Un terremoto de 8,8º azota la península rusa de Kamchatka y activa la alerta de tsunami en el Pacífico
Japón ha desalojado a más de dos millones de personas, mientras que en Hawaii también se han ordenado evacuaciones en sus costas.

El terremoto ha tenido a lugar frente a las costas de Kamchatka (Rusia). / asbe
El Pacífico contiene la respiración. Un terremoto de magnitud 8,8 registrado a las 23.25 (hora GMT, dos más en la España peninslar) frente a las costas del sur de la península rusa de Kamchatka ha hecho saltar todas las alertas de tsunami en varios países del zona.
Japón ha sido uno de los primeros en reaccionar. Las autoridades niponas han evacuado a más de dos millones de personas en la isla de Hokkaido, al norte del país. También han recibido esa misma orden los trabajadores de la central nuclear de Fukishima Daiichi, que ya sufrió las consecuencias de una ola gigante en 2011, lo que derivó en una fusión del núcleo y la peor crisis nuclear desde el desastre de Chernóbil.
El otro país que podría verse seriamente afectado es Estados Unidos. Concretamente, Alaska y Hawaii. En este último territorio, las olas han empezado a impactar en las costas, lo que ha llevado a las autoridades a decretar el estado de emergencia y a ordenar el desalojo de las poblaciones más vulnerables.
LOS40
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De Rusia a las Galápagos
En Rusia, origen del fenómeno, las primeras imágenes muestran olas de entre tres y cuatro metros golpeando la costa sudeste del país. En Paramushir, una de las islas Kuriles del norte, el agua avanzó tierra adentro unos 200 metros, dañando puertos y generando momentos de tensión, aunque no se han producido víctimas.
En otros puntos del Pacífico, como las Islas Galápagos (pertenecientes a Ecuador), las clases escolares han quedado suspendidas. Del mismo modo, la Armada ecuatoriana ha emitido una prohibición de actividades marítimas en toda la región insular.
Hay motivos para la preocupación. La magnitud del terremoto en Rusia, de 8,8º en la escala Richter, lo colocaría como uno de los peores terremotos de la historia reciente, según los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos. De momento, para conocer la magnitud de las consecuencias habrá que esperar.