35 años de ‘Hombres’: el disco con el que Loquillo sobrevivió después de Sabino Méndez
Fue el álbum con el que el rockero barcelonés estrenó la década de los noventa

Loquillo, en concierto en Suiza en 1993. (Photo by Lionel FLUSIN/GAMMA RAPHO via Gamma) / Lionel FLUSIN
A comienzos de los noventa, muchos daban por hecho que Loquillo y Trogloditas habían entrado en una zona peligrosa. El rock español de los ochenta empezaba a perder espacio frente a nuevas tendencias, las radios cambiaban de sonido y, además, acababa de producirse una ruptura que parecía decisiva: la salida de Sabino Méndez, principal compositor y uno de los grandes cerebros literarios del grupo durante toda su etapa clásica. En aquel contexto apareció Hombres, el álbum que la banda publicó el 1 de mayo de 1991 y que ahora cumple 35 años.
No era un disco cualquiera dentro de la trayectoria de Loquillo. Era, en cierto modo, un examen público. Durante años, Sabino había sido fundamental en la construcción del imaginario de los Trogloditas: las noches de barrio, las pandillas urbanas, los perdedores orgullosos, el rockabilly, las referencias americanas y ese tono entre chulesco y sentimental que terminó definiendo al grupo. La pregunta era evidente: ¿podía seguir existiendo Loquillo sin Sabino? La respuesta fue Hombres.
Lejos de intentar repetir mecánicamente la fórmula anterior, el álbum mostraba ya un sonido y una personalidad algo diferentes. Seguía habiendo rock clásico, claro, y continuaban presentes las guitarras directas y el aroma stoniano que siempre acompañó a la banda, pero el disco introducía también una atmósfera más madura y menos juvenil. Menos pandilla callejera y más hombres enfrentándose al paso del tiempo.
LOS40 Classic
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Ahí empezaron a adquirir importancia nombres como Sergio Fecé y Gabriel Sopeña, fundamentales en esta nueva etapa creativa. También fue importante el trabajo del productor Carlos Martos, que ayudó a dar al álbum un sonido sólido, elegante y mucho más contenido que el de algunos discos anteriores de los Trogloditas.
El repertorio incluía canciones como “Hombres”, “Simpatía por los Stones”, “Brillar y brillar”, “Blanco y negro”, “Rosas cortadas”, “Pistas de choque” o “Un hombre puede llorar”. Solo con los títulos ya se intuía hacia dónde se movía el personaje de Loquillo en aquella época: menos macarra de película y más narrador sentimental de derrotas nocturnas, amistades rotas y supervivientes urbanos.
Especialmente reveladora resultaba “Un hombre puede llorar”, porque desmontaba parcialmente la caricatura del tipo duro que durante años había acompañado a José María Sanz. Bajo la cazadora de cuero y la voz grave empezaba a aparecer una vulnerabilidad mucho más explícita. Y probablemente ahí reside una de las claves de Hombres: el disco conserva la estética rockera clásica de Loquillo, pero introduce una emocionalidad más adulta.
También “Simpatía por los Stones” funcionaba casi como una declaración de principios. Mientras buena parte de la música española intentaba sonar moderna a toda costa, Loquillo seguía reivindicando sin complejos el linaje clásico del rock and roll. No había oportunismo generacional en aquel disco. Más bien al contrario: parecía la obra de alguien dispuesto a resistir aunque las modas cambiaran alrededor.
En realidad, Hombres retrata bastante bien una España que estaba entrando en otra época. La modernidad olímpica y optimista de principios de los noventa convivía todavía con una cultura muy física de bares nocturnos, carreteras nacionales, humo de tabaco y pandillas urbanas. Ese paisaje aparece constantemente en el álbum, que escuchado hoy funciona casi como una pequeña película sobre la masculinidad española de aquella generación.
Y ahí estaba también la propia figura de Loquillo, cada vez más singular dentro del panorama nacional. Mientras otros artistas de su tiempo quedaron atrapados en la nostalgia ochentera, él empezaba ya a transformarse en algo distinto: una especie de crooner urbano influido tanto por Lou Reed como por la literatura española contemporánea. De hecho, en aquellos años comenzaba a estrechar su relación con poetas y escritores que terminarían siendo fundamentales en su evolución posterior.
Comercialmente, Hombres funcionó muy bien y permitió a Loquillo mantener intacto su peso dentro del rock español en un momento donde muchos grupos veteranos empezaban a desdibujarse. Las giras siguieron llenando recintos y varias canciones del álbum quedaron incorporadas durante años al repertorio habitual de directo.
Pero quizá su importancia real sea otra. Hombres demostró que Loquillo podía sobrevivir a una ruptura creativa que muchos consideraban definitiva. Y eso no era poca cosa. Hay bandas que pierden a un compositor importante y se convierten inmediatamente en una sombra de sí mismas. Este disco, en cambio, transmitía algo diferente: la sensación de un artista que, lejos de hundirse tras una separación traumática, empezaba a redefinir su identidad.
Escuchado tres décadas y media después, Hombres sigue sonando como un disco de transición, sí, pero también como una declaración de resistencia. El momento exacto en que Loquillo dejó de ser solamente el líder de una banda mítica de rock urbano para convertirse en un personaje mucho más complejo y duradero dentro de la música española.












