La fast fashion se dispara: ¿Por qué es un problema para el planeta?

Tras la crisis sanitaria, el sector ha recuperado el pulso y las ventas se han disparado un 300%, según un estudio. El consumo compulsivo de moda tiene graves consecuencias para el medio ambiente y también para las personas. 

Fast fashion

La moda barata sale cara. / Getty Images

Comprar una prenda, usarla una o dos veces (o ni eso) y olvidarla en un rincón perdido del armario. Y al mes siguiente, seguir comprando otras nuevas. Aunque no las necesitemos: simplemente porque disfrutamos haciéndolo. Porque es barato. Porque nos relaja o nos alegra el día.

Es una situación en la que prácticamente todo el mundo se ha visto alguna vez. Una forma de consumir que sustenta el modelo de la llamada fast fashion: moda asequible y efímera. Ropa de baja calidad, casi desechable, que compramos de forma impulsiva como parte de un fenómeno que no para de crecer.

Según un informe hecho público por el banco N26, la fast fashion ha crecido en el último año un espectacular 300%. Del mismo modo, el número de pagos en comercios de moda rápida en junio de 2022 cuadruplicó los registrados en el mismo mes de 2021. De todas las operaciones analizadas, casi un 80% (79,59%) del total corresponden a este tipo de productos

El estudio también ha llegado a otras conclusiones interesantes: el comercio online se ha recuperado de la crisis sanitaria antes que el físico. Entre enero de 2021 y junio de 2022, ambos incluidos, la inmensa mayoría de las operaciones de pago se realizaron en línea. Eso sí: los españoles compraron más, pero gastaron menos. Mientras que el gasto medio en estos negocios era de 64,5€ en 2021, en junio de este año fue de 56€.

Pero, ¿cuál es el problema de la fast fashion? Probablemente ninguno... salvo que estés concienciado con el cuidado del medio ambiente y las llamadas tres erres del ecologismo (reciclar, reutilizar, reparar). También si te preocupan los derechos laborales. Porque una cosa deberíamos tener clara: si algo es muy barato es porque le está saliendo caro a alguien en alguna otra parte del mundo.

“Las consecuencias ambientales y sociales de la moda rápida comienzan desde la propia elaboración de los textiles”, explica Serlinda Vigara, de Ecologistas en Acción. “El cócktel es, desde su origen, una combinación de ingredientes explosivos: mal uso de los recursos naturales que se necesitan para la producción de textil, nefasta gestión de residuos, tremendas pérdidas de derechos laborales o la emisión del 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero que se general en todo el mundo”.

Las consecuencias ambientales y sociales de la moda rápida comienzan desde la propia elaboración de los textiles

Serlinda sabe de lo que habla: fue una de las autoras de la versión española del demoledor informe ‘Moda Sucia’, que puso el foco en uno de los grandes problemas de la industria: la contaminación en la producción de la viscosa, una sustancia muy utilizada en la cadena de suministros textiles. Según desveló el informe, algunas de las principales marcas de ropa como H&M o Zara compran este material a fábricas muy contaminantes de países como Indonesia, China o India. Lugares en los que se generan de manera sistemática desechos de productos químicos peligrosos y se emiten gases extremadamente tóxicos.

“La ONU califica la producción de textil a gran escala como una emergencia ambiental y también destaca, como Ecologistas en Acción, las consecuencias sociales y ambientales de su proceso de producción”, añade Serlinda. “Este sector, por ejemplo, utiliza 93.000 millones de metros cúbicos de agua cada año, una cantidad suficiente para que sobrevivan 5 millones de personas, lo que le hace responsable del mal uso del 20% del agua a nivel global. Por no hablar de que, gran parte de la ropa producida, ni siquiera se vende. Según también datos de la ONU cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura”.

El sector utiliza 93.000 millones de metros cúbicos de agua al año, cantidad suficiente para que vivan 5 millones de personas

En busca de alternativas

Dicho lo cual ¿qué podemos hacer los ciudadanos? Aunque todos tenemos una responsabilidad y debemos ser conscientes de en qué nos gastamos el dinero, la portavoz de Ecologistas en Acción recuerda que “la compra es el último eslabón en esta cadena de consecuencias ambientales y sociales”. Por ello, la organización ecologista propone “soluciones que pretenden ir a la raíz del problema”. Son fundamentalmente cuatro:

1, “Las marcas y productores de moda textil deben imponer políticas de contaminación cero en todos los eslabones de la cadena de suministros, incluidos los suministradores de materias primas, y realizar auditorías regulares para asegurar su cumplimiento”, explica Serlinda.

2. “Los actores políticos deben exigir transparencia en toda la cadena de suministros, así como introducir criterios ambientales y sociales en las regulaciones para el sector”.

3. “Consumidoras y consumidores deben de tener la posibilidad de comprar prendas que demuestren claramente que su elaboración ha sido respetando criterios ambientales y sociales”.

4. Por último, “es prioritario reducir la producción y el consumo, fomentando, además los modelos de producción y venta que cumplan con criterios de protección ambiental y social, desde el origen de la producción hasta su venta al público”.

 


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