Freddie Mercury sigue haciendo regalos de Navidad a sus seres queridos

La cláusula menos conocida de testamento del líder de Queen incluye que, cada año, sus más allegados reciban una caja especial

Freddie Mercury sigue haciendo regalos de Navidad a sus seres queridos

Freddie Mercury, cantante de Queen, en un retrato en 1986. / Koh Hasebe/Shinko Music/Getty Images

Todo el mundo conoce el triste final de Freddie Mercury. El vocalista de Queen, uno de los músicos más completos de la historia, murió en noviembre de 1991 de las complicaciones derivadas del sida, enfermedad que dio a conocer tan solo un día antes de su fallecimiento. Desde ese momento, se convirtió en una auténtica leyenda y sigue siendo considerado como uno de los mejores cantantes que ha existido.

Lo que no es tan conocido es la resolución de las últimas voluntades del artista. Fue Mary Austin, la que primero fue su novia y luego su compañera de vida, la que heredó su mansión en Kensington y los derechos de sus canciones. Por su parte, sus padres y su hermana, al igual que su pareja Jim Hutton, recibieron una importante suma de dinero. También tuvo gestos con sus empleados más cercanos y sus gatos, auténtica debilidad para el músico. En cuanto al destino de sus restos, fue claro: solo Mary Austin sabría dónde iban a acabar sus cenizas.

Existía además una cláusula en el testamento menos conocida, que tiene relación con las fiestas de Navidad, y que sigue desarrollándose año tras año desde ese fatídico 1991 en el que nos dejó para siempre. Mercury tenía un acuerdo con la tienda Fortnum & Mason para que, cada año, enviaran una caja navideña como regalo a sus seres queridos. "Un pequeño regalo, un gesto, un detalle... significa mucho más que alguien que te compre el Big Ben", dijo Mercury en su momento acerca del significado de regalar a los demás.

Si bien la Navidad siempre es una fecha de alegría, de amor y de esperanza, para el músico vivió algunos momentos complicados en esta época tan señalada. Uno de ellos fue en 1976, un momento en el que Queen acababa de lanzar su quinto álbum, A Day at the Races, y su fama se había disparado con multitud de peticiones de entrevistas en televisión y radio. En ese momento, el vocalista tomó una decisión clave para el resto de su vida. "El regalo navideño de Freddie para sí mismo fue uno inusual: por fin reunió el coraje para ser honesto tanto consigo mismo como con el amor de su vida, Mary Austin, y terminar su larga relación romántica", dice Lesley-Ann Jones, biógrafa de Marcury.

Freddie Mercury sigue haciendo regalos de Navidad a sus seres queridos

Según lo que detalla la autora en su libro, uno de los más completos sobre Mercury, este fue uno de los momentos más complejos de su vida. "Estábamos más unidos que cualquier otra persona, aunque dejamos de vivir juntos después de 7 años. Nuestro amor romántico terminó entre lágrimas, pero un fuerte lazo se creó entre nosotros, y eso es algo que nadie nos puede quitar. Es inalcanzable", esas fueron las palabras del músico según el libro de la autora.

Sin embargo, esta separación no acabó con la relación que Freddie llegó a tener con Mary Austin, y se lo demostró siempre que pudo. "Unas Navidades me compró un anillo, y lo puso en la caja más enorme que encontró", relató Mary Austin según cuenta la biografía definitiva de Mercury. "Abrí la caja y dentro había otra caja, y así sucesivamente hasta que llegué a una cajita minúscula. Cuando la abrí, había un bonito anillo egipcio con un escarabajo. Se suponía que traía buena suerte. Le produjo mucha ternura y mucha timidez regalármelo", asegura su amiga especial.

Freddie Mercury y Mary Austin, en una fiesta en Londres en 1986. / Dave Hogan/Getty Images

Una de las costumbres de Mercury, según han contado algunos de los que fueran sus asistentes, era que ninguno de sus amigos o familiares pasar ala Navidad en solitario. "Tenía un libro de cumpleaños con la fecha de nacimiento de todos sus amigos. Quería asegurarse de que no se olvidaba de ninguno", reveló en una ocasión uno de sus trabajadores. "Si conocía a alguien y le gustaba, sacaba el libro y anotaba su cumpleaños. También enviaba una nota de agradecimiento después de una cena agradable. Era un auténtico caballero".


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