¿Cuánto contamina la Inteligencia Artificial? La huella invisible de cada pregunta a ChatGPT
Hablar con una IA contamina más de lo que imaginas. Explicamos cómo impacta el uso masivo de la Inteligencia Artificial en el planeta.

La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse. / Vertigo3d
El significado de la letra de una canción, una receta vegana o el resumen de un libro en cuestión de segundos. La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse, y parece que nada ni nadie se escapa a sus encantos. Pero detrás de esa respuesta que tarda un suspiro en generarse hay algo que no se ve: una enorme maquinaria energética que también deja huella en el planeta. Una huella de carbono, para ser exactos. Porque sí, usar herramientas de IA como ChatGPT, Midjourney o Copilot contamina. Y no poco. No se trata de de emisiones abstractas: hablamos de electricidad, de agua, de servidores que se recalientan y de centros de datos funcionando las 24 horas del día, los 365 días del año.
Según un estudio de la Universidad de Massachusetts Amherst, entrenar un modelo de lenguaje tan gigantesco como los que usan plataformas como ChatGPT o Gemini puede generar hasta 284 toneladas de CO₂, el equivalente a recorrer en coche más de un millón de kilómetros. Y eso sólo el entrenamiento. Cada vez que usamos la IA, aunque no lo veamos, hacemos trabajar a una red de servidores que también consume energía y recursos.
El entrenamiento de estos modelos requiere grandes cantidades de agua para refrigerar los centros de datos
Un informe reciente de 'Bloomberg' revelaba que cada interacción con una IA generativa puede consumir hasta 10 veces más energía que una búsqueda en Google. Y no sólo hablamos de electricidad. El entrenamiento de estos modelos también requiere grandes cantidades de agua para refrigerar los centros de datos. Google reconoció que, solo en 2022, gastó más de 21.000 millones de litros de agua para enfriar sus infraestructuras en todo el mundo. Parte de ese gasto se destinó a mantener activos sus sistemas de IA.
LOS40
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Y esto solo acaba de empezar. Según estimaciones de la consultora Gartner, cuando termine 2025 el uso de herramientas basadas en Inteligencia Artificial se habrá multiplicado por cinco respecto a 2023. Más usuarios, más preguntas, más imágenes generadas… y más emisiones. El problema es que todo esto ocurre casi en la sombra, sin consecuencias aparentes: usamos la IA como quien enciende una luz sin pensar en lo que hay detrás.
Una responsabilidad compartida
No se trata de demonizar la tecnología. Al contrario: la IA tiene un enorme potencial para ayudarnos en la lucha contra el cambio climático. Desde optimizar redes eléctricas hasta predecir fenómenos extremos o ayudar en la investigación médica. Pero, como casi todo, depende del uso que hagamos de ella. Y ser conscientes de las consecuencias que tiene su uso indiscriminado es, también y como tantas otras cosas, una responsabilidad de todos.

El reto está en hacer compatible la tecnología y el respeto al medio ambiente. / Andriy Onufriyenko

El reto está en hacer compatible la tecnología y el respeto al medio ambiente. / Andriy Onufriyenko
El reto ahora está en hacer que este uso sea más sostenible. Algunas compañías ya están invirtiendo en centros de datos alimentados por energía renovable o en modelos más eficientes que necesitan menos entrenamiento. Pero mientras tanto, cada pregunta que lanzamos al vacío digital cuenta. Por eso, la próxima vez que le preguntemos, conviene tener en cuenta que tras su respuesta hay una pequeña nube de CO₂ flotando en el aire. Invisible, sí. Pero muy real.