El último concierto de Jim Morrison con The Doors: un micro destrozado y un agujero en el escenario

Después del concierto en Warehouse, Densmore, Manzarek y Krieger decidieron que era imposible seguir con la gira. Morrison estuvo de acuerdo

Jim Morrison

Jim Morrison en un concierto con 'The Doors'. / Getty / Jack Rosen

Esa tarde de sábado, 12 de Diciembre de 1970, fue un completo desastre para The Doors. Solo cuatro días antes, su líder había cumplido 27 años. Pero su concierto en Nueva Orleans no tuvo nada que ver con una celebración. Ya desde el principio, cuando Jim Morrison apareció ante el público con su camisa de rayas, se arrastraba, tropezaba, divagaba, balbuceaba cosas incoherentes. No se movió, permaneció agarrado al pie de micro. "Estaba bastante borracho", dicen los que estuvieron allí. No obstante, nadie esperaba que, en un momento del show, dejara de cantar y golpeara el micrófono repetidamente sobre el escenario. Lo hizo trizas y ocasionó un agujero en la tarima. La canción inacabada era Light my fire. Jim la odiaba y, fatalidad del destino, fue la última que interpretó en el que se convertiría en su último concierto con The Doors. Siete meses después, falleció en París.

Una espiral imparable hacia la autodestrucción

El 12 de Diciembre de 1970, cuando cantó por última vez con The Doors, Jim Morrison ya se había precipitado de cabeza en una espiral imparable hacia la autodestrucción. Atrapado en una batalla perdida con el alcohol, el antaño carismático Rey Lagarto se había convertido en una caricatura. Hinchado, con sobrepeso, barba descuidada. Una figura inquietante cuyas actuaciones a veces degeneraban en una desgarradora parodia. Un mes y medio antes, y tras más de más de un año de juicio, había sido sentenciado formalmente a seis meses de cárcel y 500 dólares de multa. Le declararon culpable de conducta indecente y profanación, dos delitos menores. Supuestamente se había bajado la bragueta y había mostrado el pene (no existen pruebas de que lo hiciera) durante su concierto de Marzo de 1969 en Miami.

A la espera del resultado de la apelación, Jim quedó en libertad y le fue permitido trabajar en Los Ángeles junto al resto del grupo en su nuevo álbum, L.A. Woman. También se embarcó en un breve tour que se tuvo que reducir a tres conciertos. Dos de ellos en Dallas, el 11 de Diciembre, y el tercero y último, el 12 de Diciembre, en el legendario auditorio Warehouse de Nueva Orleans.

"Él solo quería quedarse quieto, agarrado al micrófono de pie"

Según cuenta David Dutkowski, archivista oficial de The Doors, "la perspectiva de entrar en prisión se cernía sobre la cabeza de Jim" cuando el grupo californiano se embarcó en esa corta gira de Diciembre. En el momento en el que salió al escenario del Warehouse, "había estado viviendo su vida como una vela romana (una especia de fuegos artificiales) encendida en ambos extremos. Desde 1965 ingería sustancias psicodélicas para expandir su mente. Entre el 69 y el 70, se pasó al alcohol para adormecer su mente. Y nunca hizo nada con moderación".

El grupo 'The Doors'. / Getty / Michael Ochs Archives

El público que esa noche pagó 5 dólares por el concierto "ni siquiera reconocía a Morrison. Esperaban que su ídolo corriera por todo el escenario, que saltara. Pero había llegado a un punto en el que él solo quería quedarse quieto, agarrado al pie de micrófono, y cantar". Ese público tampoco sabía que sería testigo del último show de la leyenda del rock. Fue el último con los cuatro 'Doors' juntos. Acompañando al mito, James Douglas Morrison, estaban: Robby Krieger a la guitarra, Ray Manzarek a los teclados y John Densmore a la batería.

El espíritu de Jim abandonó su cuerpo

Durante la actuación, Morrison tropezaba en el escenario y divagaba ante el micro. Estaba claramente alterado. "Jim estaba bastante borracho esa noche" recuerda el promotor Don Fox. "No sé exactamente dónde estaba, pero no estaba allí del todo. Se arrastraba y balbuceaba cosas incoherentes. Estaba atravesando un momento difícil". Las imágenes del show muestran a Morrison con la camisa a rayas de manga larga, los ojos cerrados, agarrado al soporte del micrófono. A mitad de concierto, empezó a olvidarse las letras de las canciones e intentó compensarlo con un largo e incoherente chiste que no hizo ninguna gracia.

Cuando el grupo tocaba Light my fire, Morrison empezó cantando ‘desplomado’, agarrado al pie de micro para apoyarse. Cuando llegó la parte instrumental, se sentó en la tarima de la batería incapaz de levantarse para cantar el último verso. "Los miembros de la banda dijeron que había algo que le había abandonado en ese momento", narra Dutkowski. "Ray Manzarek (fallecido en 2013) jura que levantó la vista hacia el teclista y vio cómo el espíritu de Jim abandonaba su cuerpo. Jura que la energía chamánica, el alma de Jim Morrison, fluyó fuera de su cuerpo y, al mismo tiempo, se llevó su voluntad de cantar".

Capricho del destino

Finalmente, el batería empujó al reacio cantante con el pie y Morrison fue hacia el micro, lo agarró y repetidamente lo golpeó sobre el escenario hasta que lo destrozó. Lo hizo trizas. A continuación, lo arrojó y, abruptamente, desapareció del escenario dejando un agujero en el suelo. La actuación terminó antes de lo previsto.

Al parecer, en sus cuadernos personales, Morrison indicaba que Light my fire no le importaba nada en absoluto y odiaba cantarla. Capricho del destino, la canción (que en 1968 versionó con gran éxito José Feliciano) se convertiría en la última que Morrison interpretó en directo ante su público.

Tras el concierto, Densmore, Manzarek y Krieger se reunieron y acordaron que el concierto de Nueva Orleans debería ser el último. Seguir adelante con la gira era impracticable. Morrison participó en las sesiones de grabación de L.A. Woman y en Marzo de 1971 se marchó a Paris mientras el resto de la banda terminaba las mezclas. Publicado en Abril, el álbum fue un enorme éxito. Fue también la última sesión de grabación con Morrison, que falleció el 3 de Julio de 1971 en París.

'En Memoria de Jim Morrison'

Don Fox, el promotor del concierto, contaba en nola.com que cuando Morrison se marchó, después de aporrear el micrófono contra el suelo, fue al punto en el que el cantante había estado "y había un agujero en el escenario... lo había atravesado. Es el único artista que conozco que ha hecho un agujero en el escenario". Fox reparó la parte dañada y, cuando Morrison falleció, talló en el parche de madera esta frase: 'En Memoria de Jim Morrison'. "De vez en cuando, los artistas salen a actuar, miran hacia abajo y, mientras leen, dicen "¡Wow!".


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