Cuarenta años de ‘Canciones’: cuando Duncan Dhu pasó de ser promesa a banda sonora de todo un país

El segundo álbum del grupo donostiarra se publicó el 17 de enero de 1986

Diego Vasallo y Mikel Erentxun, componentes de Duncan Dhu. / Gianni Ferrari

Antes de que Mikel Erentxun se convirtiera en aclamado solista Diego Vasallo afinara su papel de francotirador sentimental del pop, hubo un momento en el que Duncan Dhu todavía sonaba a banda misteriosa llegada desde San Sebastián con guitarras acústicas, ecos británicos y pinta de no querer parecerse a nadie. Ese momento cristalizó en Canciones, el álbum que vio la luz el 17 de enero de 1986 y que, cuarenta años después, sigue funcionando como una especie de “manual de instrucciones” del grupo: melodías limpias, romanticismo sin almíbar industrial y un repertorio que acabó incrustado en la memoria colectiva de varias generaciones.

Para entender por qué Canciones fue tan importante hay que mirar un poco atrás. En 1985, Duncan Dhu había debutado con Por tierras escocesas, un disco que, contra todo pronóstico, se convirtió en uno de los fenómenos independientes más sonados de la década. Publicado originalmente por el sello GASA, aquel primer trabajo colocó a un grupo de estética austera y sonido folk-pop en un terreno dominado por el synth-pop y la nueva ola eléctrica. Y, para sorpresa de medio país, el experimento funcionó: “Cien gaviotas” empezó a sonar en todas partes, se convirtió en uno de los grandes himnos de la década y empujó al álbum a cifras de ventas insólitas para una banda que no jugaba todavía en la primera división mediática. El boca a boca hizo el resto: conciertos cada vez más grandes, un público fiel y la sensación de que algo serio estaba pasando.

Con ese contexto, Canciones no fue exactamente un segundo álbum al uso, sino una jugada estratégica muy inteligente. El disco recopilaba buena parte del material de Por tierras escocesas y añadía nuevos temas grabados ya con mayor presupuesto y una producción más pulida. Era, en el fondo, la puesta de largo de Duncan Dhu ante el gran público. Aquí aparecían reunidos algunos de los títulos que hoy son ADN puro del grupo: además de “Cien gaviotas”, estaban “Esos ojos negros”, “Jardín de rosas”, “Una calle de París” o “Rozando la eternidad”. Un repertorio que, visto en perspectiva, parece casi una colección de grandes éxitos prematuros.

Duncan Dhu - Cien gaviotas (LOS40 25 Aniversario 1991)

El impacto comercial fue inmediato. Canciones se colocó rápidamente entre los discos más vendidos de España en 1986, alcanzó el estatus de disco de oro y posteriormente de platino, y consolidó a Duncan Dhu como uno de los nombres imprescindibles del pop nacional. No hablamos solo de números: hablamos de presencia constante en radio, de giras con recintos llenos y de un fenómeno fan que no era especialmente ruidoso, pero sí muy fiel. En plena ebullición de la movida madrileña, Duncan Dhu jugaba en otra liga estética: menos excesos nocturnos, más gabardina emocional y canciones que podían sonar igual de bien en un bar oscuro que en un salón familiar un domingo por la tarde.

Musicalmente, Canciones también marcó una hoja de ruta. Frente a los teclados omnipresentes de la época, el grupo apostaba por guitarras acústicas, arreglos sencillos y melodías que bebían del folk británico, el pop clásico y cierto aroma country elegante. No era nostalgia: era estilo. Ese sonido influyó en buena parte del pop español posterior, abriendo camino a bandas que entendieron que no todo tenía que sonar a sintetizador ni a pose futurista para ser moderno.

Otro detalle importante: Canciones fue el disco que terminó de fijar el imaginario Duncan Dhu. Portadas sobrias, videoclips sin pirotecnia y una narrativa romántica que evitaba el dramatismo excesivo. Aquí nació el “clásico Duncan Dhu” que después evolucionaría hacia terrenos más eléctricos en discos posteriores como El grito del tiempo (1987), donde el grupo ya se consagró definitivamente con canciones como “En algún lugar”.

El legado de Canciones sigue vivo. “Cien gaviotas” continúa siendo uno de los temas más radiados del pop español de los ochenta, habitual en recopilatorios, playlists nostálgicas y conciertos homenaje. “Esos ojos negros” mantiene intacta su capacidad de provocar coros espontáneos en cualquier reunión con guitarra cerca. Y el disco, en su conjunto, ha resistido mejor que muchos de sus contemporáneos el paso del tiempo, quizá porque nunca intentó ser moderno: simplemente quiso ser bueno.

Al final, Canciones no fue solo un álbum exitoso. Fue el punto exacto en el que Duncan Dhu dejó de ser una promesa con pinta interesante para convertirse en una banda histórica. Un disco que no necesitó efectos especiales para quedarse en la memoria y que, cuarenta años después, sigue demostrando que, a veces, la verdadera revolución en el pop consiste en escribir buenas canciones… y dejar que hablen solas.