Quince años de '4': el disco con el que Beyoncé decidió arriesgar cuando ya no tenía nada que demostrar
En 2011 era una superestrella global; en lugar de repetir fórmulas, apostó por un álbum más personal, ambicioso y menos pendiente de las modas
Beyoncé, en un evento de moda en septiembre de 2011, año en que publicó '4'. / Victor VIRGILE
Una de las imágenes más reveladoras de la carrera de Beyoncé no pertenece a un escenario ni a una entrega de premios. Ocurrió en 2010, cuando desapareció durante varios meses de la vida pública. Después de más de una década de éxito prácticamente ininterrumpido, la cantante decidió detener la maquinaria. Viajó, descansó, escuchó música y trató de averiguar qué quería hacer después. No era una decisión habitual en una industria que premia la exposición constante; tampoco parecía la actitud de alguien que acababa de convertirse en una de las mayores estrellas del planeta. Aquel paréntesis terminaría desembocando en 4, publicado el 24 de junio de 2011.
El álbum apareció en un momento particularmente interesante de su trayectoria. Beyoncé tenía 29 años y ya había conseguido casi todo lo que una artista pop podía aspirar a lograr. Había triunfado con Destiny’s Child, había construido una carrera en solitario extraordinaria y había firmado discos como Dangerously in love, B'Day o I am... Sasha Fierce, que la habían situado en la élite absoluta de la música internacional.
Además, venía de una etapa comercial espectacular. “Crazy in love”, “Irreplaceable”, “Single ladies (Put a ring on it)” o “Halo” la habían convertido en una figura omnipresente. Su influencia se extendía mucho más allá de la música; marcaba tendencias, dominaba la conversación cultural y aparecía regularmente en las listas de las personas más influyentes del mundo. Precisamente por eso, muchos esperaban que el siguiente paso consistiera en repetir una fórmula ganadora.
Ocurrió lo contrario. 4 fue un disco sorprendentemente poco interesado en seguir las corrientes dominantes del momento. En 2011, buena parte del pop internacional estaba obsesionado con los sonidos electrónicos que triunfaban en las pistas de baile. Lady Gaga, Rihanna, Katy Perry o Black Eyed Peas dominaban las listas con producciones orientadas claramente al club y a la inmediatez.
Beyoncé decidió mirar en otra dirección. El álbum recuperaba elementos del soul, el R&B clásico, el funk y el pop de grandes melodías. Había referencias a artistas como Prince, Stevie Wonder, Michael Jackson o Anita Baker; también una evidente voluntad de construir canciones que respiraran más y dependieran menos de los trucos de producción que estaban de moda entonces.
Aquella decisión tenía algo de desafío. Porque no hablamos de una artista emergente buscando identidad, sino de una superestrella que renunciaba voluntariamente a seguir el camino más sencillo. Beyoncé ya había demostrado que podía dominar el mercado; 4 parecía impulsado por otra necesidad, la de explorar territorios musicales que le interesaban personalmente.
Beyoncé - Run the World (Girls) (Official Video)
El primer adelanto, “Run the world (Girls)”, fue recibido con enorme atención mediática. Su mensaje de empoderamiento femenino encajaba perfectamente con la imagen pública de la cantante, aunque la canción dividió más a la crítica y al público de lo que había ocurrido con algunos de sus éxitos anteriores.
Sin embargo, el verdadero corazón del álbum apareció en otros temas. “Best thing I never had” recuperaba la tradición de las grandes baladas de despecho con una elegancia notable. “Love on top” se convertía en una celebración del soul clásico construida alrededor de una interpretación vocal espectacular. Y “Countdown” demostraba una vez más la capacidad de Beyoncé para combinar referencias retro con una sensibilidad completamente contemporánea. En conjunto, el disco transmitía una sensación de libertad creativa poco habitual en una artista de su tamaño.
También reflejaba un momento de transición personal. Durante aquellos años, Beyoncé empezaba a alejarse de ciertas dinámicas tradicionales de la industria para asumir un control cada vez mayor sobre sus proyectos. Ese proceso culminaría más adelante con álbumes tan importantes como Beyoncé o Lemonade, pero algunas de las semillas ya estaban claramente presentes en 4.
La voz ocupaba un lugar central. Más allá de los arreglos y las influencias musicales, el álbum permitía apreciar una de las cualidades menos discutidas de su carrera: su extraordinaria capacidad como intérprete. Mientras muchos artistas contemporáneos dependían cada vez más de la producción digital, Beyoncé parecía decidida a reivindicar la fuerza expresiva de la interpretación vocal.
La repercusión comercial confirmó que aquella apuesta no había sido un error. 4 debutó directamente en el número uno de Estados Unidos y se convirtió en el cuarto álbum consecutivo de estudio de Beyoncé en alcanzar esa posición. También lideró las listas en varios países y vendió millones de copias en todo el mundo. Aunque algunos de sus sencillos no alcanzaron el impacto inmediato de los grandes éxitos de la etapa anterior, el conjunto del proyecto obtuvo un rendimiento comercial notable.
Con el paso de los meses ocurrió además algo interesante: muchas de las canciones fueron creciendo dentro de su repertorio hasta convertirse en piezas fundamentales de sus conciertos. “Love on top”, por ejemplo, terminó adquiriendo una relevancia cultural mucho mayor de la que sugerían inicialmente sus cifras comerciales. Lo mismo sucedió con otros temas que encontraron una segunda vida sobre los escenarios.
Quizá esa evolución explica bastante bien el lugar que ocupa 4 dentro de su discografía. No fue el álbum más rompedor de Beyoncé ni el más revolucionario desde el punto de vista conceptual. Tampoco el que generó los mayores titulares. Su importancia reside en otro aspecto: representó el momento en que una artista ya consolidada decidió escuchar más sus instintos que las tendencias del mercado.
Mientras buena parte del pop perseguía la canción perfecta para las listas de reproducción y las pistas de baile, Beyoncé se permitió construir un disco lleno de referencias personales, homenajes musicales y riesgos creativos. La jugada resultó especialmente significativa porque anticipaba una etapa en la que su carrera dejaría de medirse únicamente por el éxito comercial y empezaría a definirse también por la ambición artística. 4 fue, en ese sentido, una declaración silenciosa. Menos estridente que otros capítulos de su trayectoria, pero fundamental para entender cómo una estrella mundial terminó convirtiéndose en una autora con voz propia dentro del pop del siglo XXI.
