The Cure y ‘Desintegration’: De “suicidio comercial” a obra maestra

En una entrevista con ‘Rolling Stone’ le preguntaron a Robert Smith: ‘¿Cuál era tu estado mental cuando hiciste Disintegration?'

The Cure y ‘Desintegration’: De “suicidio comercial” a obra maestra

La banda británica The Cure fotografiada en California en septiembre de 1989. / (Photo by Vinnie Zuffante/Michael Ochs Archives/Getty Images

Cuando The Cure entregaron a su discografía las 12 canciones de Disintegration, encontraron caras de "absoluta decepción". Una semana después, Robert Smith recibió una carta - que todavía conserva porque le tiene mucho cariño - en la Elektra le advertía que "estaba cometiendo un suicidio comercial". Pero el líder de la formación inglesa pensaba que era su 'obra maestra'. Y estaba en lo cierto. El 2 de Mayo de 1989, The Cure publicaron su álbum más lúgubre y oscuro, pero también su mayor éxito mundial.

Dando la espalda al éxito

Disintegration fue el octavo álbum de estudio de The Cure. Deliberadamente, la banda dio la espalda a la marca pop con la que habían obtenido toda una sucesión de hits en años anteriores (Boys don’t cry, Close to me, Just like heaven, Catch…) y en su lugar, optaron por un sonido introspectivo, con tintes funestos. Las canciones, cuya letra fue escrita en su totalidad por Robert Smith (letras), eran profundamente personales y melancólicas, reflexiones sobre la pérdida del amor, la muerte o el envejecimiento, sobre la lluvia o los arácnidos asesinos. No era precisamente un disco de pop alegre y brillante

Disintegration no gustó nada a su discográfica: “Ahí estaba ese gesto de absoluta decepción en las caras de la gente”, recordaba Smith

Co-producido por David M. Allen, en la creación de la música, además de Smith, participaron Simon Gallup (bajista), Roger O'Donnell (teclista), Pearl Thompson (guitarra) y Boris Williams (batería). En los créditos también figura el batería, teclista y miembro fundador del grupo, Lol Tolhurst, aunque su abuso de alcohol ocasionó su marcha antes de completarlo. El grupo, que había sufrido varios cambios desde su formación en 1978, no atravesaba sus mejores momentos.

“Esta es mi última oportunidad”

Por extraño que pueda parecer, el material de Disintegration se vio afectado por la enorme preocupación de Robert de alcanzar los 30 años (cuando empezó a trabajar en el disco tenía 29). Al carismático artista le asustaba mucho la perspectiva de llegar a esa edad y perder la oportunidad de crear una obra maestra. En medio de tensiones con sus compañeros de banda, le daba pavor que sus mejores años creativos ya hubieran pasado sin haber conseguido nada que realmente tuviera sentido para él. Esa era su motivación cuando escribió gran parte del álbum.

“Me esforcé a mí mismo para ver lo lejos que podría llegar. Para mí era un gran problema cumplir 30 años. Pensaba ‘esta es mi última oportunidad de crear algo que realmente tenga sentido en mi vida, algo valioso’” reconocía en Rolling Stone.

“No mucho, pero suficiente”

Irónicamente, Robert Smith tampoco buscaba el éxito comercial. Le consternaba la popularidad de su anterior álbum, y por eso regresó a la oscuridad y a los sonidos ‘claustrofóbicos’: “Después de que con el álbum ‘Kiss Me’, conseguimos nuestro primer contacto real con el éxito en América, mi reacción fue hacer ‘Disintegration’”, admitió Robert en Yahoo Music.

Hubo un tercer factor que influyó en el resultado del mayor éxito de The Cure. El consumo de alcohol y alucinógenos. Cuando en una entrevista con ‘Rolling Stone’ le preguntaban ‘¿Cual era tu estado mental cuando hiciste Disintegration? ¿Consumías mucho LSD en aquella época?, Smith admitía: “No mucho, pero suficiente”.

“Toda la atmósfera era muy sombría”

Y para dar un mayor realismo a ese material, la grabación de Disintegration estuvo rodeada de un ambiente melancólico: “Toda la atmósfera era completamente diferente. Era muy, muy sombría. Y yo no hablaba. Solía pasarle notas a Roger cuando estaba tocando los teclados diciéndole lo que estaba haciendo bien o mal, porque yo no quería hablar. Intentaba crear una atmósfera mediante la que pudiéramos comunicarnos con los otros de forma no verbal”.

En el libro de Jeff Apter, Never Enough: The Story of The Cure, el cantante de The Cure explica: “Era como un monje y no hablaba con nadie. Realmente, cuando lo recuerdo, creo que era un poco pretencioso por mi parte, pero verdaderamente quería un ambiente que fuera un poco desagradable”.

Un “suicido comercial”

Disintegration fue el álbum más sombrío y lúgubre de The Cure. Y a su discográfica no le gustó nada: “Ahí estaba ese gesto de absoluta decepción en las caras de la gente”, recordaba Smith. “Una semana después me comunicaron que estaba cometiendo un suicidio comercial. Querían que retrasara la fecha de lanzamiento- pensaban que yo estaba siendo ‘deliberadamente oscuro’”. Así constaba en la carta que Smith recibió de Elektra: “Yo todavía conservo la carta y la tengo mucho cariño porque ‘Desintegration’ llegó a vender millones. A partir de entonces, me di cuenta de que las compañías de discos no tenían ni idea lo que The Cure hace y de lo que The Cure significa. Pensé que era mi obra maestra y ellos pensaban que era mierda”.

Robert Smith, de The Cure en mayo de 1989. / Fryderyk Gabowicz/picture alliance via Getty Images

Desafiando las predicciones del sello discográfico, los 4 millones copias vendidas hicieron de Disintegration el mayor éxito comercial de The Cure. Y fue gracias a canciones como Lovesong, escrita como un regalo de bodas para su mujer, Lullaby, basado en una pesadilla infantil sobre una araña sedienta de sangre, o la romántica Pictures of you.

“Nunca fue nuestra intención llegar a ser tan grandes”

Disintegration transformó a The Cure en lo que Robert Smith detestaba dada su profunda aversión a la fama: “Me di cuenta entonces de que, a pesar de mi máximo empeño, nos habíamos convertido en todo lo que no quería que nos convirtiéramos: una banda de rock de estadios”.

En Agosto de 1989, la banda llegó a Nueva York para iniciar la etapa norteamericana de The Prayer tour, la gira con la que presentaban su octavo álbum. El primer concierto fue en el Estadio Giants, con 44.000 personas que habían acudido a verles como cabezas de un cartel que incluía a los Pixies. La mayoría de las bandas se hubieran sentido exultantes ante esa respuesta. Pero a The Cure, que habían cruzado el Atlántico en barco – porque tanto Smith, como el bajista Gallup, tenían miedo a volar, les mortificaba: “Nunca fue nuestra intención llegar a ser tan grandes”.


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