Treinta años de 'Older': el disco elegante y melancólico con el que George Michael sobrevivió a sí mismo
En plena batalla con la fama y la industria, el cantante convirtió la tristeza en uno de los grandes álbumes pop de los noventa
George Michael en los MTV Europe Music Awards, en 1996. / Franziska Krug
Cuando George Michael publicó Older el 13 de mayo de 1996, llevaba años intentando escapar de algo: de la caricatura de superestrella pop perfecta en la que se había convertido durante los ochenta. A mediados de los noventa, George Michael era una figura extraña dentro del panorama musical. Seguía siendo una celebridad gigantesca, pero ya no encajaba del todo en el nuevo pop dominante. El britpop explotaba en Reino Unido con Oasis y Blur: en Estados Unidos aún se sentía el impacto emocional del grunge; y el negocio musical empezaba a girar hacia una nueva generación de estrellas mucho más jóvenes. George Michael, mientras tanto, parecía moverse en dirección contraria: hacia dentro.
Además, llegaba exhausto. Después del éxito descomunal de Faith en 1987, había pasado años enfrentado a la industria y a su propia imagen pública. Su batalla legal contra Sony Music a principios de los noventa había sido especialmente importante. George Michael acusaba a la compañía de tratarlo como un producto y denunciaba la falta de control creativo sobre su carrera. Perdió judicialmente, pero aquella guerra dejó una huella evidente en él: desconfianza, aislamiento y una relación cada vez más complicada con la fama. Todo eso está dentro de Older.
El disco tiene algo elegante y sombrío desde el primer minuto. Nada que ver con el brillo explosivo del George Michael ochentero. Aquí predominan los tempos lentos, las atmósferas nocturnas, el jazz-pop sofisticado y una tristeza que atraviesa prácticamente todo el álbum. Incluso visualmente, el artista parecía otro: barba de varios días, gafas oscuras, cuero negro y una imagen mucho más sobria y adulta. Ya no buscaba parecer un ídolo juvenil. Parecía alguien intentando desaparecer dentro de sus propias canciones.
George Michael - Older (Official Video)
Y, sin embargo, el álbum terminó conectando masivamente con el público. Older debutó en el número uno en Reino Unido y se convirtió en uno de los discos más exitosos de toda su carrera europea. En España tuvo también un enorme impacto comercial y radiofónico. Parte de esa conexión se explica porque el disco contenía varias canciones que terminaron instalándose para siempre en su repertorio.
Una de ellas fue Jesus to a Child, probablemente una de las composiciones más dolorosas y hermosas de toda su carrera. Escrita tras la muerte de Anselmo Feleppa —la pareja del cantante, fallecido en 1993 por complicaciones relacionadas con el sida—, la canción funcionaba casi como un duelo público en clave íntima. George Michael aún no había hablado abiertamente sobre su sexualidad, pero la emoción devastadora de aquella interpretación hacía innecesarias muchas explicaciones.
También estaban Fastlove, mucho más sensual y rítmica, o Spinning the Wheel, atravesada por la ansiedad emocional y el miedo a la pérdida en plena crisis del sida. Lo fascinante es cómo el disco consigue equilibrar sofisticación pop y vulnerabilidad real sin caer nunca en el sentimentalismo fácil.
Porque esa es una de las grandes virtudes de Older: su madurez emocional. George Michael ya no canta aquí como una estrella seductora tratando de conquistar el mundo. Canta como alguien que ha descubierto que el éxito no protege de absolutamente nada.
Musicalmente, además, el álbum resistió muy bien el paso del tiempo. Mientras muchísimas producciones noventeras quedaron atrapadas en sus propios códigos de época, Older mantiene una elegancia casi atemporal. Hay soul, jazz, pop adulto y una producción extremadamente cuidada que evita el exceso tecnológico que dominaba parte del mainstream de entonces.
También ayudó el propio perfeccionismo de George Michael. Durante años fue subestimado como compositor y productor por culpa de su dimensión mediática, pero discos como este demuestran hasta qué punto controlaba minuciosamente cada detalle de sus grabaciones. Detrás del icono pop había un músico extraordinariamente meticuloso.
Escuchado hoy, Older parece el retrato de un artista entrando en la adultez emocional delante del público. Y no debió de ser sencillo. Porque George Michael seguía viviendo dentro de una contradicción constante: era una de las personas más famosas del planeta y, al mismo tiempo, alguien profundamente incómodo con la exposición.
Quizá por eso el disco conserva tanta humanidad. No intenta impresionar constantemente. No necesita demostrar juventud, modernidad ni rebeldía. Solo transmite la sensación de un hombre agotado que convirtió el dolor, la pérdida y la soledad en canciones sofisticadas y profundamente populares. Y ahí reside probablemente su grandeza. En haber demostrado que también se podía llenar estadios y vender millones de discos desde la melancolía adulta.