Pablo Und Destruktion, músico y psicólogo social, sobre la sacralización en la música: “Rosalía vuelve al fenómeno religioso ya no solo desde la brujería como había hecho Lady Gaga”
En ‘Música de carne’ habla de la dimensión espiritual y tecnológica de la canción tras repasar su historia a lo largo de los siglos

Lady Gaga
Hubo un tiempo en el que los trovadores recorrían el camino e iban transmitiendo las canciones que a su vez les habían transmitido a ellos. Ahora, son pocos los que siguen recorriendo esos caminos, aunque alguno queda como Pablo Und Destruktion. Vive en una aldea asturiana de 53 habitantes y da conciertos reducidos. En su día estuvo nominado junto a Rosalía y C. Tangana, pero ahora vive la música de otra manera con siete discos a sus espaldas.
Además de cursar Comunicación Audiovisual y el doctorado Persona y Sociedad en el Mundo Contemporáneo, dentro del ámbito de la psicología social, se ha interesado por el estudio de la conciencia, la imaginación y la fantasía desde el punto de vista más filosófico para entender la cultura popular de hoy en día.
El resultado de esas investigaciones las ha volcado en Música de carne. Pop, seducción y sacrificio, un ensayo en el que recorre la historia de la canción desde su concepción como ancestral vía de éxtasis hasta su uso actual como herramienta de influencia y neuromodulación.
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Es complicado seguir todas sus disertaciones sin una base previa, pero hemos intentado desarrollar algunas de sus ideas en una charla vía zoom.
Pregunta: ¿Para quién has escrito este libro? ¿Con qué objetivo?
Respuesta: En realidad, debo que reconocer que para mí. Era el punto de partida de aclararme determinados conceptos que llevaba años estudiando, que son muy complicados algunos, pero que noto que están a la orden del día y es más, los veo en la cultura popular, tanto en la música pop como en el cine. También en las redes sociales porque todos esos elementos han invadido nuestra realidad. Como decía Andy Warhol, todo el mundo iba a tener su minuto de fama y ahora lo tenemos con los reels y toda esta cultura del audiovisual permanente que quise estudiar y aclarar. Ese era el objetivo, y por el medio, tratar de hacer una guía de estudio para las personas que también tengan esas inquietudes y revelar mi itinerario y mi bibliografía.
P: ¿Tu intención era dejar al lector con una sensación de desesperanza y conspiración permanente y apocalíptica?
R: Esa sensación es la que tenemos cada vez que vemos un telediario o en las series que vemos en Netflix y demás que hay una cultura del apocalipsis, incluso en Lady Gaga o Marina Abramovic. Yo quería entender un poco de dónde venía. Al final del libro -me hago auto spoiler-, tiendo más al asunto de recuperar el silencio, reconquistar la quietud mental y la escucha atenta. Tanto el silencio como la atención, que son similares, y entender el apocalipsis también en su significado de revelación. Te revela que estamos permanentemente estimulados, que muchas de estas piezas artísticas son parecidas a lo que antiguamente consideraban fantasmas que te desorientan en la realidad, te pueden entretener. Una vez que atraviesas ese apocalipsis tienes la capacidad de estar atento y concentrado y puede surgir una imaginación activa, que, siendo más dueño de tu voluntad, genere imágenes. Utilizar también la música como herramienta de auto conocimiento y compartir la música con consciencia de que lo que estás compartiendo es importante. El objetivo sería desacralizar. Ser conscientes de que nuestra palabra es importante y nuestra escucha es importante.
P: Claro, has pronunciado una palabra clave que es la de ‘atención’, que en la era del scroll infinito, la atención no se detiene en nada en concreto y se convertido en el bien más preciado. ¿Esto es reversible?
R: La atención es el valor primordial ahora mismo. Determinadas personas tienen mucha capacidad de atención, músicos, por ejemplo. Estamos viendo una vuelta al virtuosismo, mira Ca7riel que es un virtuoso de la guitarra y eso ha requerido muchos años de atención y concentración. Mi generación sí que era más de, con tres acordes echa a correr y haz una canción, ahora, se está estudiando y profundizando más y esa pelea por el scroll infinito es una pelea por la seducción. No se seduce mejor dando la chapa a la persona que nos gusta, sino que manteniéndose sereno se genera esa atracción y se consigue vencer esa pelea del scroll infinito que tú comentas, porque llega un momento que aburre y quizás estás mejor mirando al techo o estudiando música o leyendo con atención. Es cíclico.
Lo que empieza el punk lo acaba el trap, se acaba de completar el nihilismo. El punk se atreve con las políticas y determinadas identidades y el trap se atreve, incluso, con el dinero.
P: Te doy la razón en lo de Ca7riel, que le vi en directo hace poco y me llamó mucho la atención su manera de tocar.
R: Rosalía, los conocimientos que tiene de música, pero también de filosofía y simbolismo, siempre al final, las estrellas pop son referentes que hacen que el pueblo los siga. Son símbolos vivientes. Igual que, también comento en el libro, en los años 60/70s hubo muchos referentes en el pop que hacían alarde de un consumo masivo de drogas muy dañinas como la heroína y tuvo influencia en sus oyentes, con todo lo que pasó en los 80s en Occidente. Estas personas también generan esas referencias y estamos saliendo ya de esta revelación, de este apocalipsis un poco parcial. Lo que empieza el punk lo acaba el trap, se acaba de completar el nihilismo. El punk se atreve con las políticas y determinadas identidades y el trap se atreve, incluso, con el dinero. Hacer ese alarde de la riqueza con la sexualidad, de una forma de consumo que tampoco se había hecho de manera tan evidente, ahí entramos en otra fase. Rosalía con lo de LUX, -no solo ella sino muchos otros artistas-, vuelve al fenómeno religioso, ya no solo desde la brujería como había hecho Lady Gaga abiertamente, y tantos otros como el propio Bad Bunny, sino desde la tradición filosófica cristiana. Con mucha heterodoxia, pero lo pone sobre la mesa. Estamos entrando en un ciclo de mayor rigor, mayor disciplina y mayor autoridad.
P: O sea, que cambiamos de ciclo.
R: Cuando en España estábamos en el franquismo, llega la movida madrileña. Del rigor y la disciplina vamos a la flexibilidad, la experimentación y la libertad. Cuando esa libertad se consuma y degenera, porque todo tiene una cara negativa y otra positiva, se pasa a otro ciclo. Cuando hay esta competencia tan terrible por la atención, la única forma de aprovechar esa herramienta tan potente que es internet, es ser disciplinado. Si estás ‘culo veo, culo quiero’ ante cualquier cosa que te aparezca en internet, echas el día en el scroll. Pero si eres disciplinado, puedes aprender latín, piano, historia, bioquímica y eso se convierte en un valor. Estamos en ese ciclo. Las canciones muchas veces son sublimes, te muestran problemas morales que si tienes una visión polarizada los vas a juzgar y no vas a entrar dentro de ellos, vas a tener un prejuicio. La canción accede a eso sublime y te lo muestra tal cual es y eso genera atracción porque muchas personas no se atreven adentrarse en eso. El artista muchas veces tiene la responsabilidad en eso que la moral prohíbe y mostrarlo de una forma que, los que no tienen la capacidad de adentrarse, puedan verlo y puedan compartirlo. Ahí hay mucho poder, por eso se les da tanto dinero y un poder social tan importante a los artistas.
No es tan distinto el sacrificio ritual que hemos visto en películas apocalípticas de arrancar el corazón, que entregar nuestro corazón a través de los likes. El corazón es importante y hacia dónde orientamos nuestros sentimientos y qué dejamos que nos emocione es importante.
P: Y, en este cambio de ciclo, ¿Quiénes dirías que son, por llamarles de alguna manera, los evangilizadores del momento?
R: En Occidente, los primerísimos artistas lo tienen. Kany West ha sido muy importante. Rosalía está siendo muy importante. Recientemente, el fallecido o desaparecido, Oliver Tree, también hacía referencias a esta parte oscura de lo religioso y lo mágico. Lo de los últimos vídeos de Oliver Tree y toda esa conspiración, casi todo el mundo ya sabe por dónde va. Lo que estamos viendo es que hay una crisis de los valores occidentales, políticamente cada vez tiene más peso China o un país como Irán que es una teocracia que es capaz de parar a un país que es muy religioso en la práctica, pero desde lo individual, como es Estados Unidos, desde donde viene toda esta cultura pop que ahora está mutando. Hemos creído en nuestra generación que la canción era mero entretenimiento y cada vez nos queda más claro que no, al menos, es poder político, poder psicológico porque utilizamos las playlist casi como una tecnología psicológica o espiritual a nuestro servicio. Vamos a ver por dónde nos sorprende. Cada vez vemos cosas más escabrosas, que nos llevamos las manos a la cabeza, cosas que creíamos que eran completamente paranoicas y luego vemos que son reales. Eso tiene que ver con esa vuelta a la seguridad y fenómenos de masas como Hakuna o lo que ha supuesto la visita del Papa que nos hace ver a todos que, cuidado con los símbolos y lo que nos hace conmovernos y emocionarnos y a quién le entregamos nuestro corazón. Es una metáfora que tengo en el libro, no es tan distinto el sacrificio ritual que hemos visto en películas apocalípticas de arrancar el corazón, que entregar nuestro corazón a través de los likes. El corazón es importante y hacia dónde orientamos nuestros sentimientos y qué dejamos que nos emocione es importante.
p: Comienzas el ensayo dando las gracias al lector por preferir el libro antes que un vídeo absurdo hecho con Inteligencia Artificial. Ya dejando claro tu postura desde el principio, ¿no?
R: Doy las gracias por buscar, que es algo básico en las canciones. El que hace una canción es porque busca algo. La composición de canciones es una búsqueda y el haber llegado a un libro como el día implica una búsqueda, una libertad y una elección de decir, prefiero esto a lo otro, y me voy a meter aquí, aunque sea algo críptico el título y parezca farragoso. Hay una llamada interior que te lleva hacia ahí. Estás activo y tomando las riendas de tu propio deseo, que es algo que se construye y ahí está la libertad. como bien decía Spiderman, todo poder conlleva una gran responsabilidad y la construcción de nuestro deseo es de los mayores poderes.
P: No sé si tu libro será un éxito de ventas.
R: Esa necesidad de mainstream no la tengo y me ha costado como a todos en esta generación, el no querer llegar a todo el mundo. No entender el éxito como una cuestión cuantitativa, sino cualitativo. Si llego a unos pocos y, aunque solo sea desde la duda, porque tampoco quiero que me adoren, ni tener una fama como esta especie da mor perverso en el que desconocidos te aman más que tu madre, sino llegar y plantear una duda y quien llegue a este libro, se afiance en este proceso de búsqueda y de soberanía y de construcción del propio deseo para poder controlar tu miedo que es sobre lo que se construye el poder, sobre deseos y miedos.
P: No te gusta mucho el fenómeno fan.
R: Estoy vacunado contra el fenómeno fan porque creo que hay un hackeo del amor y que la música popular, que hasta hace poco existía de verdad en los pueblos, donde se cantaban unas nanas que tenían cientos o miles de años, unas canciones heredadas de lucha, de acompañamiento a la muerte, para que llueva, para que salga el sol, no tenían este fenómeno fan, pero sí había un amor muy generoso en este tipo de canciones. El culto a la personalidad lleva a una externalización de lo divino en otras personas y no me gusta divinizar a otra gente.
A la casita de Bad Bunny no va cualquiera. ¿Qué comunidad creas? Una comunidad que separa la élite del pueblo y que se pone a sí misma como popular cuando la realidad es que no solo los precios son importantes en una sociedad en la que hay desigualdades, sino que hay cierta parte a la que no llegas pagando una entrada, pero sí perteneciendo a una élite económica y de la atención.
P: Más allá de la divinización, estos artistas de masas crean comunidad en una sociedad cada vez más individualizada. Lo hemos visto en Bad Bunny y esa capacidad de movilizar y unir a gente muy diversa y de reivindicar a través de la fiesta, que no sé si tú lo de la diversión lo contemplas como algo esperado en la música.
R: Puede haber, pero diversión para qué y qué hay detrás, porque la diversión es un reclamo. Tras ese reclamo hay una serie de valores éticos, estéticos, morales, una forma de tener la realidad que es muy importante y está dentro de todo el proceso de Bad Bunny. A la casita de Bad Bunny no va cualquiera. ¿Qué comunidad creas? Una comunidad que separa la élite del pueblo y que se pone a sí misma como popular cuando la realidad es que no solo los precios son importantes en una sociedad en la que hay desigualdades, sino que hay cierta parte a la que no llegas pagando una entrada, pero sí perteneciendo a una élite económica y de la atención. La diversión permite también meter esos otros conceptos que, si no fueran divertidos, no entraríamos. Nuestra sociedad es muy chantajista y, a la vez, es muy gregaria. Hay un individualismo bueno de maquillaje, estético, una preocupación por el qué dirán que es lo menos individualista que hay y está muy presente. Se ofrece una fantasía de comunidad que es la que te dan estos espectáculos de masas, pero luego la sociedad está rota. Creamos fantasías de comunidad en redes sociales que, periódicamente, tienen un rito en el que se encarna esa comunidad que es el concierto. Hay tanto poder ahora en los conciertos porque sirve para encarnar esa comunidad virtual que hay en la red. El rock%roll años 80/90s se hacía en los bares, salas de ensayo, era una comunidad física que luego se veía en revistas, videoclips y en el concierto. Ahora esas comunidades físicas no se dan, es la comunidad virtual la que se encarga. Todo tiene sus luces y sus sombras, no se trata de decir que lo de antes es mejor o peor.
P: Aseguras que el oficio de músico es el segundo más antiguo de la historia y tú repasas esa historia. Tú eres músico, ¿con qué momento de esa historia te hubiera gustado coexistir?
R: Le dedico mucho tiempo al nacimiento de los trovadores, del siglo XII, sur de Francia, aunque en otros sitios y épocas está, pero ahí se acaba de consumar. En la relación que tienen con el amor, lo erótico, la mujer amada que es esta dama sin merced con la que uno no puede acabar de consumar para que toda esa energía se vaya acrecentando. Me parece que es un equilibrio entre la parte de la música sacra clásica, tanto la religiosa como la filosófica, y la canción más popular y de entretenimiento que trata de recoger esa dimensión sagrada y compartirla por los pueblos, carromato mediante y de villa en villa que es lo yo trato de hacer y es lo que pervive en el underground.
P: Hablaba del concierto de Bad Bunny y luego veía tu gira por pequeños pueblos de Asturias, dos polos opuestos.
R: Sí, estoy en el otro polo de la industria musical.
P: Pero, si pudieras elegir, ¿cambiarías de polo?
R: No. De hecho, salgo en la biografía de Rosalía porque me nominaron a mejor disco con Rosalía y C. Tangana, cuando sacaron el primero, y hace diez años me fue bien en ese sentido, pero no puedo. Cada cual tiene sus habilidades y no me gustan las aglomeraciones, no soporto el fenómeno fan y yo, como público, voy a otros conciertos pequeños en los que se da otro tipo de atención y sensibilidad. Yo estoy muy contento, voy a tocar el día del eclipse en un observatorio de un pequeño pueblo para un grupo pequeñito de personas en el que hay silencio, que para mí es una parte fundamental de la música y que no existe en estos macro conciertos. Hay de todo y cada cuál que lo explore como buenamente pueda. Para subir a la cima de una montaña hay que estar muy fuerte, todo mi respeto a la gente que llega a las cimas de las montañas, pero a lo mejor a mí me gusta más la pradera del pueblo de 53 habitantes en el que vivo. Cada cual tiene su sensibilidad y su temperamento. La música es capaz de construir realidades de todo tipo, algunas más divinas y de culto a la personalidad como el caso de Bad Bunny donde toda la energía se deposita en el artista convertido en el Dios que representa lo que al público le falta. A mí Little Richard me tiró una Biblia, uno de los fundadores del rock&roll cuando vino a Gijón con ochenta y pico años. La canción Tutti Frutti habla de una orgía gay en los años 50, un negro, en Estados Unidos. Pasa esos años de excesos y luego tiene esta caída del caballo, como San Pablo y abraza el cristianismo más evangélico. Eso está siempre presente.
P: Por centrar el tema, la música era sacra, el pop la desacralizó y ahora, volvemos a esa sacralización, pero, ¿desde el punto de vista religioso o solo simbólico?
R: Creo que desacraliza una música que primero era católica, luego cristiana, hasta Elvis Presley, Little Richard, Johnny Cash, Dolly Parton, todos hacían música cristiana que venía del góspel. De ahí viene la música pop. Eso se acaba de desacralizar en los años 60/70s cuando los Beatles dicen que son más famosos que Jesucristo y pones a Alister Crowley en la portada de Sargent Peppers, que es un mago de nuestra era que hace un sistema que se llama Magik, que es como se llama Rosalía en Euphoria después de hacer LUX. Eso está ahí presente, negro sobre blanco. Se desacraliza un sistema religioso real y hasta cierto punto natural y plural, para crear otro sistema religioso. La cuestión no es si sacro o no sacro, sino sacro al servicio de qué, de qué dioses, de qué forma de entender la realidad. Se desacraliza en Occidente el cristianismo para crear un nuevo sistema de sacralización del dinero y ahora la apropiación cultural va más allá de apropiarse de la cultura asturiana, por ejemplo, para crear un engendro comercial, sino que se apropia, incluso de la cultura religiosa y la pone al servicio del dinero. Es una divinización del dinero y del cuerpo humano. Creo que es importante en estos procesos de transformación social, dentro de los que está el transhumanismo muy presente, la robótica, IA y demás. Nos vamos a volver a plantear cuestiones que se consideraban superadas porque dentro del materialismo habíamos puesto la religión a la altura de la superstición y no lo está. Estamos viendo que se hace religión de lo más contrario a Dios que puede haber según el cristianismo, que es el dinero, y ahí surgen alternativas, propuestas y dudas y ahora estamos en esa fase y veremos quién va ganando y qué alternativas se ponen sobre la mesa.
P: Has mencionado en varias ocasiones a Rosalía y tú en el disco aseguras que su disco es flojillo. Haciendo amigos.
R: No lo he podido acabar, me parece como un menú del día asturiano que tiene tres platos y postre, que tiene de toda, venga orquesta y venga despliegue de técnica y para mí lo divino también está en lo frágil, en lo imperfecto, que es lo que también está en el cristianismo, lo divino puede estar en un niño cagado, no en Bad Bunny llenando un estadio, ni una orquesta grandísima, con todo tipo de despliegues, de gente que sabe mucho, que tiene mucho dinero, que tiene muchos contactos. El canturreo de una charcutera a mí me puede conmover más.
P: Desde tu punto de vista de psicólogo social y hablando de música, ¿cómo valoras esta tendencia de volver a las raíces y los sonidos locales?
R: Es este proceso de búsqueda. Se ha agotado un discurso y estamos todos, quien más quien menos, los artistas también, cada cual con sus capacidades, tratando de agarrarnos a algo que nos dé sentido a una vida que ha perdido su sentido porque todo se ha malvendido. ¿Cuál es el peligro de volver a la raíz desde estas posiciones? Vender la raíz también. Si se vuelve a la raíz con el respeto, la generosidad y sabiendo que tú eres una hojita de esa raíz, genial. Eso puede que vuelva a brotar y quede el árbol más fuerte. Pero si vas a la raíz para venderla también, arrancas la raíz y te quedas sin nada, en el desierto. Así lo veo y creo que las dos cosas están ocurriendo. Aunque yo a veces suelte tantas sentencias, trato de mantener esa prudencia de que las cosas pueden ser muy buenas y muy malas simultáneamente. Probablemente la vuelta a la raíz es de todo.
P: También dices que hemos creado una cultura de masas infantiloide. Cuando lo leía me acordaba de una conversación con un astrofísico que me decía que La isla de las tentaciones es el resultado de una juventud cada vez más infantil e inmadura, ¿cuánta culpa de eso tiene el algoritmo?
R: Mucha, pero no toda. El algoritmo, al final, es el representante del mercado en el plano virtual y en el plano administrativo, el representante del mercado es la democracia de partidos, que especialmente en nuestro país nos trata sistemáticamente como analfabetos funcionales, está todo hiper sentimentalizado en el peor sentido de lo sentimental, es lo sentimentaloide. El algoritmo puede ser responsable, pero el sistema educativo y la democracia de partidos, tiene mucho que ver.
P: Aunque podríamos hablar horas sobre tu investigación, vamos a ir acabando y me gustaría hacerlo con una predicción bajo la mirada de la psicología social sobre hacia dónde va la música. ¿Qué podemos esperar?
R: Hacia muchas partes y, sobre todo, hacia que cada cual le dé la importancia interna que tiene la música para sí mismo. Las IA son capaces de todo y serán capaces de más en unos años, pero, en cualquier caso, el proceso que implica el componer una canción para uno mismo, dentro de uno, no lo puedes externalizar. La música puede que vaya más hacia una música con función terapéutica o casi alquímica, volviendo a este empaque mágico que está tan presente en la cultura actual y que también está presente en mi libro, que hacia otro lugar. Una canción que lo pete y cumpla con todos los requisitos para tener éxito va a ser apretar un botón y lo tenemos, y, de hecho, lo tenemos ya porque está lleno Spotify de canciones hechas por IA que tiene muy buenos resultados. Esa carrera va a llegar un momento en el que va a ser absurdo. Es como si en las Olimpiadas pueden correr robots que sabes que llegan antes que tú, ¿qué sentido tiene? Lo que no va a quitar para que el corredor siga disfrutando de correr por sí mismo, por lo que implica para su organismo, para su cuerpo, para su mente, para su capacidad de atención y yo creo que la música va por ahí. Cada uno de nosotros tenga ese contacto con la música como había en la cultura más tradicional, donde toda madre cantaba nanas, aunque no afinara. La nana es un éxito si el niño se duerme, no si tiene muchas reproducciones. Por eso creo que soy más optimista de lo que tú creías al principio de la charla, que no pasa nada que en el apocalipsis haya revelaciones, vemos en este caso lo absurdo de determinadas competiciones y volvemos a disfrutar del participar. Creo que la música va a, lo importante es participar del hecho musical, del hecho de hacer una canción, de recibirla, de compartirla y ya está. Un poco una lluvia de estrellas, dentro de ti hay una estrella y si lo deseas brillará. Ver más lo que tienes tú de artista que externalizarlo todo en esos seres a los que adoramos y que cada vez tienen más poder. Pero llegará un momento en el que lo tengan todo y cuando lo tengan todo serán sustituidos por una IA y ya no tendrán nada. Espero que vayamos hacia ahí y a dar importancia a la palabra y al sonido que emitimos y que recibimos porque con él vamos a construir la realidad. Tenemos que exponernos a que todas estas películas, canciones y grandes espectáculos de luces y sonidos puedan estar automatizados y ver qué es lo que es realmente humano y qué es realmente arte de lo que creíamos que era arte. Ahora lo vamos a saber, estamos en ello.













