40 años ‘A quién le importa’, la canción de Alaska y Dinarama escrita en Grecia como “éxito seguro”
El sencillo, perteneciente al álbum ‘No es pecado’, se publicó el 20 de marzo de 1986
Alaska, la voz de 'A quién le importa'.
El 20 de marzo de 1986 se publicaba como sencillo una canción que, con el paso del tiempo, acabaría superando cualquier previsión razonable. “A quién le importa”, de Alaska y Dinarama, no solo fue uno de los grandes éxitos del pop español de los ochenta, sino que terminó convirtiéndose en un himno generacional, identitario y, décadas después, en una consigna global. Lo curioso es que su origen fue mucho más íntimo, casi doméstico: un cuaderno, unas vacaciones en Grecia y una intuición que resultó ser profética.
La historia comienza con Carlos Berlanga, uno de los compositores más singulares de la Movida. Berlanga, que siempre trabajaba las letras con un punto de ironía y sofisticación pop, escribió el texto de la canción durante una estancia en la isla de Mykonos. Allí, lejos del ruido de Madrid, fue perfilando una letra que, en apariencia, hablaba de afirmación individual, pero que escondía una carga mucho más amplia.
Según se ha recogido en diversas biografías y testimonios del entorno del grupo, Berlanga anotó al final de la letra una frase que hoy suena casi legendaria: “Éxito seguro”. No era una boutade. Era la intuición de alguien que sabía que había dado con una idea poderosa.
Al regresar a Madrid, Berlanga compartió el texto con Nacho Canut, su socio creativo habitual. Entre ambos dieron forma definitiva a la canción, construyendo una melodía que debía sostener esa declaración de principios tan directa: “Yo soy así, y así seguiré… nunca cambiaré”. No era solo un estribillo pegadizo; era una afirmación de identidad en una España que todavía estaba definiendo su nueva libertad tras la Transición.
El proceso creativo, como en muchas canciones de Alaska y Dinarama, fue una combinación de intuición y oficio. Berlanga aportaba la arquitectura conceptual —esa mezcla de cultura pop, ironía y sensibilidad personal—, mientras que Canut terminaba de pulir la estructura musical y el enfoque sonoro. El resultado fue una canción aparentemente sencilla, pero con una eficacia casi quirúrgica.
Cuando Alaska la llevó al estudio y la convirtió en interpretación, la pieza adquirió su dimensión definitiva. Su manera de cantar —entre desafiante y distante— encajaba perfectamente con el mensaje de la letra. No había dramatismo, sino afirmación. No había victimismo, sino orgullo.
La canción se incluyó en el álbum No es pecado (1986), pero su vida fue mucho más allá del disco. Desde el primer momento conectó con el público. Parte de su fuerza residía en que, bajo una apariencia ligera, escondía un mensaje que cualquiera podía hacer suyo. En ese sentido, entroncaba con una tradición de la canción española que ya había explorado Raphael en temas como “Digan lo que digan”: la idea de resistir al juicio ajeno, de afirmarse frente a la mirada de los demás.
Sin embargo, “A quién le importa” iba un paso más allá. En el contexto de los años ochenta, en plena efervescencia de la Movida madrileña, esa frase —“¿y qué más me da?”— adquiría un significado casi político. Era la celebración de la diferencia en una sociedad que empezaba a abrirse, pero donde todavía persistían prejuicios muy arraigados.
Con el paso del tiempo, la canción fue ampliando su significado. Lo que en origen era una declaración individual terminó convirtiéndose en un himno colectivo. A partir de los años noventa, especialmente, comenzó a asociarse de forma muy clara con el movimiento LGTBIQ+, hasta el punto de convertirse en una de las canciones imprescindibles en las celebraciones del Orgullo.
Ese proceso no fue planificado. Fue orgánico. La canción ofrecía un lenguaje sencillo y directo para expresar algo que muchas personas necesitaban decir. Y ahí radica, en buena medida, su permanencia.
También ayudó su capacidad para adaptarse a nuevas generaciones. “A quién le importa” ha sido versionada en múltiples ocasiones —quizá la más conocida, la de Thalía en 2002— y ha seguido sonando en radio, televisión y todo tipo de eventos. Pocas canciones del pop español han demostrado una vida tan larga y tan flexible.
La historia de “A quién le importa” sigue teniendo algo de milagro pop. Una canción escrita en un cuaderno durante unas vacaciones, rematada en Madrid entre dos compositores que sabían que tenían algo especial entre manos, y convertida con el tiempo en un símbolo que ha trascendido generaciones, contextos y fronteras. Cuando Berlanga escribió “éxito seguro” al final de aquella letra, no se equivocaba; aunque, probablemente, ni siquiera él podía imaginar hasta qué punto.