LOS40 PRIMAVERA POP Compra aquí tus ENTRADAS para Madrid y Badalona

De origen degenerado: cuando el nazismo declaró la guerra al jazz mientras sonaba en los campos de concentración

El sonido que el Tercer Reich quiso borrar y que sobrevivió a todo

Cartel de música degenerada. / Heritage Images

La mayoría sabemos lo que es el jazz y de dónde nace. También lo que es el nazismo y por desgracia, de dónde nace. Durante un periodo largo y, sobre todo, oscuro, todo pasó a existir bajo la estela del segundo. Las mujeres, el arte, el trabajo... todos los aspectos de la vida quedaron censurados por el régimen. Y la música no podía ser menos, y hubo un caso más concreto que pasaría a ser el jazz en el nazismo. Los principios del Tercer Reich estaban cimentados, entre muchos otros, en ideas como el liderazgo absoluto de Hitler, la supremacía racial aria o el antisemitismo violento. Claro, partiendo de estas premisas, nadie era aceptado que no fuese Hitler y aquellos que cumpliesen sus estándares arios. Tampoco valía la cultura ni cualquier cosa o actividad que le pudiese otorgar a los ciudadanos un mínimo de pensamiento crítico. El jazz era de los peores enemigos del régimen.

El enemigo cultural

Durante la década de 1920, la Alemania de Weimar había sido un centro de arte, música, literatura y obras de teatro experimentales y de vanguardia. Esta modernidad pasaba de largo los límites del gusto conservador y, claro está, iba completamente en contra de los conceptos nazis de estilo alemán. Los filósofos de la Alemania del siglo XIX habían argumentado que el arte y la música podían tener características inherentes “degeneradas”.

Fueron los nazis los que llevaron esto al límite, interpretando la “degeneración” como una característica racial para que todo funcionase acorde a su ideología antisemita. Los nazis sentenciaban que la influencia “judía” era la causante de la creación de un arte y una música muy cuestionables moralmente, lo que les llevó a intentar prohibirlo de diferentes maneras. Muchos, por no decir la mayoría, de movimientos artísticos fueron prohibidos, al igual que géneros musicales, entre ellos el jazz y el swing. Todas las obras de los judíos fueron clasificadas como Entartete (que significa degenerado) y oficialmente prohibidas en el Tercer Reich.

Censura y swing

Y con esto llegamos a la raíz de por qué el jazz fue tan maltratado durante este periodo. Pues bien, el jazz llegó a Alemania durante la década de 1920 y, como en el resto del mundo, se convirtió en la banda sonora que definió los locos años veinte. A finales de los años treinta, cuando el swing ya había prendido entre la juventud alemana, el régimen empezó a endurecer su postura. Lo que había comenzado como una moda importada se convirtió en un problema político.

Las autoridades locales vinculadas al Partido Nazi emitieron prohibiciones específicas contra el jazz y los bailes asociados, tratando de frenar un fenómeno que consideraban ideológicamente peligroso. Sin embargo, los miembros de la Swingjugend, jóvenes fascinados por esta música, desafiaban las normas mientras, paradójicamente, algunos funcionarios miraban hacia otro lado o incluso compartían en privado ese mismo entusiasmo.

La amenaza extranjera

¿De dónde nació esta rabia por el jazz? Mientras producía todo tipo de sensaciones, esta música, durante un largo periodo, fue odiada únicamente por sus orígenes, como las millones de personas que estaban siendo perseguidas en ese momento por lo mismo. El jazz tiene sus raíces en la cultura afroamericana del sur de Estados Unidos, más concretamente en Nueva Orleans. Esto significa que fueron hombres y mujeres negros quienes dieron vida a este género. Rechazaban cualquier ápice de multiculturalidad, y si encima tenía raíces negras, pues pasó lo que pasó: fue perseguido, juzgado y anulado.

Propaganda y contradicción

Con el estallido de la guerra, la contradicción se hizo aún más evidente. Mientras el régimen promovía el boicot a la cultura de los países enemigos, el jazz no desapareció: se transformó. En los primeros años de victorias militares, la necesidad de entretenimiento para la población y las tropas favoreció un resurgir del swing. Bandas procedentes de territorios ocupados sustituyeron a los músicos movilizados, y el propio aparato propagandístico entendió su potencial. El ministro Joseph Goebbels llegó a impulsar proyectos como Charlie and his Orchestra, que utilizaban el sonido del jazz como vehículo para difundir mensajes políticos. La música que oficialmente era condenada se convertía así en una herramienta útil cuando convenía.

German Propaganda Swing: Charlie & His Orch.: MAKIN' WHOOPEE

Esta ambigüedad definió la relación entre el jazz y el Tercer Reich. Aunque hubo detenciones, censura y una presión constante sobre músicos y aficionados, nunca existió una prohibición total y uniforme en todo el país. El género sobrevivió gracias a coleccionistas, intérpretes y oyentes que se aferraron a él como una forma de evasión y, en cierto modo, de resistencia cultural.

Ritmo en el infierno

Pero el jazz siempre ha ido más allá y siempre ha calado en lo más hondo de la humanidad. El jazz llegaba hasta los campos. Donde no queda ni rastro de humanidad, donde no queda esperanza, ahí alcanzaba el jazz, para ser un pequeño rayo de luz y arrojar una mínima esperanza de que aún quedaban humanos ahí dentro, de que aún existía algo bueno, unión entre personas y un rato de distracción dentro del infierno en vida. Hay varios testimonios que indican cómo el jazz se abría paso inevitablemente. Muchos de los prisioneros cantaban blues, imitaban instrumentos o formaban bandas entre ellos. Incluso se pudo llegar a ver a miembros de las SS moviendo el cuerpo al ritmo de los encarcelados. Al final, el jazz es música de trabajo, nació entre aquellos que estaban siendo maltratados en campos de algodón. Es música humana, pura, que sale de lo más hondo, de cuando incluso te roban la capacidad de sentir y de ser humano, florece un ritmo rebelde que se apodera de todo. En los campos no iba a faltar el jazz ni las personas que luchan.

Andrea Sanz

Una chica buscando su lugar en el mundo. En este...