles y decirles todo lo que pienso”. ¿Por qué de cara a cara, no, y en redes, sí?

Con eso lo que quería decir era que yo jamás voy a ir a provocar a alguien personalmente, tengo cosas más interesantes que hacer en mi día a día. Jamás iría a atacar y criticar directamente con esa euforia, una cosa es el show de internet y hay que saber separarlo de la realidad. Yo en la realidad, como persona adulta que soy, sí que le puedo decir ‘me pareces eres un payaso porque has hecho esto y lo otro’. En internet, hashtag show, hashtag fantasía, que es lo que es.

Tienes muchos frentes abiertos. Aparte de una gran cantidad de triunfitos y eurovisivos están Carmen Borrego, Violeta Mangriñán, María Pombo, Laura Escanes, LoveYoli, Cantora… y solo por mencionar algunos. ¿Eres capaz de encontrar algo positivo en todas estas personas tan televisivas?

Hostia, es que es difícil, es como buscar una neurona en una piedra… Bueno, sí, sí, sí…hay cosas positivas, si no, ¿de quién me reiría yo? Ceden su imagen pública para que podamos reírnos de ellos y eso me parece un acto bastante benéfico a nivel social.

Relatas el primer aluvión de insultos que recibiste en el que sufriste un ataque de ansiedad, ¿compensa?

Aquel día no compensaba, pero fue más por desconocimiento de ‘yo suelto lo que me sale de los cojones y luego me libro y me voy de rositas’. Era mi primer año y era como ‘soy invencible, me da igual, yo ataco a la gente y, no, no, no’. Mi poca madurez en redes sociales me hizo llevarme eso y en ese momento no compensaba. Pero es como la vida, aprendes a relativizar y a gestionar estos sentimientos que son igual de válidos que los positivos.

En el tiempo que llevas en redes has ido evolucionando. De hecho, tú mismo criticas tus primeros vídeos y confiesas que tus inicios fueron un intento de emular las vidas felices de los influencers, ¿no vivías mejor?

Bajo la ignorancia todo el mundo está mejor. Estaba más tranquilo, pero ¿a qué precio? A precio de no ser realmente yo. ¿Me merece la pena fingir alguien que realmente no soy por el simple hecho de estar tranquilo o prefieres tener estos batacazos y trifulcas por defender quién eres? Yo para adelante, yo no soy como otros artistas que no pueden decir lo mismo.

Resaltas la falsedad del mundo influencer y luego criticas los titulares que remarcan el lado oscuro de estos profesionales… ¿en qué quedamos?

Yo no critico los titulares negativos porque si es noticia, es noticia, sea positiva o negativa. Es la realidad y hay que documentarla. El problema viene cuando los medios de comunicación solo se hacen eco de las noticias negativas. Ahí viene el problema. Estoy esperando noticias positivas de influencers, porque hay muy pocas.

¿Quién sería un buen influencer para ti?

Muy pocos, la verdad. ElRubius, por ejemplo, que sacó una serie de anime que lo petó, enhorabuena, pero no me voy a interesar por ello, ni mi audiencia. Pero hay gente guay y si alguno saca un libro que creo que está bien se le recomienda y se le da noticia.

Dame un nombre.

Carolina Iglesias, para mí, estupenda y maravillosa. Una profesional y una humorista como la copa de un pino. Me gusta tener contacto con esta gente que considero que son realmente verdadera y en cuanto tienen un proyecto, soy el primero en apoyarles.

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Cuentas momentos muy duros, porque al final, detrás del sentido del humor se esconde una realidad dura. Tú has aprendido a asimilarlo, pero supongo que para tu familia no ha tenido que ser fácil.

Es que mi familia no sabe ni la mitad. Si yo contase a mi familia lo que recibo y les enseñase los mensajes de amenazas de muerte, de que se cagan en mi puta madre, que filtran mi dirección y cosas así, lo primero que me dirían es ‘por favor, Malbert, deja esta profesión o cambia, haz algo’. Sufrirían mucho. Saben a lo que me dedico y ven mis vídeos, pero en los mundos de Yupi y no se paran a ver comentarios.

Con la respuesta que encontraste en uno de tus #overparty supongo que te sentiste querido, ¿no?

Totalmente. Y la respuesta ha sido el libro. Es fácil darle un seguido a alguien porque es gratuito y te ocupa dos segundos de tu vida. Yo tenía la sensación de que la gente me seguía por el chafardeo, por ver qué se cuece, para tantear un ratillo, un pasatiempo. Tenía mensajes positivos, pero hasta que no sacas algo que la gente tiene que dejar un dinero o un tiempo de su vida para apoyarte, no ves realmente de qué forma te apoyan. He visto que hay gente a la que le gusta mi contenido y que realmente me apoya.

Lo cierto es que le has echado una cara muy dura en muchas ocasiones. Como lo de venderte como DJ sin tener ni idea, ¿eso es como para enorgullecerse?

Y tú trabajando en una radio musical, me tienes que tener entre ceja y ceja. Eso es lo que pasa con las personas que tenemos más cara que espalda, es lo que hay. Si me contratan en un bolo, la gente, ¿para qué paga? ¿Para escuchar lo bien que mezclo las canciones o para verme hacer el gilipollas como buen subnormal que soy? Para lo segundo, entonces, ¿para qué tengo yo que aprender a mezclar canciones si lo único que quieren hacer es bailar y conocernos y hacernos fotos. Hashtag show, hashtag fantasía.

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Es verdad que cuando uno ve este tipo de vídeos, a veces cae en lo fácil de pensar que el que está detrás vive del cuento y no del esfuerzo. Tú explicas que llevas trabajando desde los 18 años con niños y encima encuentras tiempo para hacer tus vídeos, pero si tuvieras que elegir, ¿cuál sería tu prioridad?

En diciembre tuve que elegir porque aparte que estaba terminando el libro y no tenía tiempo, tuve que elegir y opté por las redes sociales. Me dolió mucho porque han sido muchos años de mi vida. Desde los 18 empecé a trabajar y no he parado y tienes un vínculo emocional y más con niños. Evidentemente el Malbert que iba a trabajar no es el mismo que el Malbert de internet. La gente se piensa que iba insultando al colegio, ‘¿hola?’.

¿Qué te decían esos padres de tus alumnos?

Tuve la suerte de que empecé a trabajar con 18 años y no di el boom en youtube hasta los 20 y tenía un par de años en el colegio y la gente me conocía por dar clases, no por internet. Es de cajón, ¿cómo voy a ir a dar clases a los niños en ese plan? No. Además, iba con las uñas pintadas para romper con los estereotipos de género que hay hoy en día. Iba con pendientes para que los niños me preguntasen, ‘oye, ¿por qué llevas pendientes si eres un niño y eso lo llevan las niñas?’ y romperles los moldes e inculcarles valores que a mí me hubiera gustado que me dieran.

Para los niños eso es una fiesta, pero los padres son otra historia, ¿qué tal llevaban ese tipo de cosas?

Genial, tenía padres fans que me seguían. Cuando vienes ya de internet todo te parece más light. Yo era muy buen profesional y no hay mejor respuesta de los niños y nunca había quejas de niños, solo elogios. Y si su hijo va contento a clase, no hay más.

El momento accidente fue duro y tu forma de relatarlo demuestra un buen fondo, ¿en qué te ha cambiado una experiencia así?

Mucho, mucho, muchísimo. Yo no tengo mal fondo, aunque no lo aparento, pero me cambió muchísimo porque estoy vivo de milagro, pero no dicho por mí sino por el policía que vio el coche que quedó totalmente destrozado con el motor fuera del coche. Me cambió en el hecho de valorar las cosas. Esa noche lo podía haber perdido todo y si ya era pasional antes, imagínate después del accidente. La mejor respuesta que se puede dar a esto es seguir trabajando, seguir haciendo lo que te gusta y no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

¿En qué te ha ayudado la terapia psicológica?

Primero, a aprender que todos los sentimientos son válidos, tanto odiar como ser feliz, tanto los negativos como los positivos. Me han enseñado a relativizar los problemas, a darle la importancia que merece cada cosa, a contar hasta 10 aunque a veces solo llego hasta 2, los milagros no existen. Me ha ayudado a poner en su cajón cada emoción y saber abrir y cerrar cada cajón cuando toca.


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