Cómo podemos hablar de lo que está pasando con Ariana Grande sin perjudicarla
La pausa indefinida anunciada por la cantante ha reabierto un debate sobre la salud mental
La cantante Ariana Grande durante la apertura del programa 'The Tonight Show con Jimmy Fallon' el 1 de mayo de 2018. / NBC
Existe la curiosa tendencia de hablar sobre dismorfia corporal como si fueran problemas que siempre les ocurren a otras personas. Ya sea a las celebridades, a esa chica del instituto con la que perdimos el contacto hace años o las mujeres que viven bajo una presión extraordinaria y cuya vida parece desarrollarse en un universo completamente distinto al nuestro. Nos gusta pensar que observamos esas historias desde una distancia segura.
Sin embargo, la realidad suele ser bastante menos cómoda. La mayoría convivimos con algún tipo de conversación constante sobre nuestro propio cuerpo. De hecho, para cuando somos capaces de reconocerla en voz alta, llevamos años negociando con ella. Aprendemos a convivir con esa voz hasta el punto de que termina pareciéndonos normal.
Quizá por eso el debate alrededor de Ariana Grande ha adquirido semejante dimensión en internet. Porque parece una conversación sobre una estrella del pop cuando, en realidad, también habla de nosotros mismos.
Durante años, las artistas han intentado explicarnos algo parecido. Billie Eilish pasó gran parte del comienzo de su carrera ocultando deliberadamente su cuerpo porque entendió antes que nadie que acabaría convirtiéndose en tema de conversación. Taylor Swift relató en el documental Miss Americana cómo llegó a interiorizar determinados estándares físicos hasta el punto de condicionar su alimentación. Demi Lovato ha contado repetidamente que incluso los comentarios aparentemente positivos sobre su aspecto podían alimentar dinámicas poco saludables. Y Lorde acaba de dedicar buena parte de Virgin a explorar la experiencia de habitar un cuerpo que cambia y que, además, es observado constantemente por los demás.
La conversación sobre Ariana Grande ha vuelto a intensificarse después de que la cantante anunciara que, cuando finalice su actual gira, se tomará un descanso de la vida pública. La noticia llegó tras meses de comentarios sobre su aspecto físico y apenas unos días después del lanzamiento de Petal, un videoclip que volvió a situar su imagen en el centro de las conversaciones en redes sociales.
Lo interesante es que la discusión suele plantearse de una forma sorprendentemente simple. Hay quienes consideran que cualquier comentario sobre el cuerpo de una mujer resulta inapropiado. Otros defienden que expresar preocupación ante determinados cambios físicos es una reacción legítima.
La psicología lleva décadas estudiando un fenómeno conocido como comparación social, una teoría desarrollada por Leon Festinger que sostiene que tendemos a evaluarnos observando a otras personas. En internet, ese mecanismo funciona a una velocidad imposible de controlar. Vemos una imagen y empezamos a completar los espacios vacíos. Interpretamos. Comparamos. Proyectamos experiencias propias. Construimos relatos.
Cuando observamos a alguien como Ariana Grande no lo hacemos desde una posición neutral. Lo hacemos desde nuestras inseguridades, nuestras experiencias y las historias que hemos aprendido sobre la belleza, el éxito, la salud o el fracaso.
Esperamos que nuestros ídolos hablen demasiado pronto
Existe además una diferencia fundamental entre Ariana Grande y muchas de las artistas que han hablado abiertamente sobre estos temas. Ellas eligieron cuándo hacerlo.
Taylor Swift decidió contar su experiencia cuando estuvo preparada para hacerlo. Demi Lovato hizo lo mismo. Lorde ha transformado sus reflexiones en canciones. Son relatos construidos desde la propia voz de quien los ha vivido.
En el caso de Ariana Grande, sin embargo, gran parte de la conversación se está produciendo sin que ella participe activamente en ella.
La cultura pop está llena de ejemplos que invitan a la prudencia. Britney Spears pasó años convertida en objeto de análisis permanente antes de que el público comprendiera realmente la situación que atravesaba. Amy Winehouse fue diseccionada prácticamente en tiempo real mientras intentaba lidiar con problemas personales enormemente complejos.
¿Puedes nuestros ídolos equivocarse?
Detrás de muchos de los comentarios que aparecen cada día sobre Ariana Grande suele esconderse la huella de una conversación que mantenemos con nuestro propio cuerpo desde hace años.
Durante mucho tiempo hemos actuado como si hablar del cuerpo de una celebridad consistiera únicamente en describir lo que vemos. Pero rara vez hablamos solo de lo que vemos. También hablamos de lo que deseamos.
Internet ha amplificado esa dinámica hasta convertirla en una especie de deporte colectivo. El caso Ariana Grande resulta tan fascinante y tan incómodo al mismo tiempo porque obliga a convivir con dos ideas aparentemente contradictorias. La primera es que las imágenes tienen consecuencias y que es normal reaccionar ante ellas. La segunda es que "opinión no pedida, opinión no querida".
No sé si ayudar a alguien consiste en guardar silencio, pero sí creo que merece la pena ser conscientes de que, cuando hablamos del cuerpo de otra persona, rara vez estamos hablando solo de ella.
