Estos son los cinco lugares naturales más peligrosos del mundo

La naturaleza es espectacular, pero a menudo también entraña importantes riesgos. Te presentamos cinco lugares que es mejor visitar sólo desde la comodidad de tu casa.

Depresión de Danakil.

La Depresión de Danakil, en Etiopía. / Getty Images

Si preguntásemos por la calle cuáles son los parajes más increíbles del planeta, todo el mundo tendría una larga lista para elegir. Las cataratas del Niágara, los fiordos noruegos, las playas del Caribe, las selvas del Amazonas… Las opciones son casi infinitas. Sin embargo, si preguntásemos cuáles son los lugares a los que no querrían ir bajo ningún concepto, pensar la respuesta llevaría unos segundos.

Entre las posibles opciones, sí o sí, deberían figurar estas cinco. Destinos en los que la naturaleza muestra su cara más hostil y despiadada, y a los que viajar se convierte en una actividad de alto riesgo, cuando no en una idea nefasta que puede poner en peligro nuestra propia vida.

Isla de la Queimada (Brasil)

Bothrops insularis. / Nayeryouakim / Wikipedia.

¿Qué puede tener de malo una coqueta isla desierta frente a las costas de São Paulo? Nada menos que la presencia masiva de una de las serpientes más venenosas del mundo, que han hecho de ella su hogar. La víbora de la isla quemada (Bothrops insularis) está en peligro de extinción, dado que sólo es posible encontrarla en este idílico enclave a 30 km de la costa. Pero allí son las reinas indiscutibles: algunos cálculos hablan de que hay en torno a 4.000. Y eso, en una isla que apenas mide 1,5 m de largo y 500 metros de ancho, es mucho. No hace falta decir que la presencia humana está terminantemente prohibida. El único habitante de la isla fue el farero que vivió en la isla hasta las primeras décadas del siglo XX, y que después fue sustituido por un mecananismo automático.

Lago hirviente (Dominica)

Boiling Lake, en Dominica. / Getty Images

La isla de Dominica, en el corazón del Mar Caribe, es un destino vacacional de primer nivel y un auténtico paraíso turístico. Pero a poco más de 10 kilómetros de la capital, Roseau, se esconde un inusual fenómeno de la naturaleza. El conocido como Boiling Lake o lago hirviente hace honor a su nombre. Literalmente. Porque su aguas alcanzan temperaturas de 92 grados, más que suficiente para cocer alimentos. Ese calor genera una singular nube de vapor que confiere al conjunto de una belleza muy especial. Eso sí: nada de meter un pie para ver qué tal está el agua.

Depresión del Danakil (Etiopía)

Depresión de Danakil, en Etiopía. / Getty Images

En la parte norte de Etiopía, donde convergen tres placas tectónicas, se encuentra un lugar que puede presumir de ser uno de los más inhóspitos de la Tierra. De entrada es el más caluroso que existe en cuanto a temperaturas medias, así como uno de los que cuenta con menor índice de precipitaciones. Los lagos cuentan con el índice de salinidad más elevado conocido. Y los gases tóxicos y la constante actividad volcánica hacen que vivir aquí sea una tarea literalmente imposible, salvo para una serie de microorganismos que llevan décadas despertando el interés de la comunidad científica.

Oymyakon (Rusia)

Oymyakon (Rusia). / Getty Images

Con más de 17 millones de kilómetros cuadrados, Rusia es, con diferencia, el país más extenso del planeta. Y a lo largo de su interminable geografía cuenta, claro, con lugares hostiles como pocos. Oymyakon es uno de los peores. El frío allí es mucho más intenso de lo imaginable, con valores que caen fácilmente hasta los -40º. De hecho, allí se dio la temperatura más baja jamás registrada (-71º en 1926). Unas condiciones que hacen que no sea posible cultivar nada, lo que se traduce en una falta de alimentos muy problemática para sus habitantes. Porque sí: hay quien vive aquí. Concretamente, 462 valientes.

Las puertas del Infierno (Turkmenistán)

Las puertas del infierno (Turkmenistán). / Getty Images

En el desierto de Karakum, ubicado en la antigua república soviética de Turkmenistán, existe un lugar cuyo nombre habla por sí solo. Las puertas del infierno son, en realidad, un cráter de 70 metros de ancho y 20 de profundidad de origen incierto, aunque muchos sitúan éste en una infructuosa prospección de la época soviética. ¿Su peculiaridad? Que lleva ardiendo de manera ininterrumpida desde la década de 1970, a causa del gas metano que emana de la cavidad. Fueron los propios geólogos los que decidieron prenderle fuego para evitar que se propagaran los gases, pensando que el incendio apenas duraría semanas. Se equivocaron.

 


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