Wonder Woman 1984: una secuela entretenida pero infantil y con demasiada moralina

Patty Jenkins firma un producto correcto pero vacío en el que tan solo cabe destacar las interpretaciones de Gal Gadot, Pedro Pascal y Kristen Wiig

Crítica Wonder Woman 1984 película

Gal Gadot caracterizada como Diana en el cartel promocional de 'Wonder Woman 1984' / DC / Warner Bros. / Cartel promocional

Wonder Woman 1984, la esperada secuela de la superheroína más magnética del universo DC, llega este viernes a los cines cargada de expectativas. Y no es para menos, porque la directora Patty Jenkins ha firmado una película muy entretenida con grandes dosis de humor que equilibra con destreza las escenas de acción con el desarrollo de la trama. Las casi dos horas y media de duración han servido para dar a los personajes un poco de relieve, y tanto Gal Gadot como Pedro Pascal y Kristen Wiig entregan unas interpretaciones estupendas, especialmente estos dos en el papel de villanos.

Sin embargo... ¡Ay, el guion! Las motivaciones de los protagonistas nunca quedan del todo claras o cambian sin coherencia. No son naturales ni orgánicas. Además, Wonder Woman 1984 nos avasalla con una moralina insoportable en su segunda mitad. Las grandes dosis de acción de la primera parte –aquí destacaría el brillante prólogo de las olimpiadas– quedan opacadas por un buenrrollismo utópico que causa alipori por su ingenuidad e infantilismo, y los guionistas llevan a los personajes a contradecirse una y otra vez en función de lo que exija la trama, y no al revés, con los personajes cambiando la historia en función de sus motivaciones, como hacen las buenas historias.

No es que podamos pedirle relatos sesudos y maduros al cine de superhéroes, pero hay una gran diferencia entre mandar un mensaje positivo y exagerarlo, lo que lo transforma en mero artificio. Parece que toda la trama sirve de excusa para contarnos que hay gente que lo pasa muy mal en la vida (¡qué novedad!) y que hay que tomar decisiones duras por el bien común. Nada nuevo bajo el sol. El espectador es tratado como un niño pequeño, y se le guia, chupete en boca, hacia ese optimismo delirante propio del posmodernismo que impera en el cine comercial.

También se echa de menos un mayor protagonismo de esa estética ochentera que tanto destaca en los psicodélicos carteles oficiales y en el tráiler. Jenkins no le saca demasiado partido al contexto histórico, y lo diluye en escenas de acción que, a pesar de estar bien ejecutadas, no son tan sorprendentes ni espectaculares como en otros productos de DC. Si vestir a Chris Pine con una riñonera es ser retro, vamos apañados.

En resumen: una película mucho más entretenida que su predecesora, en algunos momentos muy divertida (Kristen Wiig está estupenda en ese aspecto) y con buenas interpretaciones, pero que peca de tener un guion con baches inaslvables y escenas que sonrojan por su ingenuidad, muy artificioso. Entretenida pero infantil, con demasiada moralina y un desenlace incoherente.


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