Richard Gere y el mito de ser un gigoló: "Me sorprendió que la gente pensara que yo era así"
El actor recuerda cómo su papel más icónico en los 80 cambió para siempre la percepción que el público tenía de él
Richard Gere en la promoción de la película 'American Gigolo' en Hamburgo mayo 1996 / picture alliance
Richard Gere antes de convertirse en en el inolvidable galán de Pretty Woman ya había vivido un antes y un después en su carrera gracias a American Gigoló. Corría el año 1980 y aquel thriller elegante y provocador lo catapultó al estrellato… pero también creó una imagen de la que le costó despegarse.
Cuando el personaje se come al actor
Dirigida por Paul Schrader, la película seguía la vida de Julian Kaye, un escort de lujo que se movía entre la élite de Los Ángeles hasta verse envuelto en un caso de asesinato. El filme, que compartió protagonismo con Lauren Hutton y Hector Elizondo, no solo fue un éxito de crítica —con nominaciones a los Globos de Oro—, sino que convirtió a Gere en un icono inmediato.
Años después, en una entrevista de 1993 recuperada recientemente, el actor confesaba que lo que realmente le impactó no fue el éxito en sí, sino la reacción del público: “Me sorprendió que la gente pensara que yo era así”. Y es que, aunque el personaje se convirtió en un símbolo de sofisticación y misterio, él siempre lo vio como una construcción muy alejada de su propia personalidad.
Gere reconocía que aquel papel marcó profundamente su imagen mediática, "Mi personaje era una construcción, y eso me resultaba curioso, porque tenía muy poco que ver conmigo". Algo que no siempre resulta fácil de gestionar en una industria donde el público tiende a confundir ficción con realidad. Similar a esto le pasaría a Robert Pattinson años después tras el fenómeno de Crepúsculo, cuando muchos le asociaban directamente con su personaje.
Una carrera legendaria y una vida entre Madrid y Galicia
Lejos de ese estereotipo, Richard ha construido una carrera de más de cinco décadas combinando grandes éxitos comerciales con proyectos más personales, consolidándose como una de las figuras más respetadas de Hollywood. Un recorrido comparable al de nombres como Meryl Streep, Susan Sarandon o Harrison Ford, que han demostrado que el talento no entiende de edad.
En los últimos años, el actor ha encontrado en España un lugar al que llamar hogar. Instalado entre Madrid y Galicia junto a su mujer, Alejandra Silva, ha reconocido en varias ocasiones que el estilo de vida tranquilo y el entorno natural le recuerdan a su infancia en Pensilvania, cerrando así un círculo personal que poco tiene que ver con aquel sofisticado gigoló que conquistó la gran pantalla.