Gloria y caída del pequeño de los Bee Gees: 33 años sin Andy Gibb

Después de triunfar como ídolo adolescente, una vida de excesos y drogas lo llevó a la ruina y a la muerte

Gloria y caída del pequeño de los Bee Gees: 33 años sin Andy Gibb

Andrew Rob Gibb, conocido como Andy Gibb, en 1982. / Paul Harris/Getty Images

Cuando se habla de los Bee Gees, se suele recordar a los tres hermanos que formaron la banda, una de las más exitosas del pop de la segunda mitad del siglo pasado. Barry, Robin y Maurice Gibb alcanzaron el éxito masivo y rompieron todos los récords, unas listas en las que competían por los primeros puestos con otros grandes de la industria como The Beatles o Michael Jackson.

Sin embargo, los tres hermanos de origen británico en realidad eran cinco. Además de los archiconocidos hay que incluir a Lesley Gibb, la mayor y única mujer y a Andy Gibb, el menor de la familia, y primero en fallecer, iniciando así una tendencia trágica que sacudió a la familia durante su vida.

El joven Andy nació en 1958 y pasó su infancia entre su Inglaterra natal y Australia, país al que acabó emigrando en 1975 para mejorar su carrera como cantante y compositor de canciones. Se casó muy joven con Kim Reeder, y tuvo una hija, pero para entonces ya se había separado y la relación con ella se enfrió para siempre.

Cuando era solo un niño, Andy ya había trasteado con su guitarra para lanzarse y tocar las canciones de sus hermanos. Los Bee Gees ya eran un grupo de culto con éxito, y el joven quería verse igual que ellos, aunque aún le faltaban años. Con la destreza y el apoellido que tenía, era cuestión de tiempo que consiguiera llegar a la fama que habían conseguido sus hermanos.

Andy Gibb y Olivia Newton-John, en 1979. / Sonia Moskowitz/IMAGES/Getty Images

En medio de todos estos altibajos relacionados con su vida sentimental y familiar, el menor de los Gibb comenzó a prepararse profesionalmente para ser piloto de avión. Con esa intención se fue a vivir a la mansión de su hermano Barry en Miami.

Como solista, consiguió alcanzar el éxito en Estados Unidos, y se convirtió en el primer cantante en solitario en tener tres sencillos en la lista más importante del país, la de Billboard. Fue nominado a dos Grammy e incluso llegó a vender más de 15 millones de discos antes de llegar a los 21 años. En su disco After Dark (1980) está I can't help it, tema compuesto por Barry Gibb, tema que interpreta a dúo con Olivia Newton-John.

Gloria y caída del pequeño de los Bee Gees: 33 años sin Andy Gibb

Sin embargo, desde muy pronto se hicieron evidentes los problemas que Andy arrastraba con las drogas y el alcohol, algo que, según su hermano, tenía su origen en algo más profundo, y que respondía a que "no tenía ninguna perspectiva de la vida, de cómo encararla o siquiera defenderse de ella".

En esos momentos en los que se enganchó a las drogas, conoció a Victoria Principal, una actriz que triunfaba con su papel de Pamela Barnes en la serie de televisión Dallas. Muchos dicen, de hecho, que fue una de las grandes culpables de su adicción, y a día de hoy los miembros vivos de su familia la señalan como una de las mujeres que más influyeron en la adicción de Andy. Se conocieron cuando él aún estaba en su mejor momento y ella no era demasiado conocida. De hecho, llegaron a grabar un dueto, All I have to do is dream, que fu un auténtico fracaso, a pesar de que Andy venía de vender miles de álbumes con sus tres discos anteriores. El dinero se multiplicaba y con 22 años amasaba una fortuna de 10 millones de dólares.

El músico Andy Gibb, en 1981. / Harry Langdon/Getty Images)

En 1982, Victoria dejó al joven de los Gibb por un cirujano plástico que acabó siendo su esposo. Muchos apuntan a que este fue el inicio del final de Andy: la mezcla del desamor con la fama y el dinero le llevaron a una vorágine de excesos en la que rápidamente perdió el control y no supo gestionar. De todos modos, los intentos de su entorno por mantenerlo a flote no fueron pocos.

Para conseguir revitalizar de nuevo la ilusión de Andy y mantenerlo ocupado, Barry consiguió un contrato discográfico para él. Se mudó a Londres, y allí cumplió los 30 años con una nueva meta profesional, pero sin abandonar los excesos que tantos daños estaban causando en su salud. Llegó a participar en algunas series de televisión, pero tras varias recaídas y un coma etílico, sus cuentas se iban vaciando.

En ese año 1988, aquejado de un fuerte dolor en el pecho, fue internado en un centro de rehabilitación en Oxford por su madre. A la mañana siguiente, mientras Andy descansaba y los doctores le extraían sangre para hacer sus análisis, el cantante murió.


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