Javi Martín o la historia del guapo de ‘Caiga quien caiga’ que habla de intento de suicidio y bipolaridad

Comparte su historia en un libro que pretende ser una esperanza para muchos

Javi Martín

Javi Martín publica 'Bipolar y a mucha honra'. / Foto cedida por Espasa

Caiga quien caiga es uno de esos programas que forman parte de la historia de la televisión de nuestro país. Sus reporteros vestidos de negro fueron el terror de los famosos durante un tiempo que les temían y querían a la par y que ansiaban, sobre todo, conseguir una de sus gafas de sol negras tan identificativas.

Javi Martín era el guapo del programa en aquellos inicios que con poco más de veinte años disfrutó de la fama que le dio este escaparate. Luego llegó el teatro y la popularidad descendió.

Pero eso no fue lo malo, sino el intento de sucedido al que sobrevivió y el trastorno bipolar que le fue diagnosticado. en los últimos tiempos ha hablado abiertamente tanto de su homosexualidad como de sus problemas mentales y lo ha resumido todo en Bipolar y a mucha honra, un libro lleno de humor y de sucesos muy duros y personales.

Tuvo su época de drogas y desfase en su período de máximo reconocimiento y ahora padece las consecuencias y quiere ayudar a los que están pasando por lo mismo, tanto pacientes como familiares. Y siempre, con ese sentido del humor que le caracteriza.

Una de las personas que más ha hecho por visibilizar el suicidio últimamente, ¿recompensado el esfuerzo con los resultados?

Yo creo que sí. Creo que todas las voces ayudan a visibilizar, a desestigmatizar. Cuando hablamos de suicidios estamos previniendo los suicidios y es un tema muy tabú del que hasta hace cuatro días no se hablaba en España, y todas las voces ayudan. Contar mi historia y contar cómo lo pasé y cómo lo superé puede ayudar a mucha gente.

Antes no se hablaba públicamente del suicidio para evitar el efecto llamada. ¿Estábamos equivocados?

Sí. Hay estudios que hablan de que eso no es real, de que no se provocan más suicidios porque se hable de ello, al revés. Es un tema que ocurre más habitual de lo que la gente imagina. Son casi 4000 suicidios al año en España, son 11 personas que se quitan la vida cada día y 200 personas que lo intentan cada día. Yo pensé que era una cosa que me pasaba a mí y cómo podía yo estar en esa situación de querer quitarme la vida y, de alguna manera, saber que es algo mucho más habitual y que ocurre en muchas familias y que se puede superar te ayuda a salir de ese pozo. A mí si alguien me hubiese dicho, ‘Javi, no te preocupes, esto ocurre mucho más habitualmente de lo que te imaginas y muchísima gente lo supera’, de alguna manera me hubiese ayudado.

Se tomas muchas medidas y se crean muchas campañas para concienciar por los accidentes de tráfico o la violencia de género mientras que el suicidio queda solapado teniendo cifras mortales más elevadas, ¿por qué crees que ocurre esto?

Es una pena, como venimos de ese tabú, los medios de comunicación hasta hace poco no hablaban de este tema, los políticos siguen sin darle la importancia que requiere y, es verdad, se hacen muchas campañas por la violencia de género, los accidentes de tráfico, pero hay tres veces más posibilidades de que alguien se quite la vida a que tenga un accidente de tráfico. Muchas veces la gente puede pensar que los suicidios no se pueden prevenir y se pueden prevenir con asistencia. Esas campañas pueden reducir los suicidios en un 30%,40%. Cuando estamos hablando, no de cifras, sino de personas con sus nombres y apellidos, con sus familias que quedan absolutamente destrozadas en una situación así, tiene mucho más valor. Se puede prevenir y debemos prevenir.

Y en este grupo de potenciales, hay mucha gente joven, aunque a veces cueste creerlo.

Muchísima gente joven. Salen casos tremendos. A veces por acoso escolar, abuso de las drogas, muchas razones. Hay mucha gente joven que no tiene herramientas para saber lo que le está pasando. Por eso también pedimos educación emocional en las escuelas. Saber que los chavales sepan cómo gestionar sus emociones, cómo pedir ayuda, cómo hablarlo con los compañeros, los profesores, los padres, para poder salir de esa situación.

De todas formas, cada vez se habla más de estos temas, hay más comunicación e información, pero los índices no paran de crecer, ¿qué falla?

No se ataja realmente la problemática. Faltan miles y miles de psicólogos en España para atender estas situaciones. Tenemos tres veces menos psicólogos en España que en el resto de Europa. Hablo de la sanidad pública. Cuando necesitas un psicólogo o un psiquiatra te tienes que ir a la privada y te lo tienes que pagar porque la sanidad pública te da cita para dentro de tres, cuatro o seis meses y cuando estás en una situación tan vulnerable, necesitas ir a un psicólogo inmediatamente y todas las semanas. Y pagarte todas las semanas un psicólogo, 70 euros en mi caso, cada semana y 100 euros el psiquiatra, tienes que pagar 400 o 500 euros al mes porque te atiendan la salud mental. Parece algo de segunda y es importantísimo. A veces es más importante la salud mental que la física. Puedes tener un problema físico, pero estar bien y feliz, pero si tienes un problema de salud mental todo tu mundo es un problema.

Y no solo para ti sino también para la gente que te rodea.

Claro, la verdad es que la salud mental afecta a la persona y al resto. En mi caso, cuando yo tenía las elevaciones, esas fases maníacas, mi familia no sabía cómo gestionarme, cómo llevarme, cómo actuar conmigo, no hay información. Y en la depresión, a veces los familiares no saben siquiera en qué estado de peligro se puede encontrar la persona. Piensas que está deprimido, triste, pero a lo mejor esa persona está pensando en suicidarse. Las familias no tienen información de cómo gestionarlo.

Hablas de esos casos en los que escuchamos decir, ‘está triste’, ‘está deprimido’, le añadimos, ‘está loco’… a veces frivolizamos un poco con el vocabulario relacionado con la salud mental, ¿no?

Muchas veces a la gente por la calle haciendo cosas raras y diciendo cosas raras y decimos ‘mira como está este’ y a lo mejor es que tiene un trastorno mental. Hablamos muy a la ligera y a veces no sabemos cómo actuar cuando una persona está con depresión. Queremos sacarle de ahí en seguida, ‘venga, anímate, si tienes hijos, trabajo’ y no sabemos que lo primero que hay que hacer con una persona con trastorno mental es escucharle, escucharle y apoyarle y luego, si es necesario, acompañarle al psicólogo o al psiquiatra como a mí me acompañaron. Me llevaban agarrado del brazo porque yo era incapaz de gestionar nada de mi vida. Era completamente inútil.

Tú estuviste a punto de saltar desde una terraza y no lo hiciste por amor, pero hay mucha gente que no tiene ese pilar, ¿crees que sin Amoro las cosas hubiesen sido muy distintas?

Tengo mucha suerte por tener una familia que supo gestionarlo bien. Cuando digo que no salté por amor a mi marido siempre me acuerdo de todas esas personas que se han quitado la vida y que, seguro que tenían también amor en su entorno, pero es que no pudieron soportar el sufrimiento que yo viví y que yo entiendo que no pudieran soportar porque es inhumana esa situación. Ya puede ser por cosas externas que te ocurren o, simplemente, porque tienes el trastorno. Pero sí que es verdad que mi familia supo gestionarlo bien y que, además, se pusieron todos en comunicación, mi familia, con mis amigos y si había alguien que se ponía más nervioso con la situación pasaba mi caso a otras manos. El entorno es indispensable.

Un 24 de diciembre moriste. Suena muy fuerte, pero así lo sentiste, ¿cambió tu forma de enfrentarte a la muerte?

Sí, absolutamente. Las fases maníacas tienen algo que lo vives de una manera maravillosa, unas sensaciones muy especiales y yo cuento en el libro, varias veces que me muere, esa sensación de morirse y aquí entra mi lectura espiritual de la vida y de la muerte. Tengo una creencia, porque lo he vivido y lo he sentido, de cómo nos morimos, cómo nos vamos y que no desaparecemos del todo. Me ha dado un relajo. es como que pasas a otro nivel, a otra fase. Habrá gente que dirá que es una tontería, pero son creencias personales. Todo eso que yo vi en la manía me abrió unas puertas a la percepción que yo sigo utilizando a día de hoy y me sirvo. Lo que tengo claro es que me voy a morir, voy a pasar a otra fase espiritual, ya mi cuerpo no estará, pero tengo claro que quiero seguir viviendo muchos años y para eso tengo que cuidarme de una manera especial y quiero estar aquí la mayor cantidad de años posible. Las fases maníacas te dan mucha información que puedes utilizar cuando estás más estable.

¿Te sientes ahora más vulnerable que cuando no lo habías hecho público o al contrario?

Era una necesidad, no podía callarme, sabía que tenía que contarlo para ver si podía ayudar a más gente. ¿Tendrá consecuencias? De momento, no. No ha tenido consecuencias en mi profesión, de hecho, hasta parece que me están saliendo proyectos relacionados con la salud mental, ya veremos en qué quedan, pero vulnerable, no. De repente es como cuando conté que era homosexual, de la misma manera. Cuentas una cosa de ti que tenías escondida y guardada y al contarlo te sientes liberado. Habrá gente que le parecerá bien, gente que le parecerá mal, pero ese no es mi problema.

Has llegado a hablar del tema, incluso en Sálvame, y eso puede que no todo el mundo lo entendiera.

Depende de cómo se traten los temas. Sálvame es un programa que ven millones de personas y es una oportunidad para contar la historia que te ha pasado y contar cómo me ha ido todo este periplo, pero también para poner el foco en las cosas que faltan, más presupuestos, más inversiones en salud mental, educación emocional en las escuelas, campañas de prevención… sirve para poner el foco en el problema. El medio no importa, lo importante es cómo lo cuentas y si llega. Cuando yo fui me trataron estupendamente, intentaron cotillear de ciertas cosas de mi vida, pero uno tiene que saber también cómo llevarlo, cómo explicarlo y decir, ‘esto sí os lo cuento, esto no os lo cuento’.

Hablando de Sálvame, dices que no es el mejor programa para que pongan en las teles de un psiquiátrico como ocurría en uno de los que tú estuviste.

El psiquiátrico es un sitio en el que te tiras muchas horas aburrido porque no haces nada. Hay unas horas de terapia, pero hay muchas horas en las que no pasa nada. Y que haya dos televisiones que te pongan Sálvame, puede ser irritante, pero a lo mejor, documentales de La2, en un sitio donde te estás aburriendo mucho, no es lo mismo. Entiendo, lo que pasa es que eran dos televisiones y teníamos el mando y el volumen, es la anécdota.

Defiendes estas instituciones por las que has pasado en varias ocasiones.

Hay gente que me escribe y me cuenta experiencias negativas, pero son de que ellos estaban en un estado que había que controlar y, a veces, son situaciones complicadas, pero es que los psiquiátricos ya son plantas integradas en los hospitales, con todas las comodidades. Unos tienen más capacidad, unos estás más abarrotados de gente, pero siempre me encontré que puedes hacer amigos, que te tratan muy bien los profesionales que están allí. Con sus carencias muchas veces. De vez en cuando ves a uno que se pone a gritar porque está teniendo una crisis en ese momento, pero no es esto de las películas y las novelas. El otro día vi Blonde y sale un psiquiátrico de los años 60 y sí, había una sala con camisas de fuerza, esto no es. Es verdad que a veces me ataron de la muñeca a la camilla porque estaba descontrolado y no podía parar y es una necesidad para que no te hagas daño o se lo hagas a los demás. Son momentos puntuales en los que es necesario actuar de cierta manera, pero los psiquiátricos, son sitios muy dignos en España.

Estamos en unos tiempos en los que han aumentado los testimonios sobre salud mental de gente conocida. Ángel Martín, Mai Meneses o tú habéis escrito libros sobre vuestros trastornos. ¿Crees que algunos podrían considerarlo tendencia?

Sí, pero es que es tendencia social. Es un problema que ya estaba ahí antes de que se empezara a hablar y antes de la pandemia, ya había un problema de salud mental muy grande en España y lo que pasa es que hemos aparecido gente más o menos popular que empieza a contar su historia y ese es el primer paso, contarlo. Que la gente sepa que se puede pasar por eso y luego tener una vida muy estable. Ángel Martín sigue con su vida tranquilamente después de un brote psicótico, trabaja. Yo sigo con mi vida estupendamente. No tengo depresiones desde hace muchos años y tengo una subida al año de dos semanas que, en seguida, se me baja con la medicación. Que la gente sepa que no es el fin del mundo tener un trastorno mental o una crisis en un momento dado y que esa situación que es dramática luego se puede estabilizar. Y eso también para las familias. Mi familia me vio con la crisis maníaca y se pensaron que ya me iba a quedar así para toda la vida. Ir con la mirada más hacia el futuro. Que haya ciertas voces que la gente se pueda fijar en ellos, siempre es muy positivo.

En los tres casos que he mencionado, había consumo de drogas… al final hay una relación, ¿no?

Sí, yo creo que sí. Evidentemente no sé si hay estudios que lo relacionen directamente, pero las drogas siempre tienen un efecto negativo para el cuerpo y también la cantidad y qué tipo. Las drogas que yo tomé me causaron mi trastorno bipolar, pero las mismas drogas a otra persona no le causan ese trastorno o lo lleva de otra manera. A mí me gusta mucho llamar la atención a la gente joven sobre las drogas, que sí, son muy divertidas, te lo pasas estupendamente, conoces gente, tu vida sexual se dispara y muchas cosas, pero no te cuentan la letra pequeña de lo que son. Es muy probable que acabes con una adicción, que tengas problemas en los estudios, la concentración, luego te entran unos bajones tremendos y que pueden dar lugar a trastornos mentales, en muchos casos graves y a veces al suicidio.

Con esa información, ¿hubieras hecho las cosas de otra manera?

Pues seguramente. Es complicado porque gran parte de los jóvenes se drogan de una manera u otra, cocaína, porros, alcohol, las drogas parecen algo intrínseco a la juventud, pero yo creo que cierta información sí que te va a ayudar por lo menos a tener claro las consecuencias que puede tener el consumo de drogas. Al final ellos van a tener que decidir, pero que por lo menos lo sepan.

Dicen en el libro que casi no hay gente sana del todo sino gente sin diagnosticar… los hipocondríacos van a llevar muy mal esta afirmación.

¿Quién no tiene conflictos internos, inseguridades, miedos? Todos, en mayor o menor medida. Todo el mundo debería pasar por el psicólogo por lo menos una vez en su vida para tratarse todos los conflictos, todos los pequeños o grandes traumas. Cuando iba a la psicóloga empezaba a hablar y a veces iba y no tenía nada que contarle porque estupendamente, pero de repente empezábamos a hablar y resulta que sacaba una cosa que no sabía que estaba solucionado y que, además, me preocupaba. A veces no somos conscientes de que tenemos problemas internos y que los tenemos guardados en el cajón de la mente que no se ve y eso, los psicólogos, te ayudan a sacarlo. Mi psicóloga no sólo me ha ayudado con mi trastorno mental, me ha ayudado a afrontar todos los problemas de mi vida. Mis miedos a subirme al escenario, mis pequeños conflictos con mis padres, un amigo que me trata no sé cómo. Lo tratas todo y es una liberación.

Tú hablas de la bipolaridad y describes los momentos de elevación y los momentos de depresión. En el de euforia casi da ganas de vivirlo por lo menos una vez en la vida.

Creo que el 60% de las personas con trastorno bipolar viven experiencias espirituales muy potentes. Cuando estás ahí, lo he dicho muchas veces, no sé cómo será la ayahuasca, pero es un tipo de droga que te abre la percepción y te hace ver cosas y sentir cosas maravillosas. Hablar con las plantas, los animales, sentir la telepatía, y hay una sensación constante de gustito, placentera. Cuando me pasó flipaba con lo que veía. Pasadas las fases maníacas, lo vivía como si fuera lo natural, como si hubiera un lenguaje en la vida que no somos capaces de ver y, de repente, por el trastorno se me abre una puerta puedo ver ese lenguaje y disfrutarlo. Tiene su parte gustosa para el que lo vive, pero para el entorno es muy difícil porque haces y dices cosas muy raras, falla la concentración y en el trabajo no cumples, no puedes estar en ese estado constantemente.

“Me voy a reír de la salud mental hasta que se desestigmatice del todo”. ¿Ese ha sido tu punto fuerte?

Sí, para mí el humor es indispensable en mi vida. Toda mi vida me he reído de todo lo que me ha pasado a mí. Siempre con mis amigos el cachondeo, daba igual lo que te pasara, nos cachondeábamos todos de lo que nos pasaba a todos y es un arma maravillosa para afrontar los problemas. Si te ríes de lo que te ha pasado, por muy terrible que sea, estás sanando. Creo que el humor puede hasta salvar vidas. Si alguien con una depresión muy profunda, le consigues hacer reír un poco, le has sacado un poco de brillo a su alma y el humor es indispensable. Ya me ha pasado todo esto en mi vida y puedo hacer dos cosas, o llevarlo como una carga y echando más zona gris a tu vida o puedo llevarlo con humor y reírme. El suicidio yo entiendo que es algo de lo que no se pueden hacer muchas bromas, pero hay momentos y con personas con las que yo hago ciertas bromas, pero entiendo que pueda haber gente que pueda estar escuchando esto y que no le haga ninguna gracia. Pero hasta de las cosas más graves se puede uno reír.

Risas las que te echaste en tu etapa de Caiga quien caiga que fue muy de sexo, drogas y rock and roll, ¿qué cambiarías de esa etapa?

Ahí viene el problema, las drogas. Lo pasé muy bien. Era joven, salía los fines de semana, nos tomábamos pastillas, porros y conocí a muchísima gente, muchos son amigos míos y lo recuerdo con mucho cariño y mucha diversión y me pasé tres pueblos, pero lo disfruté muchísimo. La consecuencia pudo ser el trastorno mental, pero yo no tuve consecuencias en aquel momento con las drogas. Era muy estricto con eso. El fin de semana era para desfasar, pero entre semana me dedicaba a trabajar, concentrado y si tenía un reportaje, tenía que estar bien. Esa fase de mi vida fue muy divertida, luego me conocía mucha gente, era popular, y me pilló en una edad joven y lo llevaba con alegría y humor, no me resultaba cansino, salvo ciertos momentos, pero lo llevé muy bien.

Confiesas que llegaste a ganar 4 millones de pesetas al mes con 24 años, ¿eso hay forma de digerirlo con los pies en la tierra?

Tengo la suerte de tener una familia que trabaja mucho en televisión detrás de las cámaras y toda mi vida he estado oyendo cómo hablaban de tal y cual famoso, ‘qué petardo, qué gilipollas, mira lo que ha pedido’. Lo he vivido y sabía que cuando estuviera trabajando en televisión, mis hermanos no me iban a permitir ninguna tontería y no solo eso, sino que, además, yo era consciente de que tenía que actuar mejor que nadie. Tenía que comportarme mejor que nadie, ser puntual, saberme el texto estupendamente, cumplir con todo y ser amable con los demás, porque a la mínima que hiciera una tontería no me la iban a pasar por alto. Yo no quería que me trataran de manera especial, ni me hablaran cono si fuera alguien importante. No me gustaba que me trataran como el de la tele.

El prólogo te lo ha hecho Gran Wyoming, después de contar tu historia, ¿has contado con el apoyo o respaldo de tus compañeros?

Me han mandado mensajes muy cariñosos, que no sabían, pero durante aquella época eran compañeros de trabajo. Mi familia y mis amigos eran otros, no estaban dentro de la televisión. Los que realmente han estado ahí cuidándome y dando el callo han sido muy amigos. Los compañeros de trabajo, muchos de ellos no tenían ni idea de lo que yo había pasado y, además, con el tiempo, con la gente de trabajo vas perdiendo contacto. Pero vamos, tenemos un grupo de whatsapp de Caiga quien caiga, desde hace mil años, que yo no uso nada, pero de vez en cuando alguno cuelga sus cosas.

Miles de fans de Spice Girls coreando tu nombre… esa imagen es el sueño de muchos, ¿cómo fue sentirte una Spice más?

Es muy fuerte, aquello hasta dio miedo. Era toda una plaza llena de chicas gritando tu nombre e impresiona. Pienso en todos esos famosos que mueven masas y tienen que tener cuidado. Pero aquella fue una experiencia muy divertida, fue un momento y lo pasé muy bien, pero impresiona sentir que toda una plaza corea tu nombre.

Mencionas en el libro varias veces a Whitney Houston, ¿forever?

Forever y Ana Belén. Desde que la escuché, tenía el poster de Pepsi en mi habitación, me parecía tan bella y, sobre todo, esa voz tan maravillosa y con las fases maníacas, he volado tanto con sus canciones, que era magia pura. Yo siempre lo digo, cuando me muera, me tienen que poner I look to you de Whitney Houston en el entierro, durante su canción.

Ángel Martín también me contaba que en uno de sus brotes fue espectador de un concierto para él y que fue la leche.

No te puedes imaginar, es verdad que la música, cuando estás en esos estados, te conecta con cosas maravillosas. Yo estaba en mi casa, me ponía la música y a bailar y sentía toda la energía de esa música, me llenaba, sentía que era capaz de mover la energía de todo el mundo y conectarme a un hilo invisible a toda la humanidad. Y cuando tienes ese power lo utilizas y te conectas y te da mucha sensación de querer ayuda y que toda la humanidad esté bien y la música era un generador de esa energía, maravilloso.

En cambio, tu sueño es tener euritmia con Ana Belén, Pablo Alborán o Luz Casal… ¿cómo va la cosa?

Va. Estando normal, digo, espérate, ya ocurrirá. Yo pido deseos y tengo que reconocer que se me están poniendo en la vida de una manera u otra. ¿Por qué no? No sería algo extraño, yo confío en que pueda ocurrir.

También tienes como objetivo ir a cantar al Congreso de los diputados con Pablo Alborán, ¿por qué él?

Pablo tiene un… Pablo, como si fuera amigo de toda la vida… Alborán tiene una voz y, sobre todo, una energía que transmite algo muy bonito y tiene canciones preciosas. Me conecto mucho con él y, sobre todo, lo del Congreso de los diputados, es que creo que se deberían hacer más actividades en el hemiciclo para quitar esa mala energía que tienen los políticos. No entiendo por qué se tienen que hablar así. Si hablara así a la gente en mi trabajo, no me volvían a contratar, y en trabajos normales no se permite hablar así a la gente. Creo que se deberían hacer más actividades en el Congreso de música, poesía, lecturas… amansar a las fieras. Que los ciudadanos enseñemos a los políticos que se tienen que hablar con respeto. Los políticos, hablándose así no están representando a los ciudadanos. Los ciudadanos nos hablamos con mucho más respeto que ellos.

Bueno, a veces te metes en twitter y no sé yo si existe ese respeto.

Eso es falso, es estar detrás. Como no te ven y es más o menos anónimo, pero en el tú a tú, por supuesto hay gente que se habla sin respeto, pero porque tiene problemas, inseguridades o miedos y lo reflejan así, pero los políticos se hablan mal porque creen que van a sacar más votos. Y, en general, yo veo mucha amabilidad en el mundo. Tu realidad es donde pones en el foco y yo lo quiero poner en que la gente es maravillosa.

Para acabar, ¿cuál es el mensaje que no te gustaría que pasara desapercibido?

Dos mensajes. Primero, que se puede salir, se puede llevar una vida estable después de haberlo pasado mal, se puede salir de la depresión, se puede ser feliz. Los políticos y las administraciones que inviertan en salud mental, hace mucha falta. Dar un mensaje de esperanza de que se puede salir de esa situación complicada.


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