Muere Bob Weir, espíritu eterno de Grateful Dead, a los 78 años

El guitarrista, cantante y compositor falleció por culpa de problemas pulmonares

Bob Weir (Grateful Dead), en los Grammy 2025 / Gilbert Flores

Bob Weir, guitarrista, cantante y uno de los pilares creativos de Grateful Dead, falleció a los 78 años, dejando un vacío inmenso en la historia del rock psicodélico y en la comunidad global de Deadheads. Su familia confirmó la noticia a través de un comunicado publicado en sus redes sociales, donde explicaron que Weir "murió en paz, rodeado de sus seres queridos", después de haber superado un cáncer diagnosticado en 2025, pero finalmente "sucumbió a problemas pulmonares subyacentes".

Weir había logrado vencer un cáncer detectado en julio de 2025, pero su salud quedó debilitada y terminó falleciendo debido a complicaciones pulmonares persistentes. Su familia destacó su fortaleza durante los últimos meses y agradeció el apoyo recibido por parte de seguidores y colegas.

Bob Weir (Grateful Dead) en una actuación en 1990 / San Francisco Chronicle/Hearst N

Nacido en San Francisco en 1947, Bob Weir fue uno de los arquitectos del sonido que definió la contracultura de los años sesenta. Junto a Jerry Garcia, Phil Lesh, Bill Kreutzmann y Ron 'Pigpen' McKernan, fundó Grateful Dead en 1965, una banda que se convertiría en un fenómeno cultural sin precedentes, combinando rock, folk, blues, jazz y largas improvisaciones que dieron origen al concepto moderno de jam band.

Su estilo de guitarra rítmica —inusual, sofisticado y profundamente influenciado por el blues, el country y el jazz modal— se convirtió en una pieza esencial del sonido del grupo. Su diálogo musical con Jerry Garcia es considerado uno de los más singulares y creativos de la historia del rock.

Aunque Jerry Garcia fue la figura más visible de Grateful Dead, Bob Weir aportó algunas de las canciones más queridas del repertorio de la banda. Entre ellas destacan: Sugar Magnolia, Playing in the Band, Cassidy, Estimated Prophet...

Su voz, cálida y flexible, aportaba un contraste perfecto al tono más etéreo de Garcia. Además, su presencia escénica —energética, carismática y profundamente conectada con el público— lo convirtió en uno de los músicos más queridos del movimiento hippie. Weir pasó más de seis décadas sobre los escenarios. Incluso después de la disolución de Grateful Dead en 1995, tras la muerte de Jerry Garcia, continuó expandiendo el legado del grupo con proyectos como RatDog, Furthur o Dead & Company, junto a Mickey Hart, Bill Kreutzmann y John Mayer.

En 1994, Bob Weir ingresó en el Salón de la Fama del Rock and Roll como miembro de Grateful Dead. Su influencia se extendió mucho más allá de la música: fue un defensor de causas medioambientales, un activista por los derechos civiles y un símbolo de la libertad creativa.

Incluso tras su diagnóstico de cáncer en 2025, Weir continuó actuando. Apenas un mes después de iniciar el tratamiento, celebró tres conciertos en San Francisco para conmemorar los 60 años de la banda, actuaciones descritas como "emocionales, conmovedoras y llenas de luz" por su familia en el comunicado: "Bobby será para siempre una fuerza guía cuya creatividad única redefinió la música americana".

Adiós a Bob Weir

Este ha sido el comunicado de la familia:

Con profunda tristeza compartimos el fallecimiento de Bobby Weir. Murió en paz, rodeado de seres queridos, después de vencer con coraje el cáncer como solo Bobby podía. Desafortunadamente, sucumbió a problemas pulmonares subyacentes. Durante más de sesenta años, Bobby tomó la carretera. Guitarrista, vocalista, narrador y miembro fundador de Grateful Dead.

Bobby será siempre una fuerza guía cuyo artistico único reformó la música estadounidense. Su trabajo hizo algo más que llenar las habitaciones con música; era la cálida luz del sol que llenaba el alma, construyendo una comunidad, un idioma, y un sentimiento de familia que generaciones de fans llevan consigo. Cada acorde que tocaba, cada palabra que cantaba era una parte integral de las historias que tejía. Hubo una invitación: sentir, cuestionar, vagar y pertenecer.

Los últimos meses de Bobby reflejaron el mismo espíritu que definió su vida. Diagnosticado en julio, comenzó el tratamiento solo semanas antes de regresar a su ciudad natal para una celebración de tres noches de 60 años de música en el Golden Gate Park. Esas actuaciones, emocionales, conmovedoras y llenas de luz, no fueron despedidas, sino regalos. Otro acto de resistencia. Un artista elige, incluso entonces, seguir adelante con su propio diseño. Mientras recordamos a Bobby, es difícil no sentir el eco de la forma en que vivió. Un hombre a la deriva y soñando, sin preocuparse si el camino lo llevaría a casa. Un hijo de incontables árboles. Un niño de mares ilimitados.No hay cortina final aquí, no realmente. Solo la sensación de que alguien se va de nuevo. A menudo hablaba de un legado de trescientos años, decidido a asegurar que el cancionero perdurara mucho después de él. Que ese sueño viva a través de futuras generaciones de Dead Heads. Y así lo despedimos de la manera en que envió a muchos de nosotros en nuestro camino: con una despedida que no es un final, sino una bendición. Una recompensa por una vida que vale la pena vivir.

Su amorosa familia, Natascha, Monet y Chloe, solicitan privacidad durante este momento difícil y ofrecen su gratitud por el derramamiento de amor, apoyo y recuerdo. Podemos honrarlo no sólo en tristeza, sino en la valentía que continuamos con el corazón abierto, pasos firmes y la música que nos lleva a casa. Cuelga y mira lo que trae el mañana.

Que la tierra te sea leve.