¿Cómo afecta la guerra al medio ambiente?
Un informe analiza cómo los bombardeos sobre Irán deterioran el aire y contaminan suelos y aguas durante años.

El conflicto ha estallado en Oriente Medio. / Vithun Khamsong
En cualquier conflicto armado, lo primero son las víctimas civiles. Las vidas truncadas, las familias desplazadas, el miedo. Pero hay otra dimensión que no conviene olvidar: la ambiental. Porque cuando el aire se vuelve irrespirable y el agua se contamina, la salud del medio ambiente, la de todos, también queda herida. Y esa herida puede durar décadas.
Un reciente análisis del Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente (CEOBS) pone el foco en los ataques contra infraestructuras petroleras en Irán. Según este informe, los bombardeos sobre instalaciones energéticas, especialmente en Teherán, podrían provocar una contaminación persistente del aire, el suelo y el agua, con efectos que se prolongarían mucho más allá del final de los combates.
Cuando arden depósitos de petróleo, no solo se produce humo visible. Se libera una mezcla tóxica de monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, además de partículas finas que penetran en los pulmones y pasan al torrente sanguíneo. Estas partículas, conocidas como PM2,5, ya superaban en Teherán los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud incluso antes de los ataques. Ahora, la situación se agrava.
LOS40
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Vista del skyline de Teherán. / Sir Francis Canker Photography

Vista del skyline de Teherán. / Sir Francis Canker Photography
La geografía tampoco ayuda. Teherán está situada en una especie de cuenca rodeada de montañas. Esto dificulta la circulación del aire y favorece las llamadas inversiones térmicas, que actúan como una tapa invisible que atrapa los contaminantes cerca del suelo. El resultado: una nube tóxica que puede permanecer días sobre la ciudad. Y quedarse en casa no siempre es solución, porque las partículas se filtran en interiores y se depositan en muebles y superficies.
Veneno en el subsuelo
Pero el problema no termina en el aire. Los incendios y posibles derrames de petróleo pueden alcanzar sistemas de drenaje y cursos de agua. Los contaminantes, arrastrados por la lluvia, siguen la pendiente natural del terreno y pueden acabar en suelos agrícolas o en acuíferos poco profundos. Eso significa riesgos para cultivos, ganado y abastecimiento humano. La contaminación del suelo, además, puede reactivarse con el viento en forma de tormentas de polvo, generando nuevas exposiciones meses después.
El impacto tampoco se limita a Irán. El humo de grandes incendios petroleros puede viajar miles de kilómetros. Las partículas de carbono negro pueden depositarse en glaciares y acelerar su deshielo, como ya ocurrió tras los incendios en Kuwait en 1991. También pueden alterar la formación y duración de las nubes, con efectos sobre el clima regional e incluso global.
La guerra no solo destruye edificios: altera ecosistemas, contamina recursos básicos y contribuye al cambio climático. Sus consecuencias ambientales no entienden de fronteras y afectan a generaciones futuras. Por eso, cuando hablamos de conflicto, también hablamos de salud pública, de biodiversidad y de estabilidad climática.

Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20...












