La Oreja de Van Gogh y su concierto en Madrid: culto a la música también en tiempos de pandemia

Sus canciones vuelven a abrazar cumpliendo las medidas de seguridad

La Oreja de Van Gogh

La Oreja de Van Gogh durante su concierto en Madrid / Mariano Regidor/Redferns

La Oreja de Van Gogh ha vuelto a Madrid y Madrid ya no es el de la carita empapada, ni el de las tardes de invierno, ni el de las noches sin dormir. El Madrid de hoy respira entre mascarillas y va en busca de la cura que le haga olvidar el estruendoso silencio de su alrededor. El Madrid de hoy no es el que el grupo donostiarra había imaginado, pero La Oreja de Van Gogh sí que es el grupo que Madrid necesitaba ver, porque en cada una de sus canciones, asoma nuestra antigua normalidad.

Después de tres noches de concierto en el Gran Teatro Bankia de Príncipe Pío, la respuesta es que sí, rotundamente sí, se puede disfrutar de la música en directo cumpliendo las medidas de distanciamiento, con la sonrisa oculta y sin poder levantarse de los asientos.

Hace un año, por estas fechas, La Oreja de Van Gogh lanzaba su single Abrázame y en esos momentos, ese gesto nos parecía un espejismo, fruto de una alucinación del pasado. Ahora, la banda nos abraza en forma de canción, de concierto y de tiempo, tiempo para dejar la actualidad en modo stand by y centrarse en la música.

Un culto a la canción

Como un par de girasoles, Verano, El último Vals, Te pareces tanto a mí y Durante Una mirada fueron las canciones que iniciaron el espectáculo, cinco canciones de tres discos diferentes -Un susurro en la tormenta, El planeta imaginario y A las cinco en el Astoria- pero que se entrelazan a la perfección. Quizás porque en este mes de mayo La Oreja no solo vuelve para recordar los éxitos que durante más de 20 años les han llevado a la cima, sino también para contar una historia, una historia de que hemos conseguido llegar hasta aquí, pese -y gracias- a estas dos décadas.

Y una historia que continúa con Muñeca de trapo, la canción que un 2006 estrenaron en Los40 y con la que alcanzaron millones de reproducciones. A partir de ahí, Leire pide un deseo en Deseos de cosas imposibles: que la música nos acompañe siempre y sigamos cantándola a pesar de los avatares de la vida.

La Oreja de Van Gogh durante su concierto en Madrid / Mariano Regidor/Getty Images

Tras este comienzo de La Oreja, llegaban dos de los capítulos más esperados con las canciones Sirenas y Rosas. La primera, es una de las canciones más aclamadas de su último disco Un susurro en la tormenta. No solo por el tema que tratan: El fin de la banda terrorista ETA, sino por la delicadeza de su historia. Rosas, sin embargo, es ese himno que el público ha escuchado como banda sonora de su vida.

La parte más nostálgica vino de la mano de La Playa, Puedes contar conmigo y La niña que llora en tus fiestas. La Oreja de Van Gogh nunca ha abandonado ese pop melódico que tan bien les ha funcionado durante su carrera artística. Una música que reconforta y te hace conocer un poco más de cerca tus sentimientos.

Con este concierto, La Oreja de Van Gogh consiguió verter en una hora y media las lágrimas de los recuerdos con Jueves, la emoción del comienzo en El primer día del resto de mi vida, la ilusión en un 20 de enero... En definitiva, un recorrido por sus más de 20 años de carrera en el que su música ha sido el único acompañante de millones de personas en viajes en carretera, trenes y noches solitarias.

La Oreja de Van Gogh durante uno de sus conciertos en Madrid / Mariano Regidor/Redferns

El Madrid que vieron no era el que hubieran deseado ver, pero sí esperan que la próxima vez que vuelvan, gane la libertad, el deseo, la alegría y, así, se puedan volar Cometas por el cielo sin límite de horarios, como en la última canción de su concierto


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