Abraham Boba (León Benavente) comparte las emociones de un músico que ha vuelto a la vida de pueblo para crear

Publica su primer poemario con el que echa la vista atrás

León Benavente

Abraham Boba publica su primer libro de poesía. / Mariano Regidor/Redferns

Abraham Boba, David Cobas o León Benavente, cualquiera de esos nombres sirve para hablar de un músico con una larga trayectoria en los circuitos más independientes de la escena musical de nuestro país que ahora, ha decidido probar en el mundo editorial con Esto no es una canción.

Se trata de una mirada al pasado para reflexionar, en clave de poesía, sobre las distintas etapas de una vida que le ha devuelto a sus orígenes en un pueblo gallego al que ha regresado movido por su compromiso con la creación.

Después de muchos años haciendo canciones, ahora ha decidido cambiar el formato y hacer realidad su idea de plasmar por escrito, de otra manera, emociones y sensaciones que forman parte de su vida y, que hasta ahora, no había encontrado el momento para hacerlo. Y no, no se trata de un libro escrito a raíz de la pandemia, ya viene de antes.

Hablamos de un debut, ¿supongo que hacer algo nuevo por primera vez siempre lleva un plus de ilusión añadido, ¿no?

Yo siempre había tenido en mente publicar algo que no fueran canciones y en este caso es lo que he hecho con este libro y, sí, la verdad es que llevo tantos años publicando discos que ahora, publicar un libro es una ilusión especial. Todavía tengo que pensar que sensación concreta me va a generar.

Si es algo que siempre has tenido en mente, ¿por qué ahora, entonces?

Cada vez que publicábamos un disco siempre decía, ‘venga, pues ahora voy a escribir’. Iba haciendo cosas, pero al final nunca lo concretaba. Después de grabar el último disco de León Benavente tenía una idea un poco más clara. Me fui a Madrid, llevaba mucho tiempo allí y volví a Galicia después de haberme ido hace 30 años y eso también era un acicate para ponerme con esto.

¿Y la pandemia?

La pandemia me pilló cuando ya llevaba cinco meses en este pueblo que estaba solo allí y sí me movía, porque teníamos conciertos los fines de semana, pero el resto estaba allí escribiendo. Cuando llegó el confinamiento ya tenía escrito el 80-85%. Escribí algunas cosas al final y lo que sí hice fue hacer varias versiones del libro y jugar con los elementos. Pero no es un libro escrito en ese tiempo.

Entonces la nostalgia que contiene el libro no tiene que ver con esa nostalgia que se nos ha generado en pandemia, sino que lo tuyo viene de antes.

Lo mío viene de serie. Tampoco quiero pensar que es nostalgia. Supongo que es lo lógico cuando vuelves a tu lugar de origen muchos años después siendo la misma persona, pero siendo otra persona. Es lo que ha pasado con este libro.

Dices que eres la misma persona, pero, ¿Galicia también sigue siendo la misma que la que tú conociste siendo niño?

Al final tus ojos son los mismos, pero cuando pasa el tiempo ves las cosas de otra manera. Me resulta curioso porque e lugar donde estoy es donde pasé prácticamente todos los veranos de mi vida desde que nací. Nunca pensé que ese pueblo lo iba a mirar de una manera distinta pero sí, tengo muchos recuerdos de los que están en el libro en forma de poema, pero a veces me sorprendo pensando que estoy en un sitio que ya es otra cosa.

Nos describes una Galicia muy rural. Así a priori, nos imaginamos a los músicos más urbanitas… cuánto cliché absurdo, ¿no?

Es un cliché absurdo porque cuando te dedicas a escribir canciones tienes que escribir un método que es el que te gusta y con el que te sientes cómodo a lo largo del tiempo, como cualquier oficio. Yo, es bastante curioso, pero siempre he necesitado concentración, tranquilidad y soledad para escribir incluso canciones de pistas de baile o de rock salvaje. Posiblemente si estuviese los 365 días al año en un pueblo, solo, encerrado en una casa, a lo mejor mi mood empezaba a cambiar de forma drástica y se acababa notando, pero en el fondo esa pulsión de la ciudad la llevo experimentando muchos años y eso te acaba marcando el carácter.

De Madrid a un pueblo gallego, sí es un cambio drástico, ¿cómo es tu vida rural?

Es drástico, pero supongo que es una elección y sabía que en algún momento iba a pasar. Siempre pensaba que era algo que iba aplazando. El cambio de vida ha sido radical porque de pasar por los últimos 13 o 14 años con giras muy largas, mucho viaje y hablar con gente, muchos inputs desde fuera, pasar a una especie de reclusión y soledad, las 24 horas al día, tiene sus momentos duros, pero es compromiso con mi oficio y con la creación. Si ese es el ambiente que me hace concentrarme y trabajar y escribir mejor es la elección que tomo, por lo menos en este momento de mi vida.

Aunque muchos piensan que el lenguaje de las canciones y de la poesía es muy similar, creo que tú no opinas lo mismo, ¿no?

No lo opino, pero ya no solo por el lenguaje sino por la forma de proceder a la hora de hacerlo. Yo para escribir una canción necesito un piano, un bolígrafo y un papel. No me refiero a todo lo que limita una canción que tienes una letra, una melodía, una armonía o una estructura que te va condicionando a la hora de escribir, pero cuando escribes otra cosa es mucho más libre, sobre todo en mi caso que no escribo poemas atendiendo a la métrica. No sabría hacerlo bien y no es el tipo de poesía que más me interesa. Por eso los diferencio tanto. Hay poemas que se pueden convertir en canciones y canciones que escritas en un papel podrían ser grandes poemas.

¿Qué ha sido lo más difícil de este repaso al pasado?

No he visto nada complicado, creo que hay mucho de recuerdos y de cosas que se quedan grabadas en tu mente y sabes que en algún momento van a aparecer por escrito, si te dedicas a escribir. Nada me ha parecido duro, sino que, incluso, es gratificante escribir sobre ciertos hechos que pueden ser dramáticos y sobre los que nunca había escrito.

Hay episodios muy duros, como el de un vecino drogadicto y un bebé cayendo por la ventana, o el de un amigo de la infancia que murió ahogado, ¿marcan?

Sin duda, obviamente quedan en tu memoria porque en ese momento no eres capaz de comprenderlos del todo y pasado el tiempo te generan menos extrañeza cuando tienes tu personalidad formada. Cuando eres crío y pasan esos episodios, no sabes realmente cómo asimilarlos y por eso, supongo que acaban apareciendo después en canciones. Para abordar los temas de la manera que a mí me gusta abordarlos, se necesita alejarse de ellos y comprenderlos de otra manera para exponerlos en palabras que no sean las primeras que te vengan a la cabeza.

En este libro también hay amor en muchas vertientes. Por un lado, el pasional y, por otro, el cotidiano. Amor como el de una dependienta de una tienda de telefonía que te ayuda a resolver un problema. Pequeños gestos que no siempre valoramos, ¿no?

Pequeños gestos que no siempre valoramos y que, cuando estás carente de ellos, es cuando empiezas a buscarlos desesperadamente en cualquier lugar. Tiene que ver con este cambio de vida completo. Cuando estás de gira y todo el mundo te dice que eres maravilloso y canta tus canciones, cuando dejas de recibir ese tipo de amor, lo echas de menos. Todos necesitamos cariño en nuestras vidas, si no, esto es insoportable.

También hay música. ¿Con 7 años tuviste claro que querías dedicarte a la música mientras observabas una fiesta desde la ventana o eso es literatura?

No es literatura, eso es real. Lo tengo muy presente, recuerdo aquellos días muy bien. Yo cantaba desde niño. Antes de esa escena que aparece en el libro, de crío cantaba y cuando venían familiares mis padres decían ‘venga, canta una canción’. Y me ponía a cantar sin instrumentos ni nada, lo que hubiera en este momento, Raphael, por ejemplo.

“El éxito alivió tu existencia y vació su alma”. ¿Hablas de lo que ha supuesto para ti?

Ahí entramos en el terreno de cuánto hay de ficción y cuánto hay de no ficción. Realmente todavía no sé dónde quiero llegar. No me considero una persona famosa, puede salir a la calle tan tranquilamente y me alegro de que sea así, que pueda tener un trabajo que me gusta y no suponga un infierno en ese sentido. Pero cuando no dejas de recibir comentarios que te dicen lo bueno que eres, eso acaba siendo una especie de autoengaño y te acabas viendo como la gente te dice que eres y no como eres.

También hablas mucho de soledad, ¿qué supone para ti y qué espacio ocupa en tu vida?

NO lo sé, supongo que a medida que van pasando años y te das cuenta del tipo de vida que quieres llevar o de los compromisos que quieres asumir, creo que en mi caso lo he asumido con la creación. Trabajo muy bien en soledad y donde más productivo soy, no soy capaz de estar escribiendo de gira o con cosas por medio, necesito estar solo. Es un arma de doble filo porque obviamente está muy bien para unas cosas, pero para otras no. Somos seres sociales y no soy un anacoreta, ni un ermitaño. Me gusta la gente y me gusta recibir cariño de la gente y darlo. Quizás sea temporal pero donde estoy he pasado de cien a cero. Hay veces que se lleva difícil.

Hablas de parejas de amigos que acababan mimetizándose, ¿una crítica a la rutina?

Una crítica a los estándares y a muchas veces no querer salir de lo que se supone que tiene que ser la vida perfecta que se nos han estado vendiendo durante muchos años.

¿Y cuál es la vida perfecta?

Creo que no hay vida perfecta. Creo que cada uno la va eligiendo y si tiene suerte puede llegar a conseguirla, pero reconozco muchos patrones de comportamiento que vienen dados de todo lo que se nos ha dicho sobre cómo se supone que debemos vivir.

¿De cuál huyes más fervientemente?

No es que huya, es que voy eligiendo según me va pareciendo conveniente en las diferentes etapas de la vida. No tengo ningún problema con ir cumpliendo años, pero sí voy reconociendo diferentes etapas y necesidades en las diferentes etapas y es bueno reconocerlo y poder tomar decisiones como es alejarse de todo.

Hablando de críticas: “Siendo la verdad lo contrario a la democracia”.

Un zasca y una idea que viene de una serie de libros de Comité invisible, que no se sabe si es un autor o un colectivo, que son ensayos sobre la sociedad contemporánea con los que estoy más de acuerdo con unos que con otros. Esa idea viene de uno de esos libros y me parece acertado incluirlo.

“Buscando en el pasado alguna forma de encarar el futuro”, ¿era tu objetivo?

Sí, sin duda. Esa frase está por eso.

¿Y cómo lo encaras?

Lo primero que se me viene a la cabeza es que ahora, como estoy más trabajando para canciones de León Benavente y estoy preparando un disco, ya tengo continuación de este libro y estoy preparando un espectáculo de presentación del libro y es una buena forma de encarar el futuro. Prefiero no pensar demasiado y si algo nos ha enseñado esta pandemia es que pensar en el futuro no sé si tiene mucho sentido. El futuro se concreta en proyectos artísticos.

Dejas claro que la vida es una montaña rusa de emociones y estados, ¿en cuál te encuentras ahora?

Estoy en una especie de valle o algo así. Estoy viviendo en un valle, así que, el símil es perfecto. Estoy tranquilo y, sobre todo, cuando termina el día, si he podido hacer algo que tenga que ver con la creación de una u otra manera, algo que me pueda servir para algo que quiera escribir en un futuro, eso es lo que da sentido a mi vida, por lo menos en este momento.

También hay desnudo en el libro, reflejas varias escenas de desnudez, ¿es un estado habitual para ti?

Sí que voy a una playa nudista, pero no suelo ir desnudo por la calle, por mi casa a veces sí, pero tampoco demasiado. Es más desnudez emocional.

Dices en un momento dado que te has puesto a ello, pero, ¿es posible comprender el mundo?

No, es totalmente imposible, pero ni siquiera el mundo, cualquiera de las mínimas cosas que nos influyen en la vida, entre otras, intentar comprender o abarcar el amor, me parece imposible.

Ahora el presente y futuro de la música, ¿cómo lo ves?

Eso lo comprendo un poco mejor. Creo que toda la pandemia ha sacado a relucir todas las carencias de un sector al que nunca se le ha prestado demasiada atención y ahora lo hemos visto muy claro. Lo hemos vivido como una crisis permanente, parece que podemos salir de todas. A partir del año que viene veremos un poco las medidas de todo este tiempo. Hay gente a la que le ha pillado muy mal, estoy pensando en colegas de profesión, compañeros de grupo, gente que llevaba mucho tiempo trabajando en un disco y no ha podido girar y es trabajo perdido. Aparte de que hace muchos años que los músicos no vivimos de vender discos sino de hacer conciertos y el presente ha sido muy duro y ahora veremos de lo que se va a hacer en el futuro, pero se debería tomar nota y cuidar el entramado, desde lo más básico a lo más profesional.

En el libro no hay pandemia, ¿en el disco de León Benavente la habrá?

Todavía lo estamos haciendo. Está bastante avanzado, pero creo que, de alguna manera, quieras o no quieras referirte a ese tema, a todos nos va a afectar y va a ser recurrente tanto este año como el siguiente. Creo que hablar de pandemia es como hablar de amor, es un tema que va a ser recurrente y lo interesante será el punto de vista o las palabras que se usen para hablar de ello. A mí me parece todavía un poco pronto para referirse a este tema.

De todos los tatuajes que tienes pendientes, ¿te has hecho alguno nuevo?

No. Tengo que pensarlo, he estado tan ocupado que no he podido ni tatuarme y, además, en el pueblo lo tengo más difícil. Llegará el momento.

¿Qué vas a hacer con tu única, preciosa y salvaje vida?

De momento, aprovecharla al máximo, creo que ha quedado claro durante este tiempo. También el hecho de haberme ido de Madrid y haber decidido ese tipo de vida tiene que ver con mi compromiso con la creación y lo que me apetece hacer con mi vida es eso.


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