26 años sin Antonio Flores: “Si solo quieren un apellido, que se compren un florero”

En la madrugada del 30 de Mayo de 1995, el único hijo varón de Lola Flores y El Pescaílla, apareció muerto con tan solo 33 años

26 años sin Antonio Flores: “Si solo quieren un apellido, que se compren un florero”

El cantante Antonio Flores, en una motocicleta. / Pepe Franco / Getty

“Una sobredosis acaba con la vida de Antonio Flores”. Así rezaba uno de los muchos titulares con los que la prensa anunció la trágica e inesperada noticia. En la madrugada del 30 de Mayo de 1995, el único hijo varón de Lola Flores y El Pescaílla, apareció muerto en la cabaña que su madre le había construido en el jardín de su casa de El Lerele, en Madrid. Sumido en una fuerte depresión desde el fallecimiento de La Faraona, solo 15 días antes, ingirió una dosis letal de barbitúricos, alcohol y fármacos. Tenía 33 años.

En el 26º aniversario de aquella fatídica fecha, recordamos al Antonio Flores más personal y humano. Rescatamos de nuestros archivos una entrevista realizada tan solo siete meses antes de su muerte. Una charla con Cristina Tárrega para Cadena Dial (de Octubre de 1994), en la que nos descubre detalles inéditos, o poco conocidos, de su vida. A través de sus palabras, conocemos al Antonio niño (muy imaginativo y travieso), al rockero auténtico y reivindicativo, al amante sincero y legal, al hombre que de bueno “a veces era tonto”. Y al padre feliz y orgulloso de Alba: "es lo más importante que me ha pasado en la vida".

“Veía un pajarito en la ventana y me iba con el pajarito volando”

Antonio González Flores nació en Madrid, el 14 de Noviembre de 1961. El hijo mediano de Lola Flores y Antonio González, hermano de Lolita y Rosario, destacó ya siendo niño, por su fantasía e imaginación... y también porque era muy travieso y se aburría estudiando. Solo aprobaba Gimnasia, Dibujo y Música.

"No, no era buen estudiante porque era un niño muy fantástico, estaba todo el día creando, y todo el día inventando y creándome películas en la cabeza... era un niño muy imaginativo y a la vez un niño muy inquieto y un niño que tenía una energía interior que la tenía que soltar como fuese. Y estar sentado y abrir un libro y estar dos horas sentado, eso era algo imposible para mí. Y suspendía yo creo que era más por eso porque de repente, cuando estaba haciendo el examen, veía un pajarito en la ventana y me iba con el pajarito volando, porque era muy imaginativo".

También era muy listo y muy vago: "me las ingeniaba para no ir a clase y hacer pellas, de tal manera que no me podían decir nada porque falsificaba una nota de mi padre diciendo que tenía que ir al médico". Una travesura hizo que le expulsaran del colegio a los 15 años.

Lola Flores con Antonio, de niño, en 1963. / Gianni Ferrari / Getty

“Yo he venido con un disco”

Sus primeros pasos en la música se convirtieron en una carrera de obstáculos que tuvo que sortear sacando su carácter rebelde y reivindicativo. Si bien, ser hijo de Lola Flores le abrió las puertas para grabar su primer disco con Epic, titulado Antonio (1980), también fue el primer escollo que tuvo que superar: “la casa de discos no creía en Antonio Flores como cantante o como artista, creían más en el apellido”. Cuando acudía a los medios a promocionar su debut, se enfrentaba siempre a las mismas preguntas sobre su progenitora. Pero él no se callaba, y más de una década antes de que Francisco Umbral pronunciara su icónica frase ("He venido a hablar de mi libro), ya Antonio Flores reclamaba “yo he venido con un disco”:

"Nada más llegar, lo primero que me decían era 'Uuuyyy, yo he visto a tu madre en el año no sé cuántos, cuando actuó en el teatro'. Yo le decía, 'señor, tome, aquí tiene el teléfono de madre, llámela usted y hable usted con ella y le dice cuándo la vio, pero yo he venido con un disco y para comentarlo'. Empezar una carrera discográfica, y de lo que menos hablaban era del disco, pues a mí me mosqueaba. Ahora es un honor, siempre ha sido un honor hablar de mi madre, es un genio, es algo que a mí se me llena la boca. Pero ahora sí, ahora ya saben que eres Antonio Flores, saben que hay una carrera discográfica y saben que soy compositor y tal, no me importa, pero antes que no sabían ni quién era ni lo que hacía..."

“Que se compraran un florero y lo pasearan por la calle”

No fue la única piedra en su camino. Nos situamos en 1980, la época de Pedro Marín, Iván o Los Pecos... del fenómeno fan: “Yo sabía que me iban a meter por ese rollo, cuando mi espíritu era muy rockero. Mis discos eran Led Zeppelin, Lou Reed, Eric Clapton o Queen". Antonio Flores era conocedor de que su discográfica le iba a llevar por ese camino. Y hubiera sido lo fácil: “Me corto el pelo, me pongo una pajarita y canto canciones como ‘estoy jodidísimo porque me han dejado’ y me hubiera hecho rico en dos días”. Pero fue imposible. El artista tuvo que enfrentarse a su casa de discos y reivindicar su autenticidad y su incapacidad de “estar dos minutos donde no lo siento”:

No podía aguantar que yo, con un espíritu rockero, me compararan y me llevaran a la par de Pedro Marín o de Pecos o de Iván. No lo podía soportar cuando existía un Rosendo (los Leño en ese momento), unos Tequila, cuando existía Cucharada (que después fue Alarma). Es decir, una serie de gente que yo me codeaba con ellos en Tablada, que tenía una banda de rock and roll alucinante. Y entonces me enfrenté a la casa de discos y dije que yo no seguía haciendo el show business ni nada de esto, que yo me consideraba un artista al que le gustaba la música rock, y que es lo que quería hacer, y que si no creían en Antonio Flores y solo en el apellido, pues que se compraran un florero y lo pasearan por la calle".

"Una persona demasiado buena... a veces tonto"

A pesar de ese espíritu rebelde y reivindicativo, dispuesto a enfrentarse a todo lo que le impidiera demostrar su autenticidad, Antonio Flores se consideraba un hombre bueno, y a veces, hasta tonto: "El mejor de mis defectos es la confianza que tengo en todo el mundo. Por eso a veces, me llevo tantos palos, porque soy una persona demasiado buena que me convierto a veces en tonto. Por eso tengo que estar rodeado de gente que es más lista que yo y sabe decir ‘no’ a tiempo, cosa que yo no”.

Antonio junto a su hermana Lolita en Madrid, 1993. / Gianni Ferrari / Getty

“He podido fumarme el cigarrillo a gusto”

Antonio Flores nunca creyó en el amor para toda la vida. Pero porque nunca pensaba en el futuro: “para mí el futuro más lejano es mañana”. Si tenía una relación, “quería aprovechar el presente y, como mucho, pensar en qué película íbamos a ver mañana. No sé si pasado íbamos a cortar o íbamos a seguir, ni me preocupaba. Vivir el presente como lo vivo ahora”. Prueba de esa filosofía de vida es que su matrimonio con Ana Villa solo duró tres años (de 1986 a 1989).

Según Flores, sus relaciones se basaban en dos pilares: sinceridad y honestidad. “Me presento tal como soy, digo las cosas tal como las pienso, si me gusta una chica, se lo digo rápidamente y no me ando por las ramas. Yo soy una persona bastante sincera y bastante legal. No suelo avasallar, no suelo ir directamente al grano o intentar sacar de ellas solamente una cosa”. Por eso, siempre mantuvo la amistad con sus parejas:

Yo tengo la suerte de que con todas las chicas que he tenido relaciones son amigas mías, tienen mi número de teléfono y pueden llamarme a casa cuando quieran por cualquier problema, que aquí está Antonio para solucionárselo si puede. No hay ninguna chica que en un momento dado haya sido para estar en la cama y nunca más se sabe de ella. Es más, cuando yo me he ido a la cama con una persona ha sido porque he podido después fumarme el cigarrillo a gusto sin tener que pensar 'qué hago aquí y quién es esta si no me gusta nada'. No sé, intento que cada relación, que yo por lo menos sudo, pues cada gotita de sudor que valga la pena”.

“Mi vida ya no vale un duro”

Pero por encima de todo, de la música y de las chicas, estaba Alba, la hija que había tenido fruto de su relación con Ana Villa, y que entonces tenía 8 años: "Es lo más importante que me ha pasado en la vida. Ya no es mi vida, ya es la vida de ella. Mi vida ya no vale un duro. Ya es ella. Como padre, todavía sigo flipando, todavía no me cabe en la cabeza todavía que haya hecho una personita, que haya hecho un ser humano, y que le tenga que dar una educación, que le tenga que explicar cómo funciona esta pelota (mundo) y cómo hay que llevarla y como hay que andar por la pelota esta. Me gustaría que fuera una persona creativa y una persona que se dedicara al arte, de hecho lo va a ser porque se le nota ya”.

Lo que Antonio Flores preconizaba pocos meses antes de su muerte, no pudo ser más acertado. Detectó claramente el ‘Arte Flores’ que destilaba entonces la niña. Hoy seguro que fliparía orgulloso con la Saray de Vis a vis o la Nairobi de La casa de papel.


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