Comprar menos ropa (y mejor) está de moda

Cambiar nuestra manera de vestirnos es clave para combatir el cambio climático

Comprar menos ropa (y mejor) está de moda

Los hábitos de consumo, claves para el cambio climático / Getty Images/Westend61

Comprar una camiseta al precio de un par de refrescos. Una realidad que todos nos encontramos en grandes superficies, y que en los últimos años se ha convertido en habitual. Pero, ¿qué consecuencias tiene la moda barata?

Una cosa parece clara: si algo nos sale muy barato, es porque a otra persona le está saliendo caro en algún otro lado del mundo. A menudo, las condiciones de fabricación de la ropa que consumimos dejan mucho que desear. Por eso es tan importante mirar la etiqueta y conocer el país de origen. Cuanto más cerca, mejor. Y si está fabricada en España, merece la pena pagar un poco más.

Más allá de las cuestiones éticas relacionadas con los derechos laborales, el impacto medioambiental de nuestra manera de comprar ropa es acusado. La industria de la moda representa más del 10% de las emisiones globales de efecto invernadero, lo que la convierte en una de las más contaminantes del mundo.

“En los últimos años he reducido drásticamente la ropa que compro”, cuenta María, madrileña de 23 años. “Al principio fue por ahorrar dinero, pero luego por intentar ser coherente conmigo misma. El cambio climático es algo que me preocupa, y a lo que quiero contribuir lo menos posible. Además, vi un documental que me impactó mucho, ‘The true cost’, sobre lo que implica para el planeta la ‘fast fashion’. Ahora procuro alargar la vida de la ropa y, siempre que puedo, la llevo a arreglar cuando se rompe”.

Ropa limpia, agua sucia

Los datos parecen darle la razón a los jóvenes concienciados: la industria de la moda es también responsable del 20% de las aguas residuales que se producen cada año en el mundo. Y es que para teñir o estampar la ropa que compramos en las tiendas se emplean toda clase de sustancias químicas que terminan en las aguas. Todos estos agentes contaminantes son muy tóxicos, por lo que si un animal los ingiere accidentalmente toda la cadena alimenticia se ve seriamente afectada.

Es por ello que cada vez son más los que optan por darle una segunda vida a la ropa que han utilizado otras personas. Según un estudio de Intexter, reutilizar un kilo de ropa supone un ahorro equivalente a 25 kilos de CO2.

Muchas marcas también están tomando buena nota de la concienciación de un número cada vez mayor de clientes. Las colecciones respetuosas con las personas y el medio ambiente se multiplican, y los consumidores responden ante una tendencia que parece imparable.


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