Toni Mejías (Los chikos del maíz): El rapero que demuestra su valentía compartiendo su historia de anorexia

Una enfermedad que, como dice Rozalén en el prólogo, se suele asociar a las mujeres

Portada de 'Hambre'

Portada del libro en el que Toni Mejías cuenta su historia con la anorexia. / Foto cedida por Aguilar Editorial

Toni Mejías es uno de esos periodistas que alterna su trabajo como informador con el de músico. Los chikos del maíz es el grupo con el que transmite sus ideas políticas y el que le proporciona el espacio de seguridad que a veces le falta en otros aspectos de su vida.

Rapero con ideas claras que ahora publica Hambre. Mi historia frente al espejo, un libro en el que cuenta lo que ha sido su vida en los últimos años como anoréxico. Una enfermedad mental que también sufren los hombres adultos, aunque solamos asociarla de manera más habitual a mujeres y adolescentes.

Lleva dos años en proceso de recuperación y reconoce que es duro y que le queda camino, pero ha reconocido el problema y ese es un buen punto de partida. Hemos hablado con él de la enfermedad, del bullying que sufrió, de lo que conlleva la esclavitud de las redes sociales, de Pablo Hasél , de la diferencia que hay entre Kiko Rivera y Vetusta Morla, más allá de lo obvio, o del papel de la música urbana que ahora impera, entre otras cosas. Porque su historia puede inspirar a otros y su valentía merece un reconocimiento.

Dices en el libro que tu psicóloga temía que la publicación de tu historia produjera un retroceso en tu recuperación, ¿temores infundados?

Hay que valorarlo, no solo mi psicóloga, también mi pareja y la gente de mi entorno porque al final, te expones mucho y corres el peligro, más que de un retroceso, que la gente quiera aprovechar esto para, a lo mejor, hacerte daño. Unos días después de la publicación creo que es todo lo contrario. Me ha ayudado a mí y ver que en otras personas que me escriben, que está ayudando, al final es positivo.

Es una historia dura, la de tu lucha contra un trastorno de alimentación. Has hecho un ejercicio de análisis de lo que ha sido este proceso para escribir este libro, ¿cómo lo has visto con la perspectiva?

Es difícil. Yo todo lo fui escribiendo durante el proceso de curación. Una vez que reconocí el problema y empecé a ir a la psicóloga y empecé a mejorar, fue cuando fui escribiendo esa serie de relatos, de sensaciones, de sesiones con la psicóloga. Ha sido hace poco cuando hemos empezado a corregirlo, de cara a la publicación, ha sido volver a ver el camino recorrido, ver errores que sigues recorriendo y pasos que quedan por afianzar. Ahí sí que ha habido sensaciones contrarias de ver que todavía falta. Todavía estoy en el camino.

Anorexia… ya lo dice Rozalén en el prólogo, es una enfermedad que erróneamente muchos asocian solo a las mujeres.

Es lo que nos ha vendido la sociedad desde hace muchos años. A las mujeres os imponen mucho más estar en unos cánones de belleza, el tema de las tallas en las tiendas, parece que una talla normal es algo muy estrecho. En televisión, en música, en muchos espacios, se juzga mucho más el aspecto de las mujeres que de los hombres. Al final es normal que se asocie este tipo de trastornos a las mujeres, pero, sobre todo, desde que las redes sociales lo han inundado todo, el cuidarse y el culto al cuerpo es de hombres y de mujeres y, sobre todo, entre adolescentes. En los hombres, antes, era el tema de ser más grande, cuanto más grande fueras parecía que era mejor. El tema de la vigorexia tampoco ha sido tratado y antes iban los cruasanes por ahí y se asociaba a algo normal. Trastornos alimentarios puede haber hacia un lado y hacia otro.

También suele asociarse a los adolescentes, pero no tiene edad.

Es verdad que en la época adolescente es más fácil caer en ello porque todavía estás formándote una personalidad, todavía estás creciendo, todavía estás descubriéndote. Aparte, la presión social cuando estás en esas edades es mucho mayor. En los adultos es más tolerable, no hay esa presión. Pero es verdad que no tiene edad, y que todo lo que has vivido en otra época influye. Yo antes era más regordete, sentía que no encajaba por mi cuerpo y llega un momento en el que todo eso que no has hecho de adolescente, explota, y desgraciadamente no tiene edad.

Por cierto, ¿por qué está Rozalén en el prólogo?

Su música me gusta mucho, es el primer contacto que tengo con ella. He tenido la suerte, por amigos en común y porque ella conocía mi grupo, he podido coincidir con ella. Las canciones que hace reflejan lo que es ella, maravillosa, canta y transmite lo que es. Tiene esa parte de que estudió psicología y me parecía interesante de que le diera su punto de vista desde sus estudios y siento que es una persona a la que le afectan las críticas en redes sociales y ha acabado descubriendo que no le puedes gustar a todo el mundo y cuando pasa eso, todo va mucho mejor.

Supongo que tú también tenías muchos clichés sobre esta enfermedad, ¿qué es lo que más te ha sorprendido de ella?

Por mucho que lo has visto veinte mil veces en películas, lo de que alguien se mire al espejo y esté extremadamente delgado o delgada y no se dé cuenta. Tú lo ves en una serie y dices ‘¿cómo no te das cuenta?’. Descubrir que eso te puede pasar a ti es muy jodido. Veo fotos de hace un par de años que estaba con 15 kilos menos que ahora y digo ‘¿por qué no me veía así?’. Hasta qué punto la mente es así de caprichosa y de jodida. También la falta de medios que a veces hay para curarse, sobre todo a nivel de salud pública. Es muy difícil y tienes que pasar mucho tiempo y muchos procesos para que te empiecen a ayudar. Yo eternamente agradecido con las personas que me han tratado porque lo han dado todo con los mínimos medios, pero creo que es importante que el tema de psicología empiece a ser accesible para todas las personas porque si no, es un proceso muy largo y aquí no tienes tiempo que perder porque cada día que pasa y que no te curas, vas a un poco a peor, y el resultado, si lo dejas pasar, puede ser muy, muy grave.

Dices que una conversación con una amiga te pone sobre aviso, pero cuál fue el momento en el que dijiste, ‘esto no puede seguir así’.

Sobre todo, cuando empiezas a tener dificultades para llevar tu vida normal. Yo, por ejemplo, el tema de que mi cuerpo no funcionara. Me costaba subir escaleras, una rampita me hacía llegar fatigado y con dolor de piernas, el tema de la libido que lo pierdes completamente. Al final te das cuenta de que tu cuerpo no está funcionando. Te das cuenta, pero no quieres asociarlo a eso. Necesitas que alguien te abra los ojos.

Dicen que uno es adicto de por vida, ¿ocurre lo mismo con la anorexia?

Todavía es pronto para decirlo, pero desde que yo empecé a tratarme y a mejorar, de momento sí, yo sigo teniendo muchas conductas con la comida que no tenía antes. Eso de saber cada bocado que tomo, saber las calorías de cada producto que consumo, tener cierto rechazo por algunos alimentos. Hay que trabajar cada comida extra. Es una pelea constante, no sé si toda la vida, quiero confiar en que no, pero por experiencia de otras personas, es algo que se alarga en el tiempo, si no toda la vida. Yo estoy intentando gestionarlo, mantener un cuerpo que sea funcional, que valga para el día a día, mientras intento acallar las voces que me llevan hacia el mal camino.

¿Ves posible una recaída o esa vuelta atrás ya no?

No lo veo posible. Veo posible los días malos. Veo posibles los días tristes, saltarse la comida algún día, pero volver al punto más bajo en el que estuvo, no lo veo posible. Primero, porque reconocer el problema es el primer paso, y eso ya lo he hecho. Y segundo, porque no quiero volver, no era feliz, no valía para el día a día, no era productivo. Era una persona triste y apagada en el sofá y no quiero volver a eso. Aparte, las personas que tengo a mi alrededor no me van a dejar caer.

Depresión y anorexia, ¿qué fue antes el huevo o la gallina?

Yo creo que la anorexia. Viene derivado de ahí. Cuando empieza tu cuerpo a fallar, cuando empiezas a tener problemas con la comida, cuando empiezas a tener una distorsión en tu cabeza de lo que haces día a día, cuando empiezas a sentir que toda la gente de tu alrededor conspira contra ti por decir que comas… ahí es cuando entras en un bucle y en una depresión. Primero vino mi mala relación con la comida.

Cada vez hay más artistas que hablan abiertamente de las enfermedades mentales, ¿crees que cada vez los tabúes son menos?

Sigue habiendo, pero creo que es positivo que cada vez más personas lo hablen porque creo que, incluso hoy en día, son mayores los problemas mentales porque estamos encadenando crisis económicas, las redes sociales también te sobrexponen y te piden llevar un estilo de vida que no todo el mundo puede. Te preparan para el éxito, nunca para la derrota. Te dicen que seas productivo, que estés al tanto de esta serie, esta película, este libro… tienes que estar siempre completamente activo y con un ritmo de vida frenético que nuestro cuerpo no acaba de soportar. Y si le sumamos la pandemia, al final genera una ansiedad y estrés que puede derivar en otro tipo de problemas.

Sufriste bullying en el colegio, ¿hubiera sido distinto de no haber pasado por eso?

Es posible porque cuando te estás construyendo una manera de ser, estás construyendo relaciones y te genera unas inseguridades y falta de autoestima e, incluso, una dificultad para las relaciones personales que eso marca mucho. Muchas cosas las he mejorado con el tiempo, pero me costaba mucho el tema de relacionarme con otras personas porque era muy inseguro y claro que me ha marcado y me ha generado mucha desconfianza en mí mismo.

Te defines como una persona tímida, insegura y con complejos… quién lo hubiera dicho de un rapero que transmite con tanta seguridad sus ideas en sus canciones, ¿no?

Hay espacios en los que te sientes más seguro y espacios en los que te creces un poco y yo creo que la música, que llevo haciendo hace más de media vida, me ha generado ese espacio de sentirme fuerte dentro de eso. Pero una cosa es lo que se ve en los escenarios y en los discos y otra cosa son las inseguridades que también tengo que trabajar antes de salir a un escenario o de editar una canción. En alguna etapa me ha costado bastante salir al escenario por nervios, ataques de pánico y no disfrutaba de lo que hacía.

Las redes sociales han influido mucho en esta ansiedad creciente. Tú señalas que hoy en día sentimos la necesidad de dar nuestra opinión siempre, ¿un mal contemporáneo?

No solo dar la opinión siempre sino darla instantánea, sin dejar reposar nada. Tenemos que opinar sobre todo, hablar sobre todo, compartir prácticamente todo lo que hacemos y la respuesta a esas valoraciones influye un poco en nuestra felicidad y nuestro día a día. Que tener más likes, más retuits… influya en tu felicidad nos está convirtiendo en esclavos de las redes sociales y son las que gestionan nuestra autoestima y felicidad diaria y eso es muy jodido, sobre todo cuando las redes sociales se han convertido en un sitio con mucho odio y enfrentamiento. A mí ya me cansa.

Hablas en libro de todos los inputs y, tal vez, sobreinformación, que tenemos sobre nutrición, vida sana, ejercicio… ¿hay un exceso?

El principal problema es que cualquier persona puede opinar sobre esto. No necesitas un título de nutricionista para hacerte un blog, hacerte una página de IG y empezar a compartir todo lo que tú has querido entender sobre la nutrición. Muchas veces encuentras ideas enfrentadas y te pierdes. Hay una sobreinformación que te distorsiona. Y te están contando cosas gente que su cuerpo y su estereotipo es perfecto y te lo cuentan desde el punto de vista de la perfección. No te viene un nutricionista o una persona que te recomienda hacer ejercicio, con un cuerpo más normal y común. Todo lo que te venden es ‘mira qué músculos, qué bien estoy y qué guapo soy’.

Ahora, ¿disfrutas de la comida o a ese punto no has llegado?

Me cuesta más el tema de tomarme una cerveza, por eso de que son calorías vacías, estoy tomando algo que no me aporta nutrientes y sí calorías. Eso me cuesta más, no una, pero si me tomo dos, me cuesta. La comida menos, sí que la disfruto más, aparte me gusta mucho cocinar y lo gestiono mejor. Tampoco te diría que lo disfruto, pero he aprendido a convivir con ello y gestionarlo, que de momento lo considero un avance.

Hablas de tu pasión por la música, que adoras pero que te hace sufrir, ¿merece la pena?

Sí, claro. Merece la pena porque tiene momentos, amigos, viajes, estabilidad económica… me ha dado una serie de elementos que son superiores a los momentos malos. Cuando vas ganando responsabilidad y visibilidad van creciendo los miedos a perder lo que has conseguido, miedos a que todo pase, a dejar de gustar, a no vender entradas, a fallar en un concierto… Pero llevo escribiendo canciones 20 años y si volviera a empezar el camino, volvería a estar a gustísimo con el camino que he recorrido. Adoro la música.

Aseguras que vives planificando un futuro sin la música. Pero en un sector tan complicado, especialmente si hablamos de rap, es lo normal, ¿no?

Creo que es bueno porque puede llegar un momento en el que todo acaba y estás con una mano delante y otra detrás, pero otra cosa es que sea una necesidad tan grande que no te permita disfrutar del momento y estés siempre con ese miedo y ese agobio.

De todas formas, alguien tan obsesionado con el control como tú, elegiste una profesión que es total improvisación y descontrol, ¿cierto grado de masoquismo?

Puede ser, pero dentro del descontrol no lo dejo todo al libre albedrío. Es verdad que poder vivir de la música ha venido muy gradualmente. Empiezas formando un grupo con colegas, va gustando y creo que hasta que no pase un tiempo tampoco voy a ser consciente de todo el camino recorrido. Todo ha ido sin parar y no me da tiempo a ponerle en perspectiva. Pero dentro del control que supone una profesión como esta también soy muy tiquismiquis con algunas cosas como horarios, salidas de discos… Soy todo lo contrario al cliché de ‘sexo, drogas y rock and roll’.

Por cierto, que en un momento dado recoges unos versos de Galeano que son los que han inspirado el título del último libro de Marwán… Está claro que los músicos tenéis sensibilidades parecidas.

Él que viene un poco también de la poesía, al final hay unos referentes, sobre todo para la gente que tenemos sensibilidad de izquierdas, que son comunes. Galeano sobrepaso todo y es una persona de la que hemos aprendido mucha gente.

La música de Los chikos del maíz se caracteriza por sus letras políticas. Tal y como está este sector supongo que tendrás muchas fuentes de inspiración, ¿no?

Por desgracia sí. Por desgracia parece que va para largo y el conflicto político, en lugar de suavizarse, parece que va creciendo. A mí me gustaría hacer canciones de otro tipo, sinceramente, pero somos personas que desde que empezamos a hacer música nos hemos posicionado políticamente, nos ha servido para hacer canciones y es la manera que tenemos de expresarnos y siempre lo hemos dicho, ojalá pudiéramos cantarles a las flores, a la paella valenciana y a nuestras mascotas, ojalá, significaría que todo va bien. Pero mientras haya un conflicto social y político y siga esta lucha que hay, no queremos mantenernos aparte, ni neutrales ni equidistantes. Tomamos una posición que creemos que es la correcta y creo que la defenderemos siempre.

¿Cómo viviste el caso Hasél?

Muy triste porque, aunque siempre estaba ahí y podía llegar el momento, piensas que no va a suceder. Nunca se te pasa por la cabeza que pueda suceder que una persona vaya a la cárcel por hacer canciones. Luego pueden vender que si tiene una condena por una cosa u otra, pero al final ha sido perseguido por sus canciones y dice muy poco del país en el que vivimos que se encierra a personas simplemente por su opinión. Es muy triste porque han pasado unos meses y parece que ya ha quedado en el olvido porque la información va muy rápida, y al final, el muchacho está en la cárcel y le quedan meses y es una injusticia y clama al cielo que no se haya hecho nada por sacarlo y por cambiar las leyes que lo han conducido ahí.

Un músico comprometido con la sociedad como tú, ¿cómo vive la actual escena urbana que tiende hacia la frivolidad?

Hace poco me preguntaban si venía comernos terreno y creo que, al final, sustituye un poco al pop comercial que también se ha hecho, con otros sonidos más cercanos al rap, más electrónicos, pero creo que sustituye a eso. Antes eran más canciones hacia el amor y ahora hacia el individualismo, al buscarte la vida, el dinero fácil… poca implicación política, música que se vende como neutral, pero que también está escrita desde una posición. No me gusta, pero tampoco creo que sean mis rivales ni quiero darle más importancia. Ahora ha dado por ahí, a lo mejor en unos años vuelven los triunfitos, vuelven los que cantan a sus relaciones de pareja, pero ahora toca lidiar con esto.

Hablas de músicos que compran followers en una era donde la apariencia y las cifras mandan, ¿se puede luchar contra eso?

No, se tiene que asumir y poco a poco se irá regulando. Se ha visto mucha gente con muchos followers pero luego a la hora de hacer música o vender entradas no tiene esa repercusión porque la vida real y la virtual, aunque muchas veces va de la mano, muchas otras veces no. Creo que pongo el ejemplo de Kiko Rivera y Vetusta Morla. En redes sociales o televisión tiene más repercusión Kiko Rivera, pero no creo que te vaya a llenar tres días el Wizink como sí hicieron Vetusta Morla. Así pasa con muchos otros músicos. Kase O a lo mejor tiene menos repercusión, pero te llena una sala o un pabellón.

La pandemia ha afectado a unos y otros. En el libro cuentas que fue especialmente complicado para ti, ¿en qué te ha afectado?

A una persona que le gusta tener las cosas un poco bajo control esto te trastoca todo y te genera una incertidumbre mayor de la que tenías. Te pone ante el espejo el tema de la inestabilidad laboral. Te dicen ‘la música no existe’ por lo menos durante unos meses. Te quitan el ritmo de vida de fin de semana sí y fin de semana también de gira. Esta incertidumbre te pone en bandeja retomar todas las conductas erróneas que tenías antes con la comida, las relaciones, te da una excusa si tienes un problema y una recaída. En los últimos meses siento que he bajado un poquito de peso, algunas conductas se están retomando, pero si las estoy reconociendo, voy por buen camino.

¿Tienes muchos espejos en casa?

Uno en el baño y otro en la entrada. Antes no me miraba mucho en ellos y ahora tengo ganas de volver a mirarlos, pero no continuamente.

¿Qué ves ahora cuando te miras en uno?

Me veo mejor, pero la realidad que veo sigue sin gustarme. Sigo viéndome más delgado de lo que me gustaría, sigo viendo muchas ojeras, sigo viendo una cara muchas veces tristes… veo lo que refleja, pero me gustaría cambiar el reflejo a mejor lo antes posible.


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