Las algas: un sorprendente aliado para combatir el hambre y el cambio climático

Diversos estudios demuestran el enorme potencial de estos organismos como alternativa alimentaria y agente crucial contra la crisis climática.

Algas

Las algas son el futuro, según los expertos. / Getty Images

Hace no tanto tiempo, comer algas resultaba extraño para la mayoría, al menos en España. Una práctica que se limitaba a los restaurantes orientales o, como mucho, a algún que otro chef con ganas de experimentar con ingredientes exóticos. Hoy, las algas están mucho más presentes en nuestra dieta, y nombres como agar-agar, nori, wakame o espirulina nos resultan familiares. De hecho, su potencial nutritivo es de sobra conocido: son ricas en proteínas, vitaminas, zinc y hierro, y bajas en grasas y carbohidratos.

Según un estudio de la Universidad de Queensland (Australia), la expansión mundial del cultivo de algas podría contribuir en gran medida a resolver los problemas de seguridad alimentaria, especialmente dado el imparable crecimiento de la población mundial y el previsible aumento de las emisiones asociadas a él. Según los responsables del estudio, la reducción de cultivos terrestres en favor de las algas podría disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura mundial en hasta 2.600 millones de toneladas de CO2 al año.

"En un escenario en el que sustituyéramos el 10% de la dieta humana mundial por productos derivados de las algas, se podría evitar la urbanización de 110 millones de hectáreas de tierra para la agricultura", explica Scott Spillias, doctorando de la Facultad de Ciencias de la Tierra y Medioambientales de la Universidad de Queensand y uno de los responsables del estudio.

Según los investigadores, el potencial comercial de las algas va más allá de lo gastronómico, ya que son el componente básico de productos comerciales como piensos, plásticos, fibras, gasóleo y etanol. En total, el estudio ha analizado el potencial de 34 especies de algas marinas. Son sólo una pequeñísima parte de las que existen.

Bajo el mar

¿Y dónde se cultivarían todas esas algas? Obviamente, en el agua. El estudio ha identificado millones de hectáreas de océano disponibles dentro de las denominadas zonas económicas exclusivas, aquellas que se ubican en las primeras 200 millas náuticas medidas desde la costa. La mayor parte de los océanos adecuados para ello se encuentra en Indonesia, donde los investigadores calculan que hasta 114 millones de hectáreas son aptas para el cultivo de algas, pero también hay grandes extensiones disponibles en Australia.

Actualmente, la producción de algas en el mundo ronda los 32,4 millones de toneladas, de las cuales las algas marinas representan el 97,1%. Y sin embargo, la labor principal que realizamos en mares y océanos sigue siendo esencialmente la de cazadores-recolectores. Según Vincent Doumeizel, asesor principal para cuestiones relacionadas con el océano del Pacto Mundial de las Naciones Unidas “si cultiváramos sólo el 2% del océano, podríamos aportar las proteínas suficientes para alimentar a una población de 12.000 millones de personas. Y es que, las algas marinas son extremadamente ricas en proteínas, vitaminas, zinc y hierro, y bajas en grasas y carbohidratos.

Pero hay más. Tal y como recuerda Doumeizel, “las algas marinas no necesitan tierra, agua dulce o pesticidas: sólo sol y agua salada. Si el ganado se alimentara con alimentos a base de algas marinas, en lugar de soja, las emisiones de metano podrían reducirse en un 90%, y mejorar la digestión al tiempo que reforzarían el sistema inmunológico de los animales, reduciendo al mismo tiempo la necesidad de antibióticos”.

A todo ello hay que sumarle la enorme capacidad que tienen las algas para la absorción de carbono. De hecho, se calcula que algunas especies son hasta 400 veces más eficientes para capturarlo que los árboles. Una realidad que puede, incluso, proporcionarnos energía. Así lo demostró el proyecto Eos Bioreactor, desarrollado por la empresa estadounidense Hypergiant Industries. Gracias a una cepa específica de algas llamada Chlorella vulgaris, el biorreactor captura el CO2 y lo transforma en biocombustible. Por el momento es sólo un prototipo, pero podría ser parte de un futuro esperanzador. Y es que, tal y como asegura la web de Hypergiant Industries, “las algas son las máquinas más eficientes de la naturaleza”.

 


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