Júlia De Paz, directora de ‘Ama’: “Nos educan para ser individualistas y egoístas”

Tamara Casellas en una escena de 'Ama' de Júlia De Paz / La Dalia Films / Imagen promocional

Deconstruir el mito de la maternidad. Esa idea resuena con fuerza en las entrañas de Ama, una de las películas más crudas y honestas que ha pasado por el Festival de Málaga y que ya huele a Biznaga de Oro. Su directora, Júlia De Paz Solvas, debuta en el cine con este largometraje inspirado en un corto que ya dirigió en 2018 con la misma protagonista, Tamara Casellas, una actriz que frente a la cámara se convierte en una auténtica fuerza de la naturaleza, un huracán de emociones que tiene todas las papeletas de llevarse el Goya revelación de este 2021.

La cineasta tiene claro que la película no es ni una historia de esperanza ni una crítica hacia las "malas madres", como muchos calificarían a Pepa, la protagonista, una mujer que reparte flyers, consume drogas y tiene la tentación de dejar sola a su hija (la debutante Leire Marín) para irse de fiesta por la noche. Al contrario: Ama es una dolorosa disección de la crisis existencial que vive una mujer al borde del colapso económico y emocional, sin juzgarla. Desde luego, Pepa no es el prototipo de madre modélica impuesto por la sociedad, y quizás ese sea gran reto de nuestro tiempo y el principal valor de Ama: reflejar que la idea de maternidad impuesta por la sociedad es una quimera y que la presión psicológica que implica "dar la talla" a veces se vuelve en nuestra contra.

«Había dos temas que me obsesionaban: el arrepentimiento y el abandono», explica Júlia De Paz cuando le preguntamos sobre la génesis de este proyecto. «Estaba en un momento de mi vida en el que no me sentía bien y me planteé el tema del abandono. En toda esa etapa mi madre me acompañó y entonces desarrollamos un vínculo muy fuerte. Pero, a pesar de todo, ella sentía un enorme peso y me decía: ‘Qué he hecho yo para que tú estés así de mal’. Y yo le decía: ‘Tú no has hecho nada, es mi responsabilidad'. Eso me llevó a reflexionar sobre cómo se establece un tipo de maternidad normativa. Si sales de los esquemas te estigmatizan y tachan de mala madre e incluso recibes críticas si decides no serlo», explica la cineasta.

Un problema del capitalismo

Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que las complejas relaciones sobre las que se erigen nuestros principios culturales brotan de una sociedad patriarcal con enormes desigualdades. «Desde pequeños nos educan diciéndonos que nuestro objetivo como mujeres es ser madres, y serlo, además, de una forma determinada. Si no cumples unos rasgos o características te dicen que eres una mala madre», considera Júlia De Paz. «Yo lo que intento defender con la película es que no hay un solo tipo de maternidad, sino que cada una es diferente y todas se basan en las relaciones humanas. Debemos aceptar que el mito de la maternidad no existe y debe deconstruirse, y debemos hacerlo desde los aspectos sociales, políticos y culturales hasta los económicos».

Parte del problema reside en la propia idiosincrasia de la sociedad capitalista, que fomenta la competencia en detrimento de las relaciones humanas. «Nos educan para ser individualistas y egoístas. El sistema capitalista es eso», reflexiona la directora, que añade que detrás del problema también hay una serie de malas decisiones políticas y económicas y de falta de recursos públicos. «El otro día sale la noticia de que hay un psicólogo o psicóloga por cada mil personas. Faltan tantos recursos que piensas: ¿Cómo quieres que gestionemos bien las emociones y la crisis?»

Pepa (Tamara Castellas) no sabe lidiar con el caos de su propia vida ni con la responsabilidad individual de sacar adelante a su hija. Una situación de inestabilidad emocional que proviene, en parte, de una familia desestructurada. Y, por supuesto, de la ausencia de un hombre que le acompañe en los cuidados de su hija pequeña. ¿Qué pasa cuando estás sola en el mundo, no tienes a dónde ir, no hay dinero en tu bolsillo ni un techo bajo el que dormir?

La cineasta Júlia De Paz (c) posa junto a los productores de 'Ama' durante la presentación de la 24 edición del Festival de cine de Málaga en el Círculo de Bellas Artes de Madrid / Getty Images / Carlos Álvarez

Tamara Castellas: el estigma de las mujeres

«Yo creo que ella es una víctima, como lo somos todos cuando no nos damos cuenta de lo que quieren decir algunas situaciones que hemos vivido», considera Tamara Castellas, la actriz protagonista, una mujer que en persona es la antítesis de su personaje: risueña, cercana, muy amable. «[Pepa] es una víctima como lo fue su madre y la madre de su madre. ¿En parte es culpable? Sí. Pero el origen del problema tiene que ver con cómo está socialmente visto tu papel como madre y como mujer», matiza.

«Me pregunto si alguien se plantea dónde está el padre en algún momento» confiesa la estrella de Ama. «Uno juzga al personaje todo el rato pero nadie se plantea qué ha pasado con el padre, por qué esa chica está sola. Se presupone que como eres madre tienes que hacerte cargo de la niña, y Pepa es un personaje que no tiene un referente como madre, así que no sabe hacerlo. ¿Pero alguien se ha planteado dónde está el padre?», insiste la actriz.

«En ningún momento. Eso es el estigma que tenemos la mujeres. ¿Acaso solo yo tengo la responsabilidad de la maternidad por ser madre y mujer? La maternidad es una relación que hay que crear. La gente lo que hace es juzgarla como mala madre. ¿Pero qué es ser una mala madre? ¿Hay buenas madres y malas? No. Hay madres. Si tú la juzgas es por algo. ¿Por qué?».

Tamara Casellas (i) y Leire Marín (d) en el cartel promocional de 'Ama' / La Dalia Films / Cartel promocional

Una de las grandes lecciones que nos da Ama es que hay que aprender a perdonar. Por mucho que nos equivoquemos y entremos en el sucio juego de los prejuicios y las críticas, antes o después debemos aceptar los errores y pasar página. Al final de la película, Pepa perdona. «Yo te perdono porque, si no, no me perdono a mí misma», dice, sobre su personaje, Tamara Casellas. «Por eso vuelve con su madre: para romper esa rueda que se sigue repitiendo una y otra vez».

Ama nos enfrenta a todos esos interrogantes y trata de deconstruir los mitos de la maternidad mostrándonos a un personaje vulnerable que es, en el fondo, víctima del sistema. Ella solo sobrevive a corto plazo porque el futuro es un horizonte demasiado lejano. Ni siquiera Júlia De Paz sabe qué pasaría con Pepa tras la escena final. «Yo solo tenía claro que quería terminar con una conversación con la madre hablando del perdón. ¿Qué pasa después? Vete tú a saber. No lo sé ni yo».


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