Marta Fernández, periodista, tras asistir a dos conciertos de Bad Bunny: “Es como una folclórica clásica que sabía cuándo tenía que mover una bata de cola”
'Bad Bunny ganó a las máquinas' es el ensayo en el que defiende la humanidad frente a la IA recurriendo al cantante

Bad Bunny en el cierre de su residencia en Madrid en 2026. / Mariano Regidor
Marta Fernández es un rostro conocido por aquellos que siguen la actualidad a través de programas informativos. También escribe y ha publicado recientemente Bad Bunny ganó a las máquinas, un ensayo sobre el cantante portorriqueño y la inteligencia artificial. Y mientras que muchos leíamos sus tesis sobre este binomio tan de actualidad, ella se acercaba al Metropolitano por partida doble para disfrutar de su residencia.
“Su música es todo eso. Es el pie que no puede evitar moverse cuando un ritmo suena. La emoción que acompaña a cada uno de los recuerdos de la infancia. Es el orgullo de tus padres cuando aprendías algo nuevo. La irrepetible sensación repetida de que te has enamorado. La gloria de los atardeceres que jamás pueden captar las cámaras porque no están hechos de colores sino de sentimientos. Es el efecto embriagador del agua salada si tiene forma de gota y resbala por la piel del ser amado. La inexplicable atracción de la carne del otro. Y la repulsión, inexplicable también, cuando ya no deseamos. Es el desamor. Los celos. El desasosiego. Los errores. El miedo. La alegría porque sí. La tristeza porque no. Y la tristeza sin saber por qué de las tardes de domingo. Es la densidad viscosa del calor húmedo. Es el frío inesperado. Es el otro frío, el que se siente en el alma. Y la añoranza. La alegría de volver con los tuyos. Es la vida latiendo feroz”, compartía la periodista tras el último concierto.
Hemos hablado con ella sobre este libro que ha publicado, sobre lo que ha descubierto de Bad Bunny y sobre temas como el machismo de sus canciones, la fiesta como reivindicación y afirmación de identidad, los prejuicios que pesan sobre él, el reguetón y el perreo. Y que nos descubre una pasión del cantante por su tierra que ya habíamos visto en el libro de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, PFKNR.
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Pregunta: Me gusta empezar leyendo los agradecimientos porque siempre dan mucha información. Tú le das las gracias a Juan Luis Arsuaga por incendiarte las neuronas. Arsuaga y Bad Bunny, esto ya es lo más, ¿no?
Respuesta: Arsuaga y Bad Bunny es una mezcla magnífica porque Arsuaga siempre dice que se aprende en todas partes y creo que es una de las lecciones más importantes que he aprendido de él. Que si los humanos tenemos curiosidad podemos aprender en cualquier sitio. Arsuaga que es amigo, al que yo quiero muchísimo. Te vas a comer con él una paella y estás aprendiendo cosas. Y este mensaje también demuestra que de Bad Bunny podemos aprender muchas cosas y que, si la curiosidad está ahí, ¿por qué no? Y, además, a Arsuaga le pregunté, esto de bailar lo hacemos solo los humanos, ¿no? Y me dijo, sí, sí, efectivamente es un rasgo de humanidad y esto va fantástico para mi tesis.
P: ¿Cuándo empezaste a escuchar a Bad Bunny?
R: Es curioso porque lo empecé a escuchar hace tiempo, pero la curiosidad no se despertó en principio por la música. Pensaba que él era un trapero, reguetonero más y por corte generacional no es el tipo de música que yo escuchaba. Pero vi una intervención suya en Jimmy Fallon, de la que hablo en el libro, cuando va al programa y tiene un mensaje para sus compatriotas por el huracán María. Pensé, este tío a lo mejor no es solo un trapero. Con lo jovencito que es me pareció que su mensaje y la manera en la que luego cantaba era muy potente. Me quedé muy prendada de ese desparpajo de alguien que va a la televisión americana, a un programa de máxima audiencia y dice lo que tiene que decir. Y dije, voy a escucharle más atentamente. Sus temas de trap y de reguetón me hicieron mucha gracia. Mola lo que dice y sus mensajes, y su humor y la picardía que tiene. A partir de ahí me enganchó.
P: ¿En qué momento pensaste que escribir un libro con él como protagonista era una buena idea?
R: Esto fue realmente hace muy poco. A mí él me gusta mucho, soy muy fan de hace tiempo. Compré las entradas del primero y último concierto cuando salieron, primera vez que me funciona estar en una cola y acceder, pero la idea de escribir el libro me surge después del Super Bowl. Unas semanas después. Yo llevaba mucho tiempo dando vueltas a qué aspecto de la creatividad y de la recepción de esa creatividad nos distingue de las máquinas y de la inteligencia artificial. Y claro, es que es Bad Bunny, me tengo que poner a escribir ya esto. Y ahí que lo escribí.
P: Si algún día escribo un libro también quiero que Carles Francino lea una parte en La Ventana.
R: Esto es fantástico. Cada cosa que tú escribas suena mejor de dos maneras. Una, si lo lee Carles Francino. Dos, si lo traducen al italiano. Como al italiano no lo han traducido, tengo el premio gordo que es que te lo lea Carles Francino.
P: Has ido a verle en directo después de escribir el libro, ¿ha cambiado en algo tu visión?
R: No, no ha cambiado mi visión, se ha reafirmado. Creo que lo interesante, y él lo sabe, es lo que provoca en el público y cómo le lleva al estado al que le quiere llevar. Al principio del concierto dice, este concierto lo hacen ustedes con lo que estén haciendo ahí a la pista, que en el fondo es el mensaje del último disco. Las fotos las tenemos que hacer nosotros con la memoria y disfrutando del momento y dándonos cuenta de que estamos disfrutando del momento. Entonces hace esta invitación tan sincera a que nosotros, el público, disfrutemos del momento, de las personas con las que estamos, que disfrutemos el baile, que nos dejemos llevar. Es magnífico cómo se produce ese ritual, porque es un ritual, y cómo se contagia toda esa energía de la fiesta, de la celebración, de la felicidad a todo el mundo que está en el concierto. Y en estos tiempos que son tan oscuros, que nos gusta tanto criticar y que nos gusta tanto fijarnos en lo malo, de pronto, que te pases tres horas, una tarde, celebrando con gente a la que no conoces y salgas con un buen rollo tremendo y salgas cantando en el vagón de metro es algo que es para hacérnoslo mirar y para repetirlo.
P: Yo fui a ver el concierto después de haber leído varios libros sobre él y de haber ahondado en el mensaje y contenido de sus canciones. Y me preguntaba si de no haberme adentrado en lo que hay detrás del personaje lo hubiera disfrutado igual.
R: Una vez metida en el concierto lo hubieras disfrutado igual. Por eso era tan buena tu primera pregunta sobre Arsuaga, por lo que tiene que ver con la curiosidad. Creo que Bad Bunny es uno de esos personajes sobre los que pesan muchos prejuicios y él mismo lo dice, y esos prejuicios son una barrera que nos impiden disfrutar de algo que está muy bien. Nos tenemos que dejar llevar de la curiosidad para poder disfrutar esas cosas. El otro día comentaba con un amigo que cuando yo era joven, la gente mayor decía que la música heavy era solo ruido y a mí me gustaba. Soy de Aluche, un barrio del sur de Madrid y me gustaba el heavy y a mis padres les parecía un anatema. Y ahora, mis padres, de vez en cuando dicen, Metallica, qué buenos discos. Ahora le parecen un clásico. Si esos prejuicios los hubiera perdido en los 80, todos estos años habría estado disfrutando de esa música. Pero hay algo en los conciertos que, creo que estarás de acuerdo conmigo en que es una especie de onda expansiva de felicidad que te arrastra, y es lo que tiene la música, cuando te van los pies y no puedes dejar de bailar.
Es como una folclórica clásica que sabía cuándo tenía que mover una bata de cola, o cuando la Callas se ponía en el mejor lugar de la Scala porque era el que mejor sonaba
P: Y él, sobre todo, porque yo he ido a muchos conciertos y es difícil encontrar lo que él genera.
R: Es que cuando la gente dice que no canta… Él es lo que mi abuela llamaba un artista, controla los tempos perfectamente, las pausas, la expectación, cuando mete una sonrisita para provocar al público, la actitud, cuando está súper arriba y cuándo está súper relajado, cómo distribuye la diversión. Eso es totalmente arte. Es como una folclórica clásica que sabía cuándo tenía que mover una bata de cola, o cuando la Callas se ponía en el mejor lugar de la Scala porque era el que mejor sonaba.
P: ¿Has notado que alguien te haya restado credibilidad por escribir sobre un reguetonero?
R: Sí, totalmente, de hecho, antes de salir el libro, la gente, no es que me haya restado credibilidad a mí que soy lo que menos importa, pero la gente sí que decía, se han vuelto locos, cómo publican un ensayo sobre un reguetonero y sobre Bad Bunny. Todo esto, no había salido el libro, nadie se lo había leído y ya estaban criticando. Pero toda esa ola muchas veces de crítica –esta era gratuita porque el libro no había salido-, en el fondo demuestra la tesis del libro y es que los humanos tenemos estas reacciones muy viscerales a favor o en contra de las cosas que son realmente provocativas. No creo que nunca vayamos a tener una reacción tan visceral a un texto de una inteligencia artificial que es la pura anorgasmia, y esa es una de las tesis del libro. En el fondo, esta oleada de críticas forma parte del juego.
P: Hay mucho de carpe diem en este libro. Desde una de las primeras citas. Yo perreo sola que dice: ‘Vamos a perrear, que la vida es corta’. ¿Es inherente a esta generación?
R: Crep que sí, lo que pasa que la generación de ahora vive en un momento muy complicado por las perspectivas de futuro que para todas las generaciones jóvenes siempre son dificultosas, pero que para esta lo parecen, pero también vive un momento muy complicado porque su carpe diem se ve reducido a una pantalla de teléfono y no al contacto real con otras personas. Los jóvenes de ahora, los que están perreando en el Metropolitanno, que tienen 18 años, cuando tenían 13 y 14 y eran críos, estaban metidos en casa y no podían salir con sus amigos y esto ha provocado que se vean más enganchados a las redes sociales, por eso creo que el mensaje del carpe diem, ven a bailar, ven a perrear, ven a celebrar con otras personas, ven a un concierto, vamos a sudar, vamos a tocarnos, vamos a disfrutar, es más relevante que nunca para ellos. Es importante para la humanidad, somos sociales por naturaleza y ser sociales es compartir todo eso.
P: La gente que se ha preocupado por descubrir quién es y qué hay detrás de Bad Bunny coincide en afirmar que ha conseguido hacer de la revolución una fiesta y de la fiesta una afirmación de identidad. ¿Por qué nos cuesta tomarnos en serio algo si viene precedido de la palabra fiesta?
R: Igual que todo lo que está precedido de la palabra comedia, igual que todo lo que viene precedido de la palabra alegría. Esto lo explicaba también Umberto Eco en El nombre de la rosa, la risa es muy peligrosa porque desactiva el miedo y el miedo es un acto de control social. Todo lo que tenga que ver con la fiesta, con la ceremonia que une a unos humanos con otros más allá del odio, es muy peligroso. Y en el caso del reguetón particularmente, hay un prejuicio elitista, clasista y racista del que hablo en el libro. Si sumas a esto, a gente que está celebrando, es un anatema tremendo.
Me hace mucha gracia cuando la gente critica el movimiento de caderas de Bad Bunny o el perreo porque me recuerda precisamente a cuando se quejaban de que Elvis Presley movía las caderas delante de jóvenes muchachas adolescentes y uno piensa, hemos retrocedido más de medio siglo
P: Hubo una generación a la que el movimiento de caderas de Elvis Presley le horrorizaba. Ahora el perreo asusta, ¿es una cuestión generacional?
R: Es una cuestión generacional y cíclica. Igual que antes hablábamos de la fiesta, todo lo que recuerde al placer, lo prohibido, y esa zona particular de nuestro cuerpo que son las caderas, levanta siempre muchísimas suspicacias. Me hace mucha gracia cuando la gente critica el movimiento de caderas de Bad Bunny o el perreo porque me recuerda precisamente a cuando se quejaban de que Elvis Presley movía las caderas delante de jóvenes muchachas adolescentes y uno piensa, hemos retrocedido más de medio siglo y estamos otra vez con el peligro de las caderas masculinas y femeninas, por supuesto. Y, además, en el caso del perreo, y Bad Bunny lo explica muy bien en Yo perreo sola, creo que hay algo de mucha potencia en un grupo de mujeres perreando, bailando y afirmando sus caderas y su cuerpo y haciéndolo libremente.
A mí no me interesa un texto escrito por una máquina o una canción escrita por una máquina porque detrás de eso no hay nada, solo hay cálculo.
P: Tu argumento para defender el valor de Bad Bunny es la comparación con la Inteligencia artificial. Lo humano frente a la máquina, ¿rivales o complementarios?
R: No sé si rivales es la palabra. El argumento es que Bad Bunny, al igual que un artista o un creador que te guste mucho, nos recuerda por qué somos humanos y las máquinas todavía tienen esa barrera. A mí no me interesa un texto escrito por una máquina o una canción escrita por una máquina porque detrás de eso no hay nada, solo hay cálculo. Y cuando a mí una canción me atrapa, o me atrapa un texto es porque estoy entrando en la cabeza de otra persona, me estoy poniendo en el lugar de otra persona, porque otra persona ha encontrado las palabras para explicar lo que yo siento porque también lo ha sentido. En esa comparación siempre va a vencer un humano, siempre va a vencer Bad Bunny, Shakespeare o Lope de Vega porque cada una de sus palabras estará justificada. Posiblemente son rivales porque cada vez se nos está contraponiendo con las máquinas cada vez más.
P: Hay una reivindicación del fallo y la imperfección, algo que la sociedad de hoy, con tanta política de cancelación, tolera bastante poco, ¿no crees?
R: Se tolera muy poco el fallo y es lo que nos hace humanos. Nos hace humanos equivocarnos y volver a levantarnos, cosa que nunca hacen las inteligencias artificiales porque fallan y tienen alucinaciones y nos mienten, pero se comportan como si no hubiera pasado nada, no aprenden del fallo, lo que hacen es enmascararlo y seguir adelante –esto también lo hacen algunos humanos-. La característica humana es que tienes un fallo, aprendes, recapacitas y lo intentas otra vez y eso nos enseña a hacer el camino. Deberíamos ser más permisivos con el fallo y con otra cosa con la que no somos nada permisivos y en el fondo está relacionado con esto, que es la productividad, como si todo lo que tuviéramos que hacer tuviera que ser productivo. Hay veces que las cosas que hacemos son por placer, diversión, risa o por vagancia y el fallo tiene que ver con lo que no termina produciendo, pero nos enseña algo por el camino.
P: Aseguras que el progreso de la tecnología acabó con nuestra capacidad de sorprendernos, ¿eso es recuperable?
R: Espero que sea recuperable. De vez en cuando hay destellas de esa sorpresa, por ejemplo, cuando conoces a un artista que no conocías y dices, me gusta, o cuando vas a un concierto y te lo pasas mejor de lo que pensabas. Creo que los humanos debemos reivindicar ese poder de la sorpresa porque lo contrario lleva a una especie de adormecimiento y a hacer que la vida sea muy aburrida y que todo sea una copia. Claro que es recuperable porque está en nuestra naturaleza la sorpresa, el asombro, que al mismo tiempo está enlazado con el disfrute y la fiesta.
P: Ahora vamos a los conciertos sabiendo lo que va a pasar, todo esto que están inventando: confesionarios, canciones exclusivas, invitados, ¿es una reacción para intentar mantener esa sorpresa ahora que ya lo hemos visto antes en redes sociales?
R: Totalmente y es una reacción para que volvamos a darnos cuenta de lo importantes que es vivir el presente de las cosas. Cuando vas a un concierto de Bad Bunny y te está dando la canción exclusiva y no sabes cuál es y estás esperando en el conteo, está alimentando ese asombro y esa sorpresa y a mí me gustaría que en algunos espectáculos se prohibiera la grabación para que no supieras lo que sucede y pudieras llegar más virgen. Cuando llevan a un invitado o Rosalía hace el confesionario es porque saben que hay que hacer algo para que el momento presente tenga más potencia.
Yo no sabía que eran músicas tan narrativas, lo llamaban el periódico cantado y la gente cantaba esto como los antiguos romances en España, para contarse los chismes del pueblo, de la casa, de la gente, lo que había pasado y lo que iba a pasar.
P: Haces una defensa del reguetón. Recoges el origen marginal de este género y su evolución, ¿qué has descubierto que te haya sorprendido?
R: Lo que más me ha sorprendido no tiene tanto que ver con el reguetón como con el origen del género. Me ha gustado mucho ver que, en las músicas tradicionales portorriqueñas, la plena, por ejemplo, eran músicas muy narrativas. Yo no sabía que eran músicas tan narrativas, lo llamaban el periódico cantado y la gente cantaba esto como los antiguos romances en España, para contarse los chismes del pueblo, de la casa, de la gente, lo que había pasado y lo que iba a pasar. Tiene todo el sentido que los puertorriqueños hubieran adoptado de una manera tan natural el hip hop y se hubiera mezclado con otros ritmos para terminar produciendo algo como el reguetón.
P: Es paradójico que hables de ese origen narrativo de un género que muchos entienden como frívolo.
R: Total, hay mucha gente que todavía tiene mucho prejuicio con el hip hop y no se da cuenta del mensaje puro y de la potencia poética de las barras de los raperos.
¿Qué sus letras son sexuales? Cierto, son sexuales, pero que en las letras haya alusiones al placer, a lo carnal o al sexo no quiere decir que sean machistas.
P: Pese a que Bad Bunny ha demostrado su apoyo a la comunidad queer o a la mujer en sí, en sus canciones, muchos siguen con la idea machista de Bad Bunny, ¿qué ocurre?
R: Esto es lo que sucede cuando tienes prejuicio y no te has parado ni a escucharlo ni te has parado a pensar en la historia de Puerto Rico. Es cierto que el reguetón en su origen es un espejo de su tiempo y es machista porque todo era machista en ese tiempo. Pero si uno piensa en las canciones de pop de los 80, la mayoría son tremendamente machistas. Hay algunas que no, pero hay muchas que son muy machistas y hemos coreado sin ningún problema porque la sociedad era machista. Pero creo que Bad Bunny representa un cambio, pero porque representa un cambio generacional y la gente que tiene 20 o 30 años ya no es machista. ¿Qué sus letras son sexuales? Cierto, son sexuales, pero que en las letras haya alusiones al placer, a lo carnal o al sexo no quiere decir que sean machistas. Y, es más, si uno se fija en las letras, sobre todo, a partir de determinado momento siempre es el cantante el que da placer a la mujer. Ya no es como en los viejos tiempos cuando era el reguetonero rodeado de churris, sino que siempre es él el que va buscando el placer de la mujer. Y en el libro cuento que esto es importante en una isla, en Puerto Rico, en el que las mujeres fueron utilizadas como cobayas científicas para desarrollar la píldora anticonceptiva. La ola del feminismo y toda la libertad que las mujeres le debemos al invento de esta píldora se lo debemos también a que a estas mujeres puertorriqueñas se las usó en estudios clínicos sin saberlo por las empresas estadounidenses. En un país donde se les ha hecho eso, que ahora se les reclame su placer sexual a mí me parece que tiene algo de revolucionario.
Lo interesante de Bad Bunny es cómo mezcla la fiesta con la reivindicación porque así el mensaje es más potente y más popular.
P: También recoges la situación de Puerto Rico y sus problemáticas, muy presentes en sus canciones. No es habitual que los artistas sean tan políticos, ¿crees que abrirá la veda en este sentido?
R: Espero que sí. Antes había unos compartimentos estanco muy firmes y si hacías canción política, hacías canción política. Y si hacías cierto tipo de reivindicaciones lo hacías desde una manera muy determinada de hacer música o canción protesta. Lo interesante de Bad Bunny es cómo mezcla la fiesta con la reivindicación porque así el mensaje es más potente y más popular. Lo que hace es dar su voz, que sabe que es muy conocida en el mundo, a todos sus compatriotas. Eso es un gesto de generosidad que es muy loable e interesante y creo que por eso molesta a mucha gente. Y espero que sirva en estos tiempos en los que medimos tanto lo que decimos, que otros artistas sean conscientes de que su voz es escuchada por mucha gente y puede ser utilizada para muchas cosas que pueden ser buenas.
Lo que me preocupa de la IA es cuando uno lee esos estudios de cómo afecta a nuestra atención, cómo afecta la intimidad, cómo afecta a determinadas capacidades que son humanas. No es que crea que vayan a avanzar mucho y sean súper inteligencias tremendas, es que me preocupa más que nosotros perdamos la poca inteligencia que nos queda antes de que ellas avancen mucho.
P: También hablas de su música como una respuesta a la despersonalización de una tierra. Y quizás eso es lo que está volviendo tendencia esta vuelta al folclore y las raíces en la música, ¿no crees?
R: Creo que los creadores, no solo los musicales, se han dado cuenta de un principio de la narrativa milenario y es que las historias muy locales y pequeñas a veces nos pueden representar a todos y que las músicas muy locales efectivamente tienen un alma que nos puede llegar a todos. Cuando en el concierto aparece José Eduardo Santana tocando el cuatro, un instrumento típico puertorriqueño, que utiliza para tocar canciones típicamente españolas, hay algo muy bonito porque enlaza esas dos tradiciones.
P: Das por sentado que, en un futuro, no sé si cercano o lejano, las máquinas van a acabar con la humanidad, ¿en serio lo visualizas?
R: En este libro partía de la idea de un ensayo distópico. El problema de los algoritmos y de la inteligencia artificial es que nosotros perdamos los rasgos de lo que nos hace humanos. Lo que me preocupa de la IA es cuando uno lee esos estudios de cómo afecta a nuestra atención, cómo afecta la intimidad, cómo afecta a determinadas capacidades que son humanas. No es que crea que vayan a avanzar mucho y sean súper inteligencias tremendas, es que me preocupa más que nosotros perdamos la poca inteligencia que nos queda antes de que ellas avancen mucho. Es otra de las razones por las que escribí este libro, porque me pongo ante ese escenario y a mí que no me da miedo casi nada, eso me da un poquito de miedo.
P: El libro es de Bad Bunny, pero hay otro músico que mencionas, Leonard Cohen. ¿Tus gustos son así de eclécticos?
R: Es que Leonard Cohen es uno de mis favoritos, en la cocina tengo una foto suya. Me falta la de Bad Bunny, pero tengo unas pegatinas en el cuaderno que utilicé para escribir el libro. Mis gustos son así de eclécticos y creo que es mejor porque así es todo mucho más divertido.
P: Después de tanto escuchar a Bad Bunny, ¿has logrado entenderle?
R: En el libro he puesto un pequeño glosario boricua para que todo el mundo pueda cantar de corrido, aunque sea el principio de NuevaYol. Eso hay que cantárselo de corridito. Me parece que es muy gracioso. Esto le pasaba a la gente cuando veía Narcos México y los mexicanos tienen un acento maravilloso y hablan precioso de bonito. Somos nosotros los españoles los que tenemos un acento durísimo, deberíamos abrir nuestros oídos a otros acentos de nuestra lengua que son muy bonitos.
P: Para acabar, un par de preguntas: ¿Para quién has escrito este libro?
R: Lo he escrito para los fans de Bad Bunny, pero también para los que no. Y también para esos amigos que me miraban raro y me preguntaban, ¿a ti por qué te gusta tanto Bad Bunny? En lugar de andar explicándolo uno a uno se lo doy por escrito.
P: ¿Qué esperas ahora de Bad Bunny?
R: Espero con mucha impaciencia que saque disco porque creo que este es el período más largo que ha estado sin sacar un nuevo trabajo. Él es muy hiper productivo y, además, porque se rumorea que, como siempre, va a ser un disco en el que va a dar otra vuelta de tuerca y va a hacer algo que sea nuevo y nos sorprenda. Eso espero y si hace diez shows más en Madrid habrá que ahorrar para ir a alguno de ellos.














