Harry Styles estrena su nuevo disco, ‘Harry's House’: el hogar no es un lugar sino un estado mental

El artista vuelve a regalarnos un disco refinado y de calidad donde sigue buscándose como persona y se encuentra como artista

Harry Styles estrena su nuevo disco, ‘Harry's House’: el hogar no es un lugar sino un estado mental

Harry Styles: bienvenidos a su casa. / Sony Music

Dos años después del lanzamiento de su último disco, con una pandemia de por medio y una gran gira mundial en camino, Harry Styles estrena este 20 de mayo Harry's House, su tercer disco. El nombre, que hace referencia a la canción Harry’s House/ Centerpiece de Joni Mitchell, deja claro el eje temático del proyecto: el hogar.

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El álbum está compuesto por 13 canciones, divididas en dos bloques, a través de las cuales el artista explora todas las dimensiones del concepto “casa”. El significado físico y tangible de la palabra está presente de forma explícita en las letras y sirve para situar las canciones en distintos escenarios tanto hogareños (la cocina, el suelo del salón, el jardín) como geográficos (Hollywood, Bishopsgate, Nueva York...)... El otro, el simbólico, figurativo y emocional, subyace en la parte argumental. Harry's House es, en esencia, una reflexión sobre cómo el amor, la familia, el paso del tiempo y la relación con uno o una misma cumplen un papel tan importante en la construcción de un hogar como los cimientos en la de una casa.

La primera parte del tracklist abre con Music for a Sushi Restaurant, Late Night Talking y Grapejuice (sí, la canción con nombre de fruta que nunca falta en los discos de Styles), tres temas que ya dejan claro algunos de los rasgos más característicos del disco: el tono liviano y positivo de la gran parte de las melodías, las relaciones amorosas (con referencia a Olivia Wilde incluída en As It Was) como mayor constante narrativa y la triunfal combinación entre una composición sonora clásica y una producción y mezcla contemporáneas.

As It Was y Daylight son un puente necesario para pasar a otro tipo de mood, que aunque en apariencia sigue siendo dulce, tienen un trago más amargo. Y es que otro factor a destacar en Harry's House es que el autor sigue haciendo evolucionar sus baladas, sustituyendo casi por completo el tono épico y grávido de Sign of the times por uno más austero que, aunque no hace que rompamos a llorar, nos pellizca el corazón. Prueba de ellos son Little Freak o Matilda.

En Daydreaming, Styles se apropia del tema Ain’t We Fukin’ Now de The Brothers Johnson para dar forma a una oda al sexo donde se evidencian dos recursos constantes más en Harry’s House: las letras evocadoras, entre sugerentes y sinuosas, despreocupadas y sexys en su pasotismo que tan claramente se reflejan en la propia personalidad del artista; y el culto constante a los ídolos de Harry, que van desde clásicos como The Beatles o Van Morrison a referencias más modernas como Yo La Tengo, Wilco o John Mayer (quien de hecho firma parte de las guitarras de Daydreaming).

Harry Styles, en una imagen promocional de su nuevo disco, Harrys House. / Sony Music

El nuevo disco de Harry Styles es más estable, coqueto, homogéneo y sutil que el anterior. Y triunfa por ello. Además, su frescura y jovialidad esencial hacen que su escucha es al oído lo que un granizado de limón en una tarde de verano al gusto. El cuarteto indisoluble que forma con Kid Harpoonm, Mitch Rowland y Tyler Johnson hace que el sonido sea compacto, reconocible, carismático. Las melodías se llenan de matices sutiles y bien difuminados a través de colaboradores como Mitch Rowland, Devonté Hynes o Pino Palladino.

Cuando Fine Line (2019) vio la luz, una de las conclusiones más evidentes que pudimos extraer de este segundo LP de Harry Styles, es la evidente necesidad del artista de que su fama no se legitime únicamente por lo icónico de su figura, sino también por la calidad de su música. Su pasado como miembro de One Direction podría haberle valido para colocar en la industria y en sus codiciadas listas (casi) cualquier cosa. De la misma forma, el magnetismo natural de su carisma tiene poder suficiente como para que muchas y muchos hubiesen consumido sus canciones solo por la necesidad de sentirse cerca de él. Ser quien era habría sido suficiente para la mayoría, pero no para el propio Harry.

Ese deseo de ser músico además de artista hizo que su primer LP, Harry Styles (2017), sorprendiese por desmarcarse del pop mainstream y que Fine Line fuese aclamado en su pretenciosidad. Sin embargo, de la misma forma en la que su facilidad para agradar es a veces una cárcel para su carácter, la necesidad de validación por parte de quienes entienden la música como arte y no entretenimiento había coartado, hasta ahora, sus ganas de divertirse en el estudio.

Harry’s House es un disco de pop exquisito y culto que supera al anterior. En ese sentido conceptual que tenía para el británico mostrar su intimidad también se ha quitado filtros y responsabilidades autoimpuestas. No pretende innovar sino renovar, no solo su música sino los géneros a los que recurre (folk, synth-pop, indie-rock, R&B...). De alguna forma, convierte Fine Line en un boceto de este nuevo lanzamiento. Un derroche de buen gusto, un placer sin pecado.


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