‘Tubular Bells’, la melodía del diablo con la que Mike Oldfield buscó su propio exorcismo

Para muchos siempre será la banda sonora de 'El exorcista', un título que también sirvió a su compositor, de tan solo 17 años, para purgar sus propios miedos

‘Tubular Bells’, la melodía del diablo con la que Mike Oldfield buscó su propio exorcismo

Mike Oldfield, alrededor de 1975. / GAB Archive/Redferns

Un extraño estribillo sonaba en las oficinas neoyorkinas de del sello Atlantic Records a fianles de 1973. Hacía unos meses antes, se había publicado en Reino Unido, y llegó al otro lado del charco con toda la inquietud de sus acordes. El jefe de la discográfica se la presenta a su amigo, el director William Friedkin, que busca la banda sonora ideal para su próxima película. El tema está interpretado por un piano, un órgano y un xilófono, y suena aparentemente infantil, pero paradójicamente también muy inquietante. Rápidamente se da cuenta: será perfecto para acompañar algunas escenas de su nueva película que cuenta la historia de una joven poseída por un demonio.

Tubular Bells es ese disco que sonaba en esa oficina. Un disco lanzado por el británico Mike Oldfield el 25 de mayo de 1973, un ejemplo de una sinfonía de rock con una gran estructura: una pieza de 49 minutos dividida en dos lados de vinilo y un enfoque complejo hacia la armonía, muy en línea con la escena del rock progresivo de principios de la década. Sin embargo, con el uso de instrumentos no convencionales como las campanas tubulares, los timbales y el xilófono, Tubular Bells también se convirtió en un momento decisivo en el movimiento new age.

Fue un disco revolucionario compuesto por una sola obra, sin voz ni batería. Para muchos siempre será la banda sonora de El exorcista, un título que también sirvió a su compositor, de tan solo 17 años, para purgar sus propios miedos. Tuvo que soportar que le dijeran que nadie escucharía un disco compuesto por una sola obra, sin letra ni batería, que ese proyecto nació muerto porque no se podía emitir por radio. Pero Oldfield se mantuvo firme. No podía sino seguir adelante, porque este proyecto era para él una especie de redención, fruto de un trabajo importante, su victoria sobre la depresión, un trabajo largo y ambicioso.

Mike Oldfield llamó a las puertas de las discográficas más grandes de Reino Unido. Su insistencia radicaba en intentar convencerlas de estaba inspirada en los compositores minimalistas estadounidenses, no pensada para aparecer en la radio. Su sueño se hizo realidad cuando Virgin, un nuevo sello inglés, invitó al músico a grabar en el estudio. Fue en una mansión del siglo XV donde el multiinstrumentista pudo grabar los diversos instrumentos de Tubular Bells. Un piano, guitarras, una mandolina, un bajo, flautas, un montón de percusión y en especial las campanas tubulares que le dejó John Cale, el fundador de The Velvet Underground, procedentes de una grabación anterior. Habitualmente relegadas al fondo de orquesta sinfónica, se convirtieron en las grandes protagonistas del disco, dando el título a la obra, la identidad a la portada del disco y un sonido todopoderoso imposible de olvidar.

Mike Oldfield, posando en su casa de Buckinghamshire, en 1980. / Peter Stone/Mirrorpix/Getty Images

Una infancia llena de demonios

Los primeros años de vida de Oldfield no fueron sencillos. Huyendo de su madre, cuyo alcoholismo amenazaba con teñir de negro sus mejores recuerdos, pasó la mayor parte de esta etapa en un loft que pertenecía a su familia. A lo largo de su adolescencia, fue creando las diferentes melodías en su cabeza, tocando él mismo todos los instrumentos. Ya en Londres consiguió grabar una demo, y tras presentarlo a Virgin, consiguió grabar su primer disco. El producto terminado se convertiría en el primer lanzamiento de la discográfica, un gran éxito de crítica que también terminó en el número 1 en la lista de álbumes del Reino Unido.

El cofundador de Virgin, Simon Draper, aseguró en una entrevista a la revista británica Prog que fue el álbum que dio forma a la expansión del sello. "El éxito de Tubular Bells nos dio mucho dinero", dijo. "Nos dio la oportunidad de expandirnos al extranjero, lo que ninguna de las otras empresas independientes hizo. Tener artistas como Mike Oldfield nos dio un punto de apoyo realmente fuerte en Europa".

Mirando atrás, Oldfield también habló sobre la composición del disco en la misma publicación: "La calidad del sonido es realmente excelente, y lo más sorprendente fue que salió a la primera toma. Nadie, incluido yo mismo, soñaría con hacer eso ahora". Confesó además que el disco no solo le dio popularidad, sino un bienestar mental con el que llevaba décadas soñando. "Fue la única vez que me sentí cuerdo y vagamente feliz", dijo. "Supongo que describe en pocas palabras la angustia de la adolescencia, con la que la mayoría de la gente puede identificarse. Personifica todo eso".

El propósito principal de su composición era mantener al adolescente con problemas en una estabilidad psicológica. Solitario desde la infancia, Oldfield sufría de una sensación de anulación amplificada por la enfermedad mental y el alcoholismo de su madre. Él mismo llegó a depender en gran medida del alcohol, una etapa extremadamente dañina que lo llevó a décadas de ataques y pánico paralizantes.

El artista Trevor Key recibió el encargo de diseñar la ahora icónica portada, y Tubular Bells se convirtió en el lanzamiento más importante de 1973. The Dark Side Of The Moon de Pink Floyd había aterrizado en marzo, y con él, la era progresiva se completó. La inspirada sinfonía de Oldfield obtuvo excelentes críticas en la prensa y obtuvo un ferviente apoyo. Tubular Bells entró en el top 10 y permaneció en las listas de álbumes durante cinco años seguidos. Las ventas mundiales aumentaron aún más cuando William Friedkin seleccionó la inquietante sección de apertura para El exorcista, y que le valió a su compositor el Premio Grammy a la Mejor Composición Instrumental en 1975.

Tubular Bells (Pt. I)

Todavía acosado por los ataques de pánico y un miedo atroz a volar, Oldfield se negó a llevar el álbum de gira a Estados Unidos, a pesar de las súplicas de la discográfica. Sin embargo, accedió a un concierto en el Queen Elizabeth Hall. "No sentí que pudiera reproducir el álbum en un escenario», reflexionó Oldfield a The Guardian. "Richard me dio su Bentley para que lo hiciera, pero luego descubrí que reparar el auto costaba más de lo que valía. Habiendo sido visto como un idiota del pueblo, de repente me convertí en el héroe más grande de todos. Así que me fui a vivir a Gales laderas, rodeadas de ovejas", contaba.


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