El Premio Azorín de Novela 2026, Pablo Álvarez (60 años), fan absoluto de Aitana: “Me parece que ha logrado cosas que son muy difíciles”
Reconoce que no todo el mundo le entiende, sobre todo, cuando va a sus conciertos

Aitana en su concierto en el Riyadh Air Metropolitano Julio 2025 / Aldara Zarraoa
La necesidad de amar, así se llama la novela que este 2026 se ha llevado el Premio Azorín de Novela que concede cada año, desde 1994, la Diputación Provincial de Alicante. Es la primera novela de un hombre que lleva toda la vida dedicado a la literatura, pero desde su otro lado, el del editor o agente de otros autores o autoras como Elísabet Benavent o Alice Kellen. Pablo Álvarez ha construido una historia de amor sin barreras ni límites que nos lleva a finales de los ’80 con la epidemia del sida como trasfondo.
Una época culturalmente revolucionaria que marcó a toda una generación que se traslada fácilmente a esos años a través de la música que tiene un gran protagonismo en la novela.
Aunque Pablo recrea esa época a través de artistas como Roxette, Etta James, Depeche Mode, REM, U2, Rick Astley, Eric Clapton, Michael Jackson, Elton John o Freddie Mercury, entre muchos otros. La que no suena en esta historia, porque todavía no existía como cantante, es Aitana de la que él se confiesa gran fan. Hemos hablado con él de esta potente banda sonora.
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P: La primera referencia musical del libro llega en la primera página: Boys de Sabrina Salerno. ¿Era tu manera de marcar la época teniendo en cuenta lo generacional de este tema?
R: Totalmente. Yo tenía esas edades cuando Sabrina hizo esa actuación que hizo en un fin de año que quedó tan marcada en nosotros. Pensé que era algo para situar en ese momento. En Italia, en esos finales de los ’80. Es lo que me vino y para colocar de pronto.
P: Es lo que tiene la música, que nos traslada a la época.
R: He tenido mucha necesidad de hacer esta playlist de La necesidad de amar. Con la música te transportas muy fácil a la época, a los momentos, a los recuerdos.
P: La playlist, ¿la hiciste previa o fue surgiendo mientras escribías?
R: A medida que iba surgiendo. Elegía un poco la música que podía estar bien en esa escena. De la época, de finales de los ’80. Eso está muy medido. Y de principios de los ’90. También de música clásica a través del personaje de Viola. Meto a Chopin porque soy un apasionado de los Nocturnes.
P: ¿Tocas el piano como Viola?
R: No, ojalá. Soy un negado para la música que me parece lo más difícil del arte y soy una persona que me ha interesado mucho el arte. Lo he intentado, sobre todo, con la guitarra y, no. Me da mucha rabia, pero no.
P: Hay walkman y hay tocadiscos en tu novela… vuelta a tiempos pasados –aunque ya no tanto que vuelven a ser tendencia-.
R: Esa nostalgia me apetecía que estuviera todo el rato. Y siento que está funcionando porque me lo marcáis mucho los periodistas todo eso. La gente que vivimos esta época o han estado cercanos, les resuena mucho.
P: ¿Sigues poniendo vinilos?
R: Sí. En casa tengo un tocadiscos.
P: ¿Cuál es el último que ha llegado a tus manos porque te lo hayas comprado o te lo hayan regalado?
R: El último que me han regalado es el de Aitana.
P: Nunca lo hubiera dicho.
R: Soy muy fan de Aitana. Me gusta, me anima mucho. Pienso que hace un tipo de pop que anima mucho. Es una muchacha que admiro como artista. Me parece que ha logrado cosas que son muy difíciles y que son de valorar. Me parece que en el pop –y vosotros sabéis muchísimo más de esto-, se ha hecho un lugar bastante importante. Al final es una chica española. Esto provoca también mucha curiosidad. He ido a conciertos de Aitana. Me divierte, me gusta, la valoro realmente.

P: Y tu entorno, ¿lo entiende?
R: No, no. Hay quien me dijo, sobre todo, al principio, antes de que hiciera este baile más sexy. Ese año que hizo el concierto del baile sexy todavía había muchas niñas en los conciertos de Aitana y me decían, ‘vas a parecer un pederesta’. Entorno a todo esto que sorprende cuando digo que me gusta Aitana, me regalaron el disco por mi cumpleaños.
P: Quizás choca más porque luego en la playlist de la novela suenan: Roxette, Etta James, Depeche Mode, REM, U2, Rick Astley, Eric Clapton… Todos clásicos.
R: Esos son mis gustos. Depeche Mode marcó mi juventud. Todos esos grupos marcaron mi juventud y me encantan. Pero puede pasar de U2 y Depeche a Aitana Ocaña.
P: Mencionas el Bad World Tour en Roma de 1988 de Michael Jackson. Yo le vi en Dangerous, pero mi disco siempre fue Bad. ¿Tuviste la oportunidad de verle en directo?
R: No, en la novela he cumplido un sueño con ese concierto que me dejó con las ganas. Michael Jackson me fascina.
P: ¿Alguna que te haya hecho especialmente ilusión poner en esta novela?
R: Sentí que entendía algo de música con Depeche Mode. Sentía que me hacía más moderno que me gustara Depeche Mode. Me gustaba mucho ese rollo moderno que tenían, tecno, new age, en aquella época. Le tengo un especial cariño. También tengo vinilos de ellos, de Prince, de U2 y de Michel Jackson. Pero Depeche Mode creo que me define un poco ese rollo, por lo menos en aquella época.

P: Hay guiño a la Movida con esa presencia de Alaska, Ouka Leele, Penélope Cruz y Nacho Cano, ¿viviste de primera mano esa época?
R: No. Yo soy de Barcelona, pero me enamoré de Penélope Cruz con el vídeo de Mecano, La fuerza del destino. Mi madre se acuerda que cuando veíamos ese vídeo en la tele yo lo decía, ‘esta chica va a llegar muy lejos’. A Alaska la he conocido personalmente. Fui el editor de su único libro, logré convencerla para que escribiera un libro: Transgresoras, que habla de mujeres transgresoras en la historia.
P: Claro, se juntaron Aitana y Alaska y ya…
R: Jajaja, sí, me volví loco. Marcaron esa época. Chicote lo viví después. Vine a vivir a Madrid hace veintipico años y conocí todo lo que pasaba en Chicote, lo que pasaba allí, las fotos. He hecho muchas presentaciones de libros allí. He tirado de referentes y de hacer homenajes. La música es lo que mejor coloca al lector. Cuando gané el Premio la editorial me dijo que todas las frases de las canciones tenían que ir fuera por un tema de derechos. Incluso, en una escena que hay con Serrat, ‘a tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos’, estaba, pero claro, me quitaron todas. Pero no las referencias a los grupos y las canciones. Había metido frases que era muy chulo recordar ese estribillo. Es algo que he descubierto esta novela, que necesito esa música para explicarme. Esta novela se cuenta desde el recuerdo, él que se acuerda de cuando tenía 20 años, y me gustaba todo lo nostálgico que trae la música.
P: Aparte de los clásicos internacionales que mencionaba también hay música patria: Siniestro Total, Joaquín Sabina, Serrat. ¿También forman parte de tus gustos personales?
R: Sabina y Serrat, sí. Serrat es como un pequeño homenaje a mi padre porque le encantaba y todos los domingos nos despertábamos y sonaba Serrat en casa. Él cuenta que esa cinta que tiene era de su padre, del protagonista, pero, en realidad, el que me mostró a Serrat fue mi padre.
P: Un libro en el que se habla de sida casi exige que en algún momento suene Elton John o Freddie Mercuy, ¿los incluiste por ese motivo?
R: No, hubiera sido hacer todo lo contrario a lo que yo estaba reivindicando con esta novela. Me encanta Elton John, lo he escuchado muchísimo y lo sigo escuchando. Y Freddie Mercury también. Además, vino a España en esta época y es lo que cuento, pero no tiene nada que ver con el sida. Son mucho más que eso, son grandes artistas. Lo estoy viendo esto a través de ti, no lo había pensado. Igual que hablo de Rod Hudson porque lo utilizaron mucho para dar visibilidad a la enfermedad, lo otro es porque dentro de lo que estaba pasando ese año, vino a concierto. Y Viola pone a Elton John y lo pongo porque me encanta también, pero no había pensado lo que me estás diciendo hasta ahora. Está muy bien visto.

P: Al final son coincidencias o el subconsciente que te lleva porque Elton John sigue con sus galas benéficas por el sida cada año. Gracias por todo, Pablo.

Cristina Zavala
Redactora y guionista de LOS40. Completamente enamorada de la TV. Estudié Periodismo en la UCM mientras...














